Homenaje a estudiar periodismo “porque es todas las carreras en una”

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Todo suele comenzar en el curso electivo-humanista del colegio, por lo general emblemático municipal o subvencionado de medio pelo hacia arriba, en La Florida, Maipú o San Bernardo. La educación humanista, sensible y reflexiva entregada por el admirado profesor de Historia o Castellano cala hondo en la vida de los protagonistas de esta historia, que sufren desde tercero medio hasta la PSU preguntándose qué carrera elegir para no desperdiciar su capacidad humana, y no ser egoísta con su amor para crear un mundo mejor.

Filosofía, Literatura, Antropología, Historia, Sicología y Sociología atacan por todos los rincones de la sensibilidad al talentoso estudiante que recorre todas las ferias universitarias en cuarto medio, desde la de la Estación Mapocho hasta la Expo novato UC, donde maravillados por la infraestructura, la generosidad de las áreas verdes, y el estimulante fenotipo sexual, se le asigna temporalmente el número uno en las prioridades. “Lo que sea, pero en la PUC” dicen muchos al subirse al bus que los llevará de vuelta a su periférica comuna.

La periferia queda loca en la PUC
La periferia queda loca en la PUC

Sin embargo las conversaciones con su profesor favorito y sus amigos críticos al sistema los convierten, en la recta final, en fanáticos de la Universidad de Chile, no transando ahora convertirse en un “Hijo de bello”, para así aportar al pluralismo y encontrar la felicidad en la diversidad. “Si no me alcanza, me voy a la Usach” es la nueva sentencia.

A la altura de noviembre, cuando ir al colegio es oficialmente una chacota y los compañeros se rayan la polera y tiran bombitas de agua, la decisión vocacional aún no está tomada, y se presume que ya será imposible tomar una opción que no los deje con la sensación de “yo soy más que el encasillamiento en una carrera, soy un humanista de verdad”. Entonces, el espiritu renacentista dirige sus intereses a la ninguneada carrera de periodismo, la que, tras revisar la malla en la web de la Escuela, se convierte en el chivo expiatorio de todos sus pesares vocacionales, ya que trae de “todo un poco”, además de poder comunicar sus múltiples conocimientos. Esta decisión genera el rechazo generalizado de toda la “comunidad” escolar que tiene grandes esperanzas en el futuro de estos buenos alumnos, que se van a “desperdiciar” estudiando la superficial carrera del reportero, que además aparece en los últimos lugares de buen sueldo y en los primeros de “carreras saturadas”. Una y otra vez el profesor jefe le habla de lo bacán que es ser sociólogo y de lo banal que son los noticieros de las nueve. Una que otra talla fome tipo “estay pinta’o pal SQP” sale desde el sector más básico de la sala. La familia duda, pero finalmente apoya: “mientras a él le guste, está bien” suspira la esforzada madre trabajadora.

El periodismo es la salvación
El periodismo es la salvación

Y ahora sí, seguro y confiado de encontrar en periodismo la alegría del saber, se da la PSU y se postula con la esperanza de hallar en la Chile, la PUC o la UDP las armas para construir un mundo nuevo e inteligente, al “hombre nuevo”.

Sin embargo, al poco tiempo de arribado al nuevo lugar de estudio, con mechoneo, paseo a la playa, y tres viernes en el cuerpo, se pasa a comprender que el sacrificio y el compromiso con el espíritu renacentista va convirtiéndose en chacota y conformismo. Pero ante todo felicidad, la felicidad de saber que se está adquiriendo “un mar de conocimientos con un centrímetro de propundidad”, y el conformismo de cachar semestre a semestre que la dificultad será un concepto difícil de hallar en alguno de sus ramos.

En tercero ya todos cachan que la hicieron tomando la decisión de estudiar periodismo. Los que se decepcionaron y por fin despejaron sus dudas vocacionales ya se han ido. El curso suele estar ya libre de pasaos a caca activos. Ahora sólo quedan los fieles, compuestos en gran mayoría por los vagos que se metieron a periodismo porque no tenían idea de nada, y sólo postularon porque les alcanzaba, y el resto de los renacentistas entregados a la fiesta y los placeres mundanos.

Para las familias de estos fieles que se quedaron, sus hijos periodistas son unos hombres íntegros y plenos. Qué venga Copesa y El Mercurio, o en su defecto, una buena empresa o los medios comunitarios.

 

 

 

 




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