Homenaje al Nissan v16: Chile hecho auto

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Pocas cosas se pueden igualar al estilo del taxi-colectivo y su respectivo chofer. El mundo paralelo creado sobre sus vehículos sólo es comparable con el de las difuntas micros amarillas y la potencia nostálgica de los camioneros.

Un taxi colectivo es el último baluarte del transporte capitalino que no ha caído en las redes del gran capital transnacional. El poder gremial de estos miles microempresarios es quizás el único patrimonio de lo que Don Demetrio Marinakis llamó “arte del transporte”. El ex dirigente micrero aseveró que los choferes de las micros amarillas eran auténticos “libre pensadores”, igualando su labor a la de los más altos exponentes de la ilustración.

No tenemos certezas de si los colectiveros creen o no en la separación de la Iglesia del Estado, pero sí estamos seguros que sus años de tránsito por los lugares más recónditos de la ciudad los han hecho sobre un compañero fiel: el Nissan V16.

Este sencillo auto japonés debe ser el más leal desde el retorno a la democracia. Su masificación comenzó a fines de la década de los ’90, junto a la decadencia del Imperio del Monza. Si el V16 ha impactado tanto en la cultura nacional se debe a su humildad, esfuerzo y compañía, características esenciales de un buen chileno.

Según dicen las bases del gremio, la obtención barata de sus repuestos es la primera clave de su alianza sentimental con este chato vehículo de mirada tierna.

 Antropocentrismo
Antropocentrismo

Los más de doce kilómetros por litro que da en la ciudad es otro factor que insta al amor a los conductores monarcas de Vicuña Mackenna y Gran Avenida.

El diseño es lo más chileno que puede haber en el campo automotriz. Estatura baja, simpleza de cortes y mirada pícara pero cariñosa. Nada más ni nada menos. Lejos deja los estrafalarios diseños de los Toyota Yaris, que pretenden imponerse sobre el resto con un poto que no se condice con la media nacional.

Estas son las condiciones perfectas que necesita el chofer para convertirse en el Lewis Hamilton del troncal. El talento deportivo desplegado por los conductores es impresionante. Manejan como si fuera su bicicleta. Meten gamba en Gran Avenida sin soltar los billetes de luca de entre sus dedos. Los más osados llegan a manejar el volante con la rodilla sin dejar de poner atención al “¿se cancela?” de la dama de turno. El cambio de pistas nada tiene que envidiarle al Gran Premio de Mónaco. La mayor virtud de esta destreza móvil radica en que el celular no se mueve ni un solo centímetro de su acondicionado lugar sobre el velocímetro acolchado.

¿Se cancela?
¿Se cancela?

Nuestro medio ha recibido la información de que Nissan ha dejado de vender los V16 para taxi-colectivo en Chile, reemplazándolos por el tecnológico Tiida, de poto grande. Esta traición a la idiosincrasia nacional nos provoca un profundo dolor y esperamos que sólo se trate de un rumor, pues a ningún otro modelo le quedará mejor el autoadhesivo del niñito meando, ni el clásico “no coma alimentos al interior del vehículo”.

Librepensamiento
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