Repudio a la lucha de clases que duró una semana

por Lucarelli



Sobre Lucarelli

Cuando salió a la luz el tema del abuso contra las nanas y las asquerosas palabras de Inés Pérez – sacadas de contexto por CHV pero no por eso menos asquerosas- observé como toda la gente y sobretodo la que frecuenta las redes sociales reventaron a la cuica mujer por sus comentarios.

Que cómo se le ocurría hablar así de la mujer trabajadora, que cómo íbamos a permitir los abusos contra las nanas, que había que puro quemar el Algarrobal 2 por estar lleno de  cuicos culiaos, explotadores e imbéciles.

No niego que estaba de acuerdo con todas y cada una de las quejas y posibles acciones, me parecían correctas y legítimas. De hecho, me sorprendió gratamente que todo el mundo o al menos a los que yo considero parte mi clase se cuadrara a favor de una mujer trabajadora y pobre. Pero también me sorprendió que los mismos que día a día tiran mierda contra los flaites ahora salieran defendiendo a esta trabajadora pobre. Me sorprendió que los que iban a las marchas y gritaban “que se vayan los sopaipas” ahora salieran defendiendo a esta trabajadora, que quizás es madre de muchos de los “flaites y sopaipas” que somos nosotros mismos.

Que no se vayan los sopaipas
Que no se vayan los sopaipas

Pero tristemente esa lucha de clases duró exactamente una semana. Bastó que un reality televisara a uno de los íconos populares de nuestro Chile para que esa misma gente que “lucha por la educación” y “defiende los derechos de las nanas” olvidara de que lado estaba, y se burlara asquerosamente de que Francisco Anderson Huaiquipán en una pelea con el karateca David Dubó dijera “ILEAL” en vez de “DESLEAL”.

Los mismos que luchaban por que todo chileno tuviera acceso a educación gratuita y de calidad se reían y decían: “flaite de mierda, como se le para a un deportista que ha representado a Chile en el mundo”. Y yo me decía, “barsas de mierda,  a pesar de todas las contrariedades de la vida, este cabro de La Legua ha logrado sacar adelante su vida y a su familia”.

Otros descarados me decían “de la misma forma que me río de Huaquipán, nos reímos de Piñera y del Zafrada”. La diferencia es que el Huaqui tiene 32 años y mínimos estudios, el otro es Presidente de Chile con estudios universitarios y el último es un niño que no tiene porque hablar bien. Argumento de mierda el de la comparación.

Lo único que queda luego de esta situación es una cosa: o el que escribe es efectivamente un amargado que no fue capaz de entender que este error de palabra es sólo algo chistoso, o definitivamente los chilenos son unos hueones de mierda desclasados.

Genio popular
Genio popular

 

 




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