Homenaje al shampoo de los pobres

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Las radios son una fuente inagotable de publicidad popular de baja calaña. Una baja calaña que se nota en producción de jingles mediocres y mensajes pobres. Sin embargo, es una pobreza que con el paso de los años se instala en la emocionalidad de la gente, que pasa a considerar estas marcas como patrimonio de su entorno simbólico.

Es así como desde Radio Pudahuel, pasando por Romántica, Corazón y FMDos (la radio de los dos) escuchamos cada media hora un spot con la música inconfundible de algunas de estas marcas históricas, que tal como a las personas, el sistema de shampoo las ha ordenado jerárquicamente, como clases sociales.

Obviamente, para este estudio no consideraremos las extraterrestres Sedal, Pantene y Tres emé, que por sobrepasar largamente los dos mil pesos en cualquiera de sus versiones, carecen de la riqueza espiritual que nos convoca.

Empezaremos por el más “cuico” de la familia: Ballerina, tan pulento que hasta tiene comerciales en la tele, con una producción que roza lo temporada primavera-verano del retail.

Todos, pero todos los chilenos nos hemos lavado alguna vez el pelo con un sobre chico de Ballerina, ya sea herbal, de guagua, o manzanilla (para que se nos ponga el pelo rubio: glorioso mito popular). Casi siempre estos sobrecitos tienen carácter de S.O.S., pues se requieren cuando el shampoo familiar oficial se acaba. Entonces, el que se está bañando se da cuenta en plena ducha de la emergencia, pega el grito hacia el living-comedor, y la mamá manda corriendo al cabro chico a rescatar uno de estos sobres al almacén de la esquina. Fiado por lo general.

Sin embargo, la hegemonía del sobre chico corre serios riesgos, ya que la sabia dueña de casa, que cacha caleta de economía, se dio cuenta que comprando esas bolsas gigantescas de kilo y medio, ahorra más.

Como la versión Ballerina para combatir la caspa, está el también archiconocido Vitapelina, que es una especie de Head and Shoulder para pobres. Ojo que también cuenta con una linea anti caída del pelo. Ternura.

Ahora la cosa se pone más hermosa aún. Vamos bajando a la clase media de los shampoos pobres, y nos encontramos con Pilotonic, Pilotonic, el shampoo. La estrategia comercial de este producto de gracioso jingle es irse por lo frutal-cítrico. Las variedades van desde limón hasta naranja. Acá la ternura está en su versión anti-stress.

Y así hemos llegado a lo pobre-pobre de los shampoos, la periferia de esta gloriosa familia, representada por Suavelina y Bellekiss. Estos son lisa y llanamente rascas, y se compran para cuestiones como echarle en el bolso al hijo, por si se ducha en su lugar de estudio-trabajo. La versión más chica de Bellekiss vale alrededor de doscientos pesos, lo que salva totalmente a las familias que no entraron al proyecto del ingreso ético familiar.

No nos referiremos a Gisslle, que vendría a ser la versión en situación de calle de los shampoo-jabón.

Como conclusión, inferimos que ningún ministro ni subsecretario de la Chilean Way se han lavado en su vida con alguna de estas marcas. Quizás Laurence Golborne cuando vivía en Maipú, pero sería de alto riesgo asegurarlo.




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