Homenaje a los negros en Chile

por Waleska



Sobre Waleska

Hace una década ver un negro en la calle era todo un acontecimiento. Al llegar a la casa lo comentabas con tu familia y ese día quedaba marcado como un hito en el internacionalismo de tu vida. Lo mirabas de soslayo, te fijabas en el porte de las manos, en los ojos y los atributos. Ver a un negro en la calle era prácticamente hacer historia. Los niños lo tomaban como un triunfo y los adultos como una gran experiencia “de mundo”. “Vi a un negrito” era un verdadero hit social.

Hoy, sin embargo, este escenario ha cambiado drásticamente. De la mano de la valiente obra de Maluco y Negro Mafla, precursores de la llegada de inmigrantes morenos a tierras nacionales, el país se convirtió en una tierra de oportunidades para ciudadanos extranjeros que no tenían a Chile como un destino adecuado. Quizá por el frío, la fomedad y la falta de pasión caribeña. Chile no era una chance.

Sin embargo, la alta cotización del peso chileno con respecto a sus monedas nacionales fue clave para seguir los pasos del líder de Café con Leche. Comenzaron a llegar colombianos, ecuatorianos y hasta haitianos. Entre estos últimos el héroe es Givens y sus amigos de Reggaeton Boys. El sensual reggaetonero  es un emblema de la inserción afroamericana en el Chile mestizo, que si bien tuvo población negra en un momento de su historia, desapareció debido al alto costo del traslado y mantención de la esclavitud, principal actividad de los afroamericanos en la época colonialista.

En la ausencia de negros en Chile también influyó el aplastante sometimiento de los españoles por sobre el pueblo mapuche. En el pueblo índigena la Corona encontró la mano de obra barata con que financió la explotación de la tierra, el despilfarro de sus hombres, y la acumulación de capital por parte de Francia e Inglaterra, cuyas dinastías prestamistas fueron las principales beneficiadas por el circuito de explotación mundial, que comprendía el viaje contrabandista Europa-Africa-América.

 

Hoy es impreciso hablar de razas como tal. El mestizaje americano ha alcanzado tales niveles de desarrollo, que la población con herencia genética afro está en franca consolidación en todo el territorio chileno.

Estos inmigrantes lamentablemente trabajan en los empleos más precarios del país. Casi siempre llegan como mano de obra barata y deben soportar duras condiciones laborales. La mayoría de ellos trabaja por el sueldo mínimo que es enviado casi en su totalidad a su país de origen, donde ve acrecentado su valor.

La pasión afro se despliega en masa en los locales comerciales del centro; y en los “espectáculos nocturnos” no tiene comparación. El sacrificio y la lucha por la dignidad es un baluarte que sustenta la nostalgia de la distancia.

Hoy el chileno ya se acostumbró al afroamericano en su cotidianeidad. Ya casi nadie dice “vi un negrito”, como con una especie de cariño por alguien desprotegido. Hoy el sabor latino está metido en el corazón mismo de nuestras capitales regionales, y aumenta a la misma velocidad que su alegría, potencia y honor.

 

 




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