Gitana Perla: ¿”maraca” o “de piel”?

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

El televidente chileno promedio, que muy excitado sintoniza cada domingo Canal 13 para seguir las aventuras de la voluptuosa gitana Perla y su variopinto grupo de amigos, suele calificar fácilmente a la morena dama de “maraca culiá” en las redes sociales, debido a su trato con los varones de la serie y al fervor que provoca en los mismos la imposibilidad de acceder a sus atributos. Esta simple imposición adjetival, más allá de su facilidad, trasluce un verdadero paradigma cultural chileno: el machismo cínico y ambivalente, que cubre su insoportable dependencia de la mujer con diversas operaciones de ninguneo moral.

La mujer chilena es el núcleo energético de la vida nacional. Las relaciones sociales, el cortejo y el romance pasan siempre por su voluntad y por los parámetros de virtud de la feminidad establecida. Entonces el mula macho chileno, el “aquí te las traigo Peter”, el Pato Carmona de Peleles, no es más que un personaje de ficción orquestado para disimular el poder que ejerce el sentido de la madre en la idiosincrasia nacional. Es ese rol de madre, de una simbólica autoridad valórica, lo que se traduce en la popular frase “la mujer cuando quiere y el hombre cuando puede”. Entonces la artificial autoridad del machismo simbólico se ejerce mediante la violencia, física o lingüistica, a cualquier intento femenino de jugar el rol del hombre cortejador

La canchera gitana Perla ha sido condenada por la mayoría de los chilenos de la web de la misma forma que Dominique, la concursante del dating show 40 o 20, quien fue casi quemada en la hoguera tuitera por la forma en que eligió al hombre ganador de su amor, Joche. Los hashtag en favor de Bernardo (#fuerzabernardo, #pobrebernardo), concursante desechado a último minuto por la protagonista, se convirtieron en trending topic mundiales, mostrándole al orbe que la mujer chilena que ose no cumplir su rol de dama angelical, baluarte moral de la nación, será sancionada por la opinión pública; la opinión del cinismo.

"Domi" también quedó como una "maraca culiá"
“Domi” también quedó como una “maraca culiá”

Perla, quien además debe responder a la tradición gitana, que cual Rey Melquiades le exige no enamorarse de un chileno, se “da el gusto” de buscar, elegir y coquetear libremente con sus pretendientes, lo que sumado a sus exuberantes tetas, le vale el inmediato apelativo de “puta” por parte de los machos pencas. Ella en su defensa, en tanto, debe aclarar que no es una “maraca”, sino que es “de piel”.

La picardía de la fémina chilena, expresada en una avasalladora coquetería, risitas sugerentes,  busto solidario y modales cariñosos, genera una diversa gama de estilos seductores categorizados por la cultura pop. Uno de ellos, las “calienta sopa”,  ya fue abordado anteriormente por la Feria, obteniendo un significativo repudio por parte de nuestros lectores.

Pero ¿qué  significa ser “de piel”? en la lógica del cinismo se afirma que no es más que un barato eufemismo para eludir ser “caliente”, e incluso una buena excusa para evadir la verbalización de la palabra “maraca”. Sin embargo, ser “de piel” responde a un problema mucho más profundo que tiene relación con la idiosincrasia misma de la sexualidad femenina chilena y su rol en la relaciones sexuales de la sociedad tricolor.

¿Por qué esa necesidad de escudo en una definición para validar la libre expresión de la pasión? el fundamentalismo del machismo chileno es tan arraigado que las mujeres al decir “es que yo soy super de piel” practicamente están pidiendo permiso para abrazar a sus amigos en el colegio. En el despertar sexual, en los coqueteos de “Perla” con los “flaites” de la serie, en los albores de la masturbación en séptimo básico,  es muy común escuchar “de piel” entre las descripciones de los “carteos” entre colegios. Y son precisamente esas niñas las más solicitadas por los imberbes del liceo de hombres, ya que su facilidad al abrazo facilita en gran medida las erecciones instantáneas de la edad.

La compañera “de piel” es la que en los recreos la rompe quedándose en la sala haciendo uso de su coquetería mientras vende coyacs. Es la que juega a balancearse sujeta de las manos de su espinillento compañero de puesto, el que no soporta más la excitación, recibiendo como un alivio el toque del timbre.

En consecuencia, ser “de piel” no es otra cosa que ser un ser humano descubriendo sus sensaciones. Sin embargo, la frágil hombría chilena se vale del uso constante de metáforas como esta para cuidar la imagen de la mujer inmaculada, de la virgen del Carmen que mantiene la ilusión de la fortaleza masculina inclaudicable.

Las vírgenes del Carmen
Las vírgenes del Carmen

“Perla” por lo tanto, y los temerosos “maraca culiá” que le lanzan los seudo machos desde la red, es un reflejo del sistema de valores que obliga a las mujeres a ocultarse o a pedir permiso, diciendo “es que soy de piel” para osar en los códigos de la sexualidad reservados para el penca machismo chileno.

Holanda se avergonzaría.

Allá no pasan estas cosas
Allá no pasan estas cosas



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