Que vuelva el Sound

por noesnalaferia



Sobre noesnalaferia

Pensar hace 15 años que el cantante chileno mejor perfilado del 2010 sería Américo, en aquel momento líder del grupo “Alegría”, absolutamente repudiado por las esferas “decentes”, “instruidas” y “bien educadas” de la sociedad, era una locura.

Américo usaba pantalones de cuero, botas negras con plataforma (estilo transformistas), polera con hoyitos y pelo “corte pelela”, o en su defecto chasquilla elevada con gel tipo Charlie Saa. Esa indumentaria y propuesta visual era ad oc a los cumas de la época.

Hoy Américo suena en la discoteque Las Urracas, centro bohemio ABC1 y de turistas extranjeros que no tienen idea que el ritmo que pretende igualar a Marc Anthony surgió de las bases de “Me gustan las mujeres y la cervecita”.

(VER AQUE MAJESTUOSO VIDEO EN ESTE LINK:  Mujeres y Cervecitas, obra cumbre del Sound)

Américo cuando se hizo famoso en 2009 con su hit “El embrujo” lo hacía como “Américo y la nueva alegría”, es decir, aún tocaba con su ex banda noventera. Hoy ya los abandonó y nunca los menciona en sus entrevistas.

Los rivales de Américo de su época Sound eran: Grupo Hechizo, American Sound, La gran magia tropical, Voltaje y los argentinos de Red y Green. Todas estas bandas en su vida hubiesen apostado que en pleno 2010 serían las estrellas de una disco ondera como la Blondie, que comúnmente recibe a gente en vías de ilustración.

Este fenómeno de aceptación de lo chabacano fue iniciado por el grupo La Noche, quienes fueron los primeros en invadir carretes universitarios con sus instrumentos aún tropicales.

Hoy La Noche, Leo Rey y Américo son bacilados y coreados en cualquier círculo social.

La diferencia es que el Sound no pretendía ser un producto estrella. El sound era auténtico, genuino en la aplicación de tan básicos recursos visuales. Cuánta plata le debe el “movimiento” cumbiero actual al sound, que vio morir tan pobres a sus precursores.

Qué Américo siga su ruta de mega estrella. Qué La Noche y Leo Rey se sigan expandiendo al extranjero y ojalá lleguen a México. Y que el Sound retorne, lleno de inocencia, a regalar esea extraño uso de instrumentos tecnólogicos, que ocupaban exageradamente para dejar testimonio de la modernidad que experimentaba el país.

Es la hora del sound, a morir.




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