Homenaje a la teleserie “Pobre Rico”; una metáfora de Chile

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Cuando se habla de la “crisis del modelo” chileno, debido al colapso de la vida pública entregada en su totalidad al mercado, muchas veces no se consideran elementos tan cotidianos que debiesen ser los reflejos de nuestra cultura.

Según el académico Eduardo Santa Cruz en su libro “Las telenovelas puertas adentro”,  “la telenovela es una obra de ficción, pero que nos habla de nosotros mismos. Entrega su particular explicación de lo que somos, lo que fuimos y lo que es posible ser, por la vía de la entretención, aparentemente banal. Así, constituye una de las principales formas modernas de una realidad presente en toda cultura y sociedad: la existencia siempre necesaria de alguien que narre y cuente las historias de la tribu humana”.

Entendiendo esta concepción de lo que es la teleserie latinoamericana, entendemos también el fracaso de los últimos años de las teleseries de TVN, y el sinsentido que hoy tienen las producciones nocturnas del tipo “Reserva de Familia”. Lo que ocurre es que ese estilo de teleseries, ambientadas en un mundo de lujo y ambición de nobleza, dejaron de representar al país, porque ya no muestran lo que somos.

Lo que esas teleseries muestran es la ilusión de Chile como el “jaguar de sudamérica”, el mito de Chile como “el rincón de Europa en Sudamérica”. Todas estas falacias de los tiempos de gloria de las ideas de Milton Friedman se derrumbaron cuando Sebastián Piñera evidenció el ridículo fantasioso de la “Chilean Way”.

Si TVN hoy pelea por no ocupar el cuarto lugar de sintonía entre los canales comerciales, es precisamente porque olvidó que su rol no es comercial. Quizás ahí radica la mayor importancia de la teleserie Pobre Rico, estrenada con 36 puntos de peak este lunes. La nueva obra dirigida por María Eugenia Rencoret es el primer guiño que la estación hace en años para recordarnos que es estatal, y que está llamado a cumplir una tarea republicana.

Con un elenco dividido entre viejos estandartes y jóvenes promesas de la actuación chilena, en su primer capítulo Pobre Rico mostró frescura, dinamismo y apego a los nuevos tiempos que corren en la sociedad chilena. Tomando elementos de las movilizaciones sociales, del despertar ciudadano y de las condiciones reales en que vive la clase trabajadora, es capaz de mostrar con simpleza las contradicciones terribles de Chile. Con humor, sutileza y gracia, Pobre Rico promete ser una metáfora de una sociedad que se está reestructurando y pide a gritos autoridades políticas que luchen contra la desigualdad.

En el sentido cultural, Pobre Rico recupera aspectos de esa magia noventera que desarrolló Vicente Sabatini junto a la “Quena” Rencoret. Los modismos y expresiones del personaje popular se asoman entre caricaturas, que sin embargo no molestan, porque están acordes al eje central de la teleserie, que es invitar a la reflexión sobre el nivel de división que hay entre los chilenos, entre los ricos y los pobres.

Ojalá que Pobre Rico sea sólo el comienzo de una nueva era de las teleseries del Siete. Esas que nos impactaron la conciencia en nuestra infancia, y que quedaron en nuestro corazón para toda la vida. Hoy celebra la “Poto Loco”, el “Lazlo California” y “Federico Valdivieso”.

 

 




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