Carta abierta a Laurence Golborne

por Gcontador



Sobre Gcontador

Te aclaro, en primera instancia, que no te escribo esta carta con afán de menoscabo, humillación o burla. Por el contrario, me provoca pena y dolor decirte estas palabras, pues sé que son muchos los chilenos que comparten tus aspiraciones ridículas (aunque cada vez menos quienes comparten tu fascismo recalcitrante) de manera legítima; chilenos que hacen propio el sentimiento de adversidad a circunstancias que deberían constituir su identidad y ser el motivo de orgullo que tú pregonas. Orgullo que aflora cuando dices que se pueden superar todas las barreras asociadas a nacer muchas cuadras al poniente de Manquehue.

Representas a los que sueñan despiertos con estar en la gerencia corporativa del Call Center donde a diario explican a señoras de la tercera edad que la conexión a internet no es lo que ocasiona que no puedan hacer letreros bonitos en WordArt. Y es que esa gerencia corporativa les dará “un mejor status” y les dará a sus hijos la posibilidad de educarse con “mejor gente” para que tengan todo lo que ellos no tuvieron. Podría estar horas discutiendo que todas esas aspiraciones se generan a partir de una dictadura que instaura el modelo del “self made man”, del hombre que debe ganarse la satisfacción de sus propios derechos básicos trabajándole a un patrón y competir con su vecino por quién tiene el mejor auto; destruyendo el tejido social y la idea de que el estado somos todos y todos trabajamos para y nos beneficiamos de él. Pero los ingenieros entendemos matemática y tus declaraciones dan a entender que entiendes sólo matemática. Tu slogan de campaña resume todas esas aspiraciones e ideales, intentando cautivar votantes bajo la idea de que bajo tu administración para todos “será posible” tal como muestras que para ti lo fue. Pero no los engañes, ni te engañes a ti mismo: no has podido, ni podrás, porque NO ES POSIBLE.

La realidad es esa. La conozco de cerca, pues eso a lo que aspiraste toda tu vida sin conocerlo, yo lo vi de cerca y se cómo funciona. Has administrado los negocios de los poderosos, les gerenciaste la parte operativa de sus petroleras, les administraste sus empresas de retail y sus equipos de fútbol, y ahora pretendes administrarles el país que de facto también controlan, y del que en privado (y a veces no tanto) cuentan que les pertenece. Todo de ellos, nada tuyo. No puede ser tuyo, no perteneces a esos círculos pues no naciste Luksic, Angelini ni Matte. Tampoco Walker, Krauss, Zaldívar, Piñera, ni en ninguna de las poquísimas familias que han sido históricamente las familias de la política. Te concedo que te dieron el beneplácito para entrar momentáneamente a ambos círculos, pero tu familia jamás será de esas. Chadwick es primo del presidente y cuñado de Viera Gallo. Bachelet iba al colegio con Matthei. ¿Y tú? no tienes cola de chancho (o, al menos, la endogamia no está en el sector). Ese Instituto Nacional que te brindó una educación que te permitió ser ingeniero no te permite entender las anécdotas de infancia de los egresados del Saint George o el Verbo Divino y no tienes nada que decir cuando te juntas con tus jefes. No ibas de vacaciones donde ellos, no son tus amistades de toda la vida, no hay un pasado común y eso te priva de un futuro común. Puedes presidir Chile y administrarlo servil y obedientemente como lo has hecho todo este tiempo, pero estás donde estás porque esos círculos necesitan aferrarse a una figura popular para asegurarse un puesto después del papelón de tu ex jefe. Y tú les pareces pintoresco y factible. Pero eso es todo. Podrás gobernar y administrarles de manera impecable, pero tu cadáver no va a entrar al Cementerio General por Avenida La Paz.

¿A ver quién se está riendo?
¿A ver quién se está riendo?

En cuanto a ti, puedes cambiar de rumbo o seguir en lo que estás. Cambiar de rumbo implica asumir lo que eres, que naciste Lorence y no Laurence, en Maipú y no en Vitacura, que eres Institutano y no Old Georgian. Luego, darte cuenta que aquello te pone en un sitial donde está el grueso de la población del Chile que existe de Tobalaba para abajo, que tiene otras motivaciones, otras aspiraciones, otra historia y otra identidad. Y finalmente, la parte más fácil y que provocaría el cambio real, es entender que esa identidad no es motivo de vergüenza para la gran mayoría de tus compatriotas, que nacen en Maipú o Puente Alto y en vez de “superar esa condición” cuentan con orgullo donde formaron amistades y familia, que cuando van apretados en la micro van pensando en cómo hacer para que la micro sea más rápida y cómoda para todos en vez de pensar en que el sueldo de una gerencia en Cencosud les permita comprar una todo terreno desde donde miren a sus vecinos incómodos en la micro; que en vez de soñar con vacaciones en una casa propia en Cachagua con piscina y dos nanas se van al Tabo en enero y se juntan con sus amigos a comer jaiba, pescado frito o huevos duros según dé el presupuesto. Es una realidad distinta, ni mejor ni peor, donde la diferencia la marcan tonteras suntuarias como la plata o el apellido, pero que se disfruta más que la constante desilusión de la “movilidad social”. Inténtalo, es posible.

La otra opción es seguir en la parada que estás, la parada aspiracional. Los costos no son monetarios, pero existen. Pregúntale al hijo de madre soltera que se va a Zapallar cada verano con lo puesto, esperando salir de fiesta con quienes viven ahí y ser fotografiado por páginas sociales, si disfruta sus vacaciones (te dirá que si, pero porque vio ropa cara y casas bonitas y no porque haya disfrutado de la compañía de seres queridos). Pregúntale al hijo de padres no profesionales si el viaje por el que se endeudó en 96 cuotas para conocer los mall de Miami le traen los mismos recuerdos que el viaje con sus amigos por un fin de semana a Valparaíso. Pregúntale a la señora de San Ramón que paga medio sueldo para que su retoña vaya a colegio particular en La Cisterna si su hija tiene amigos en su curso, si la invitan a los cumpleaños, si sus compañeros le dicen pesadeces clasistas. O, ya que la ves más seguido, pregúntale a la Cecilia Roxana Pérez Jara si duerme tranquila en las noches después de haberle negado como Intendenta la entrada a Las Condes a los colocolinos que, en su mayoría, esperaban la micro en el mismo paradero que ella, iban al mismo colegio y jugaban a la escondida con ella, todo con el afán de ganarse la palmada en el hombro de los Pérez Mackenna y los Larraín Peña. Ahora está de nana en La Moneda. Asumió su cargo con un vestido comprado en la cadena de retail donde trabajaste, que la Carolina Schmidt tuvo que disimular su cara de asco cuando se lo vio. No vayas a preguntarle los miércoles, porque le plancha las camisas a Piñera y esas mangas cortitas son complicadas para que queden lisas.

 

Extra Lindas
Extra Lindas

Si optas por seguir profesando tu arribismo y quieres ser Presidente de Chile, ten en cuenta que ahí los costos no van a ser sólo personales. Aunque de facto son unos pocos los que lo controlan, el Estado somos todos, y tendrás responsabilidad para con todos. Te va a costar explicarle al joven profesional que prefirió ir a Lollapalooza a sacarse fotos y ser visto en eventos sociales antes que costearse un tratamiento dental, que tenía la obligación de velar por su salud antes de satisfacer pretensiones sociales. Porque también “es posible” necesitar dentadura postiza a los treinta años. Se te va a venir encima el descontento de los que se vengan a dar cuenta, recién cuando les rematen la casa, que no “es posible” sostener un nivel de endeudamiento elevado con todas las casas comerciales existentes para que los vecinos le vean la zapatilla cara y el bronceado del viaje a Brasil. Esos van a estar furiosos, más que los ciclistas. Porque en la sociedad que tus patrones crearon en la dictadura, hasta los derechos básicos como educación y salud se transforman en artículos de consumo con marcas asociadas. La gente a la que le dijeron que tenía que atenderse en la Indisa y no en el Sótero se está sumando a esa masa disconforme. Se te van a ir todos encima, y tu patrimonio de los años en Cencosud poco te va a ayudar.

Así que cuidado con seguir en la parada aspiracional y querer ser Presidente. Te lo digo, el descontento social se va acrecentando y las expresiones sociales de este descontento apuntan en la dirección contraria a la de tu arribismo. Esto es política y no matemática. No se deriva e iguala a cero ni se incluye como variable en un problema de programación lineal. Pídele a alguien que entienda que te explique con peras y manzanas, y tómale el peso.

Es posible CTM
Es posible CTM

 




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