Repudio al nuevo ciudadano, el farsante concepto del progresismo chileno

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Marco Enríquez Ominami Gumucio es el nombre del hombre que hizo aflorar, explotar y maravillar la vida pública chilena con su excitante propuesta “ciudadana”, enojada mucho antes que los indignados europeos. Con su campaña presidencial arribó oficialmente a Chile la representatividad del nuevo ciudadano posmoderno, afrancesado, desclasado y privilegiado. Se oficializó el fin de la lucha de clases en el discurso político cool, y se reemplazó por la lucha de las ciclovías, el día mundial sin auto, la paridad de género,  “los jóvenes”, el “no importa tu color político” y el “construir”, espeluznante verbo que niega la historia, la memoria y la vida del pueblo pobre, que lejos de arrendar una bicicleta en la municipalidad de Providencia, o de discutir de política en el Copelia, es testigo en su hogar de cómo los cisarros no están invitados a la construcción de la nueva realidad progre, que con una estética destellante diseña en sus macbooks el logo del nuevo partido díscolo.

Las movilizaciones de este 2011 que empieza a expirar, con cincuenta mil secundarios periféricos que pierden el año lejos de las fotos alegres en el parque forestal, se dieron majaderamente en el discurso de la ultrajada “clase media empoderada”, la “expresión ciudadana” que se excita leyendo el Mostrador, y discusiones inocuas en torno a la relevancia de las redes sociales en este “fenómeno mundial” en que se constituyó la idea de protestar. Y aquí entran tanto los derechistas como los neoizquierdistas desclasados. El nuevo ciudadano es defendido a muerte por Marcela Sabat, lo que es a la vez un paradigma del lujo en que consiste ser hoy un “ciudadano” enojado. A sus ñuñoinos lindos y profesionales  nadie los puede tocar, y los medios lo saben. Su plusvalía física e intelectual los hace merecedores de una amplia cobertura mediática. En La Bandera  o Lo hermida importa un carajo que maten a quinceañeros sin fiesta, pero oye, si hay violencia en Plaza Ñuñoa algo está mal. El nuevo ciudadano es también defendido por Carolina Tohá, Andrés Velasco y Fulvio Rossi, y cómo no, por el hostigante Meo, quien alejado completamente de “la vida es una lotería” se pone la camiseta por los indignados. Pero estos bajan un poco más geográficamente, defienden al floridano y a la picardía del hermoso barrio Yungay. Todo esto mientras los chilenos “en situación de pobreza”, los que no tienen acceso a la cultura, los periféricos teenagers que no estudian en la Universidad de Chile, se quedan entre la discriminación “¡que se vayan los sopaipas!”, la condena moral de Emilio Sutherland en Teletrece, y las cifras de pobreza en voz de Felipe Kast. De derechos, nada. Sólo condena y compasión.

Mijita rica
Mijita rica

El nuevo ciudadano entonces es una consolidación de la estructura social creada por el neoliberalismo. Los chilenos con capacidad de acceder a sus derechos, bienvenidos sean al agasajo comunicacional. Los que se quedaron pateando piedras, o bien lanzándolas a un zorrillo, buenas noches. “Esto no tiene nombre”, de Tvn, se encargará de presentar en televisión sus extraños problemas de tercer mundo, para que el Sernac se haga cargo de representar sus derechos. Los derechos del consumidor, el único consuelo que les queda a los no ciudadanos, que no tienen a un Pato Herman que defienda su ciudad para que no instalen antenas ni malls frente a sus narices.

La ciudadanía con la que tantos grupos políticos se llenan la boca, para hacerle el juego a la derecha que controla los medios, es un lujo de los que alguna vez han ido al Gam o han pagado una entrada al teatro Mori. Los niños de Pudahuel Sur y San Ramón, en tanto, en vez de Gam o Mac, sólo tienen en su vocabulario la sigla Mim, el premio de consuelo que les entrega la cultura cuando van en primero medio. Esas imágenes de juego conociendo la ciencia no se borrarán jamás de su mente maravillada.

Pobres ejerciendo su ciudadanía
Pobres ejerciendo su ciudadanía

En las poblaciones de estética de block’s rojos no tiene sentido la idea del nuevo ciudadano. Allí, donde el neoliberalismo mata, donde las madres lloran todas las noches pensando en cómo juntar la plata para pagar una cuota que evite el embargo de su humilde casa, nada de esto importa. Para ellos, para las familias de los niños que perdieron el año en la pobreza, el progresismo tiene un significado de ciencia ficción. En su realidad, la izquierda o la derecha no se construyen con conceptos nuevos. Para ellos la política sigue siendo lo que es y lo que oculta la perfonmance del nuevo ciudadano. Para ellos la política no es más que el vínculo material de sus vidas con un instrumento dialéctico que tiene la posibilidad de cambiarlas.

Que los ciudadanos festejen su fiesta en La piojera.

Acá no hay ciudadanía
Acá no hay ciudadanía

 

 




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