Repudio a las palabras que se pusieron de moda con los sucesos periodísticos

por Paloma Grunert



Sobre Paloma Grunert

Existen términos almacenados hace años en los diccionarios y que no están en el lenguaje habitual chileno, pero que por un golpe de fama, a veces ingrato, se ponen de moda y se instalan, querámoslo o no, para siempre en el vocabulario nacional. Son palabras impulsadas por los medios y, por consiguiente, las redes sociales. Se pueden diferenciar porque, sin el suceso que las sustenta, no tendríamos idea a qué se refieren cuando en el Facebook las personas usan palabras como estas:

SONDA

Pre-tragedia minera, la palabra sonda nos hacía imaginar algún elemento espacial o marino, sin embargo en agosto de 2010 todas las esperanzas de Chile se refugiaron en ella. Ese tubito de fierro que intentaba una y otra vez dar con los mineros. La sonda que apareció pintada, fue sin duda la que catapultó el término y lo insertó para siempre en el vocablo nacional. Para qué decir aquella que trajo el papelito que Piñera mostró de manera discreta, o esa por la que le mandaban empanadas para el 18. Inolvidable.
Desplazadas: Fénix, Rescatistas, Refugio.

BLACKOUT

Esta palabra tuvo un revival en septiembre de 2011, más de un año y medio después de su posicionamiento colectivo. El blackout generaliza a tamaños estratoféricos lo que antes era un simple  “apagón” o “corte de luz”. Tiene que ver con la cultura gringa y la idea del terror que existe en cualquier cosa que puede pasar, pues aunque blackout parezca mucho más inmenso que apagón, no es sino su traducción en inglés. O sea, que no haya luz.
Desplazadas: No hay señal.

FUSELAJE

El fuselaje era como un fusil, o un conjunto de fusiles, pero después del último vuelo del Halcón, el término desplazó el protagonismo de la otrora “caja negra” de los aviones. El fuselaje del CASA 212 era la pieza clave en la búsqueda de los restos del accidente de Juan Fernández, y durante los primeros días de septiembre se insertó en quienes comprendían de inmediato a qué se refería alguien cuando decía “no han encontrado el fuselaje”. En este compartimento radicaba la ilusión, la esperanza, así como en su tiempo lo fue la “sonda”, pero con resultados muy diferentes.

DAÑO ESTRUCTURAL

El terremoto del año pasado nos enseñó que las construcciones en nuestro país valen hongo. Antes asumíamos las grietas como parte de la idiosincrasia arquitectónica de lo que llamamos “la chilenidad” (esas cosas que sólo pasan en Chile) pero tras los devastadores 8.8 grados Richter comprendimos que todo Chile estaba construido con daños estructurales. El problema es que lo aplicamos contra el adobe y no contra quién lo construye de manera penca para ahorrar plata. Desde ese entonces cualquier cosa que se rompa o quiebre es porque tiene “daño estructural”.
Desplazadas: Réplica, Sismo, Tsunami.

FLASHMOB

Llegó con el nuevo estilo de movilizaciones estudiantiles y se instaló entre marchas y barricadas, aunque al principio no sabíamos cómo llamarla: “coreografía”, “el Thriller chileno”, “el Thriller por la educación”; luego supimos que se decía “flashmob” y que es una moda en los países del primer mundo. Por eso, que un país pobre haya logrado un flashmob de tan alto nivel y convocatoria fue noticia en todos lados. Si bien el significado de este concepto se refiere a “una acción organizada en la que un grupo de personas se reúne en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa” para los chilenos ahora cualquier tipo de coreografía es y será un flashmob.

DANTESCO

Esta palabra es una excepción, porque no se instaló en el vocabulario de las personas, pero sí en el de los periodistas. Más que una costumbre creada por el ambiente, fue un recurso facilista para no buscar un sustantivo nuevo. En vez de decir “horroroso”, “sobrecogedor”, “terrible” o “catastrófico” mucho mejor usar la nueva palabra comodín para todas las tragedias: dantesco. Da aires de intelectualidad y filosofía, pero está tan manoseada por la prensa que ya se ha vuelto un termino desagradable, como cuando en los programas de farándula dicen “animadversión” o “sacar a colación”.

Otros términos con menores frutos: Hablamiento, cualquier palabra agregándole un “TÓN POR LA EDUCACIÓN”




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