Por qué no veré la Teletón

por Arolas Uribe



Sobre Arolas Uribe

Cuando era chica, la Teletón era un evento a la altura del estreno de una gran película. Mi familia esperaba con ansias el espectáculo, comprábamos cocaví, cancelábamos compromisos, rompíamos el chanchito de los ahorros –especiales para la ocasión- y nuestro fin de semana giraba en torno a este evento, yendo al banco a depositar en la famosa cuenta, cruzando los dedos para que la meta se alcanzara y estallando de alegría cuando una cadena de supermercados donaba un monto rimbombante. Era divertido, sentíamos que estábamos haciendo el bien. Eso hasta que entré a estudiar periodismo y comencé a evaluar la televisión en toda su complejidad.

No creo que antes de eso fuera tonta, pero sí más ingenua, porque poseía menos herramientas para evaluar el fenómeno televisivo. Poquito a poco, acorde aprobaba los ramos, desmenucé todos los componentes de este medio: la ideología, los intereses económicos, la estigmatización de los pobres, los estereotipos, la construcción cultural, el aplastamiento de las diversidades y la solidaridad oficial, esa donde Lady Di remata sus lindos vestidos de diseñador famoso, en medio de un exquisito cóctel, para tener recursos y comprar sacos de sopa para el tercer mundo.

Levántate papito
Levántate papito

El show de la Teletón es igual: las grandes empresas donan millones y entre más plata, más nobles y grande es su amor; los famosos sacan su tajada de aparición en la pantalla, asegurándose vigencia; las que se juran minas muestran el poto en la vedettón y reafirman su ego y sensualidad y  Mario Kreutzberger se queda en 5% de la recaudación, dicen las malas lenguas. Es una gran fiesta, lo pasamos la raja, juntamos buenas lucas y ayudamos a los más necesitados. Un gran bingo gran de nivel nacional, organizado por los más ricos para tirarle miguitas a los niñitos pobres que no tienen para un fisioterapeuta. Todos ganamos.

No digo que el producto de esa bazofia no sea noble. “Absolutamente nadie, ni usted ni aquél ni nosotros, podríamos ser contrarios a una obra benéfica y solidaria que apunta a la rehabilitación e inserción de personas con problemas de movilidad”, escribió el director de El Ciudadano. Y concuerdo con él. “El derecho a la duda de su fondo y el cuestionarla por lo menos, lo creemos necesario, pues cuando en dos días se utiliza el sufrimiento de niños y jóvenes para lavar la imagen pública de empresas y consorcios que atentan gravemente contra los derechos de sus trabajadores y el medio ambiente los 365 días del año, algo comienza oler mal” agrega.

24.500-03
24.500-03

Me parece que el precio que hay que pagar por esos niños es demasiado alto: sus madres llorando en vivo, que siempre son pobres, es algo que no quiero presenciar. Y en esta cruzada de inclusión, quienes osan salirse de la norma, cuestionar o no apoyar la causa son tratados como escoria, lo que no me cuadra en esas “27 horas de amor”. Es la dictadura de la solidaridad, avalada y acorde a un sistema que constantemente pone parches para que la desigualdad no explote. “En nuestras sociedades las injusticias no se solucionan, sino que se compensan”. Ahí tienen los bonos a los más pobres, ahí las becas en lugar de plantear un nuevo modelo educacional. Pero la limosna no acaba con las desigualdades.

Oscar Wilde también opinó al respecto, ante una explosión de altruistas en Inglaterra, concluyó que la solución a la pobreza o ese tipo de conflictos no es donar plata. “El objetivo adecuado es tratar de reconstruir la sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible. Y las virtudes altruistas realmente han evitado llevar a cabo este objetivo”. Para el caso de la Teletón, es igual. A las empresas les conviene el espectáculo de colores en lugar de una reforma tributaria que inyectaría recursos para fortalecer el sistema de salud público. Y además, mientras donamos nos sentimos más buenos, con un pedacito de cielo ganado. Si les gusta tanto ayudar, ¿por qué no donan en otras fechas? ¿Sabían que la cuenta 24.500-03 está abierta todo el año? ¿Necesitan un espectáculo televisivo para ayudar a los demás?

El pensaba bien
El pensaba bien

Detrás de todo esto hay una lucha gigante de egos y mucho flujo de caja. Todos quieren mostrar a los demás que ayudaron, con su autoadhesivo en el pecho, pintando la parte trasera de sus autos, haciendo sus donaciones en horario prime. Es un engranaje en el que se manosea a niños y jóvenes inocentes, necesitados y heridos, para que viejos asquerosos llenen sus billeteras y otros expíen sus pecados. No gracias, yo me excluyo de esto. Cuando quiera ayudar, donaré una silla de ruedas o algo parecido, anónimamente y no en medio de fiestas banales que ensucian la posible nobleza de esta cruzada. Por eso, este año y los que vienen, mi tele y mi bolsillo estarán eximidos de la Teletón.

 




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