Repudio al Chile inquilino o por qué somos tan pencas

por Esteban Novoa y Richard Sandoval



Sobre Esteban Novoa y Richard Sandoval

A propósito de la ordenanza de la Anfp, que  indicaba a los “hinchas de la Selección” (¿hay algo más vacío que eso?) que sólo pueden ir a los próximos partidos eliminatorios con ropa alusiva a sponsors oficiales (es decir, prohibido un polerón de AOC, que ofende a Samsumg o un jockey de Santander, porque a su vez denosta el capital del Banco de Chile), nos pusimos a pensar por qué Chile, o sea nosotros, somos tan pencas.

De paso, encontramos una foto de camioneros argentinos en paro mostrando sus tatuajes de orgullo sindical y amenizando la huelga con bombos (¡en Chile hasta están prohibidos los bombos!). Tras la necesaria reflexión #EnChileFaltóUnPerón, iniciamos una conversación con el propósito de descubrir el origen de tanta miseria moral.

Vibra Moyano
Vibra Moyano

Y recurrimos a la vieja conclusión que explica todo, nuestro nacimiento y condena: ser inquilinos, haber sido sujetos medievales hasta nuestra generación anterior. ¿Cómo los Matte y Larraín no nos van a cagar en la cabeza si recién nuestros padres protagonizaron la migración campo-ciudad? nuestro actual intento de ciudadanía, concepto tan ad hoc para Bellolios y residentes de Providencia (Repudio a decirle Provi), es sólo un triste  intento de no ser esclavos del feudo. Lamentable, porque incrédulos, los ciclistas furiosos pobres creen que con ciclovías mermará la influencia de Melero y compañía.

La Revolución no será televisada.
La Revolución no será televisada.

En otro aspecto de nuestra mínima vida pública, el miércoles jugó Huachipato con Caracas, en Talcahuano (¡TALCAHUANO!), por la Copa Libertadores de América. El equipo sensación, el que le ganó a Gremio en Brasil, con cuea llevó 4 mil personas al estadio.  La entrada más barata valía 15 lucas. Somos unos idiotas. No somos nada.

Somos el culto al huaso chileno como objeto pintoresco: actitud bruta y bajo nivel educacional.

Posteriormente, repasamos los últimos cortes de agua ocurridos en la zona central y lo comparamos nuevamente con la potente imagen del poder sindical argentino. Nos gusta cuando la gente sale a la calle. En Chile nos cortan hasta el agua pero no hacemos nada porque sólo estamos programados para consumir y refunfuñar en silencio. En Rusia y en otras partes del mundo los obreros se revelaron. ¿Y en Chile? Tuvo que venir un pije (Allende) , un aristócrata (Altamirano) y un hijo del rector de una universidad masona (Enríquez) a aleonar a la gallá, pero a la hora de los quiubos la mayoría (Altamirano, huida en portamaletas incluida) se hicieron los hueones cuando había que poner el pecho a las balas. Cero lucha. Estos mismos huérfanos se alegran cuando ven a la mamá Bachelet.

Vía armada
Vía armada

Contrario a esa virilidad rioplatense que nos aplasta con la camiseta en cada Copa Libertadores, nosotros hacemos alegoría del corazón de abuelita, de la humildad como lamento y del llanto como válvula de escape a las calamidades, que on nuestro sino. Chile culiao. Somos tan provincianos y tan cándidos que por eso queremos a nuestra gente. Igual es triste porque ese sentimiento denota paternalismo y ratifica la sumisión. Es el círculo vicioso de la autocomplacencia ante el abuso; sea este de la naturaleza (terremotos o aluviones) o del patrón. Chile es una mierda, pero es nuestra mierda. Y en el extranjero azota el llanto al contemplar la bandera chilena o al recordar a Zamorano.

Es triste nuestro silencio. En nuestro ADN tenemos actitudes del inquilino de la Hacienda. A nosotros no nos enseñaron a tener sed de gloria, sino  nos metieron en la cabeza que tenemos que agachar  moño y tragar lo que nos den. El ¡Trabaja china de mierda! de El Señor de la Querencia es el germen de nuestra historia.

Ahora en los Oscar va a competir “representándonos” una película que habla de la dictadura y que la dirige un hueón de apellido Larraín Matte y que la protagoniza un mexicano y una mina de apellido Zegers y un guatón de apellido Tagle: no somos nada. Nacimos derrotados.
El es artista. Estudió cine.
El es artista. Estudió cine.
No tenemos ningún campesino o hijo de la tierra ícono en nuestra historia, que se le haya parado a los terratenientes, como en Argentina tienen a Martín Fierro. Somos burro de carga que después piden ser campeón del mundo, con el Gary y con el Alexis. Triste.
En tanto, la Quinta Costa se queda sin agua porque Pérez Yoma está regando las paltas. Por su parte, los jóvenes pidiendo una monea pa ver al arbo campeón.
Somos las lágrimas del viejito Leonel Sánchez, conmovido en su tercera edad ante los cánticos de la hinchada.
Chile
Chile
Faltan años para el coraje. Faltan generaciones para, quizás, desprendernos algún día del fundo.



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