Repudio a Teatro a Mil

por Elber Galarga



Sobre Elber Galarga

Lo cierto es que no somos muy buenos para alegar. Peor aún, cuando alegamos, siempre son por cuestiones que no manejamos mucho. Alegamos porque hay cola en el registro civil, pero no cachan la paja que debe ser andar administrándole los papeles a todo hueón que pierde el carnet o anda buscando el certificado de nacimiento para pedir pega, que es como verle la cara a 300 compadres distintos y ser amable con cada uno de ellos.

Siguiendo esa misma escuela, vamos a alegar por una hueá que el 90% de este país no cacha nada: el teatro. Las únicas experiencias cercanas con el teatro se reducen a la pequeña gigante y la obra de teatro que todo hueón tuvo que interpretar en quinto básico sobre una fábula de Esopo, en el caso de las escuelas municipales, o de cualquier parábola bíblica en caso de particular subvencionado apadrinado por curas.

La verdad es que cualquier obra artística es menoscabada por este modelo. La escultura hoy por hoy se reduce al Homero Simpson de arena que hace un viejo en la playa Acapulco de Viña del Mar, la pintura a pintar adentro de los márgenes, el cine a cuevana (que a todo esto dejó de funcionar en protesta contra SOPA) y la danza a esa erección repentina de ver a la mechona rica de la carrera bailar con las amigas.

Ella no tiene la culpa

Santiago a mil no es porque la entrada al teatro salga luca, al contrario, en el jugoso repertorio financiado por BHP Billiton, la compañía minera más grande del mundo, contempla obras gratis (las menos) y otras que superan las siete lucas. Todo esto mezclado con un discurso de llevar el teatro al pueblo.

¿Qué diría Andrés Pérez, verdadero fundador del teatro popular chileno y al cual Santiago a mil le rinde tributo y homenaje, sobre este esperpento negociado con el teatro nacional? ¿Por qué si BHP Billiton pone su logo en cada obra que se presenta, como si se tratara de una empresa responsable socialmente, no es capaz de fomentar el teatro nacional pagándole sueldos dignos a cada compañía y con acceso a toda la población a presenciar este arte si sus ingresos superan los 45 mil millones de dólares?

Matucana 100 te extraña

Recordar al fundador del Gran Circo Teatro no es aleatorio. Él vivió buscando los laboriosos mecanismos de hacer sobrevivir el teatro popular y callejero. Llevó Popol Vuh y El Principito a las plazas, y La Negra Ester a los más recónditos parajes habitados de nuestro país. Y sucumbió precisamente al negociado y la concepción neoliberal que corroe toda sensibilidad artística. Luisa Durán y su fundación finalmente terminarían haciéndose de los galpones que Pérez estaba tramitando para reproducir ese teatro que efectivamente llegara a la gente.

Chile se ha vuelto un país sin expresión, ahogado ante la rapiña neoliberal escondida tras un discurso progre de empresa socialmente responsable. Repudio a Santiago a mil. Homenaje al teatro popular.

Con la Negra Ester no se paga el Royalty
Con la Negra Ester no se paga el Royalty



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