Repudio a los juegos fascistas que jugábamos cuando niños

por Paloma Grunert



Sobre Paloma Grunert

Cuando uno es chico, y sobre todo los niños de antes, poco es lo que se puede decidir. La palabra negada comienza desde el primer día de vida. A la niñita recién nacida nadie le pregunta si quiere, o no, que le perforen las orejas para ponerle aritos cuando apenas tiene horas de vida. Tampoco esperan a que crezcamos para saber si es de nuestro agrado ser bautizados. Nada. Se llega y se hace.

Lo único que creíamos poder escoger eran los juegos que jugábamos. Pero ni siquiera, porque gran parte del ocio infantil estaba controlado por la tradición del fascismo, cuando apenas el muro había dejado los últimos escombros repartidos por Berlín.

Noesnalaferia recopiló varios juegos de infancia que de inocente tenían bien poco.

Tortura

 

El Perro Judío
¿Cuántos panes hay en el horno?
21 quema’os
¿Quién los quemó? ¡El perro judío!
Arráncate perro que allá voy yo,
Eso te pasa por aturdío, perro judío.
Todos los niños se tomaban de las manos, a modo de cadena humana. Uno de los niños del extremo de esta cadena se metía entre dos amigos y mientras todos iban cantando la canción del perro judío, se formaba un enredo de personas; así como ocurría en los hornos del viejo Auschwitz. La canción es tan evidente que no sabemos cómo nuestros papás nos dejaban jugar a este homenaje al nazismo. El perro JUDÍO no era un animalito extranjero, como podíamos imaginar en nuestra tierna inocencia, sino un judío perro.
Y lo que le pasaba por aturdío no era la quema de los panes, sino la responsabilidad de su propia muerte en el horno y transformación en jabón y botón, como pedagógicamente nos enseñó Josué en La Vida es Bella.

¿Cuántos judíos hay en el horno?


 

 

La Ronda de San Miguel
Esta es la ronda de San Miguel
el que se ríe se va al cuartel
uno, dos y tres!
Esta canción que tiene su origen en la Guerra Civil Española y que llegó -por lógica- a toda América Latina, nos enseñaba de chicos a obedecer al sistema y a no ser felices (el que se ríe) so pena de irnos a la cárcel (cuartel policial). El juego era literal, el que sonreía en la ronda, era eliminado. Este ejercicio subliminal nos adoctrinaba a no rebelarnos frente a las indicaciones del discurso. Si reclamábamos, si nos reíamos, si íbamos contra la corriente, éramos castigados. De esta forma y bajo estas enseñanzas fue que muchos niños se convirtieron en adultos con el miedo de irse al cuartel. Para salvarse hay que acatar y ser un amargado.

Él está listo pal cuartel


 

 

El último que llega tiene cien guaguas negras / chinas / con bigotes
Una oda a la xenofobia, el racismo y la discriminación. A la frustración de llegar último, había que sumarle la paternidad de bebés asiáticos o afroamericanos, como si esto fuese un castigo para los perdedores. No sólo los chinos y los negros eran despreciables, sino también las personas con bigotes (árabes/mexicanos). Estados Unidos supo enfilar muy bien a sus enemigos en este ejercicio infantil. Comunistas, latinos y el medio oriente como resultado de fracaso de la Guerra Fría.

¿Derrota?

 

 

Los malos de color rojo
Con la frescura de la lucha entre Rusia y Estados Unidos, lo que nos llegaba como patio trasero del imperio eran todas las enseñanzas del odio al rojismo. Si en la familia no se hablaba de política, el fascismo encontraba otras formas de penetrar nuestra cabeza y adoctrinarnos -sin que nos diéramos cuenta- al rechazo comunista. En Street Fighter, el juego más popular a comienzos de los noventa que llenaba de gente los video-juegos de la esquina o la playa, tenía bien identificado a sus héroes y antagonistas. Ken y Guile eran los más bacanes y representaban todo el estilo militar de la América Estadounidense. (Ken era como el gringo que triunfó en Japón). Sangief y Mister Bison eran los malos, rusos movidos por el patriotismo comunista y el deseo por dominar el mundo. (Según la propia biografía del juego, Sangief era enviado por Gorvachov). Diatriba que también puede apreciarse en la película del éxito de Nintendo.

La Guerra Fría según Street Fighter

 

 

Crueldad infantil innata
Antes de que el bullying se llamara bullying, existían simplemente los apodos y la chacota escolar. Molestar por todo: por guatón, por flaco, por feo, por usar frenillos, por tener lentes, por chascón, por enano, por ser alto, etc. Pero lo que más la llevaba eran las modas esporádicas de agresión, impulsadas por la tendencia poco humanista de discriminar al otro por ser más débil o diferente.
– “Quieres ser mi socio”
Fue un boom en el Chile de los noventa. La publicidad de Coanil que apareció en la tele en 1996, mostraba a un niño con síndrome de down alzando su dedito pulgar y proponiéndonos sociedad. Todos los cabros, en su mayoría de enseñanza básica, impulsados también por “La Buhardilla” (tvn, 1996) agarraron papa con el asunto imitando al niño down del reclame o pegando papelitos en la espalda con la clásica frase.
– La Teletón
Bromear a los niñitos de la Teletón nos hacía sentir horribles como personas. A pesar de que casi siempre el “vacilón” o “matón” del curso era el que contaba las tallas tabú sobre discapacitados, sólo el hecho de reírnos nos autoconvertía en cómplices de su crueldad. Nos sentíamos mal y nos daba miedo con Dios. Aquí oscilaban los famosos chistes tipo “poner un imán al medio del patio para hacer operación deisy”.
– Es niñita…
El cabro que no jugaba a la pelota o que se juntaba con las niñas (generalmente respondía a ambas características) era profundamente perturbado por sus compañeros hombres. El coro de “es niñita” podía sentirse tres o cuatro veces al día y motivado por diferentes razones. Para desgracia del mismo, la defensa de sus amigas no era de mucha ayuda, ya que incitaba a la continuidad de la práctica.
Fleto, gay, cola, mariquita y homo eran los derivados para estos niños que no tuvieron la suerte de protegerse con lo del “niño índigo”.

Pesadillas luego de reírse con un chiste de la Teletón

 

 

Otros indicios:
– Todos los personajes rubios y blancos siempre eran los líderes en los monos animados, series gringas, películas o juguetes.
(Barbie, Bratz, He-Man, Sailor Moon, Power Rangers, Candy, Angel la niña de las flores, Fred de Scooby Doo, La bella durmiente, la Cenicienta, Mi pobre angelito, etc.)
– Casi todos los niños modelos de revistas de casas comerciales o actores de publicidad eran rubios y blancos.
– Estados Unidos como la tierra prometida (Bernardo y Bianca, Speedy González)

 

Noesnalaferia recomienda leer el libro “Para leer al Pato Donald” un ensayo que se hizo famoso cuando aun existía esperanza anti-capitalista. Es entretenido y enseña cómo la aparente inocencia de Mickey y sus amigos educaban a los niños bajo el yugo imperialista.
Y tú ¿qué juegos fachos recuerdas de tu infancia?.




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