Homenaje a Shakira con pelo negro

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

En los lindos y loquitos años noventa, la rubiedad era una especie de galaxia, sinónimo de oro. El Blondon, los tonos 7,5 y los treinta minutos de espera para lavarse el pelo se incorporaron al sentido común de la nación, y específicamente de la mujer. Ser rubia en el gobierno de Aylwin fue quizás el primer paso hacia el empoderamiento que decantó en Josefa Errázuriz candidata a reina Guachaca (no sin antes el papado de Matilda Svensson).

 

Sin embargo, contra toda esa escala de colores, desde Barranquilla, la tierra del eminentemente moderno Pibe Valderrama, asomaba una damita dulce, joven y alocada, pero respetuosa. Era la maravillosa Shakira, que en sus caderas prominentes y voz andino-caribeña aparecía para llevar a la gloria la música popular latinoamericana, agotada de lágrimas en la tan chilena Myriam Hernández. Shakira fue la precursora en español de todas las princesas gringas del pop. Mezcladora de estilo y propulsora de debates valóricos y sociales.

Esa belle epoque de Shakira, de pelo negro y debate político, se ubican en sus dos primeros disco: “Pies Descalzos” y “Dónde están los ladrones”.

En el primero, destacan hits como “Estoy Aquí”, “Antología” y “Dónde estás corazón”.

“Antología”, el segundo track de esta producción de once canciones, es una obra de arte. Una oda a la pureza de los sentimientos. Y, por sobre todo, un homenaje a la inocencia de los años mozos. Cuando se ama de verdad, cuando uno se entrega completísimamente a otra persona. Cuando se aprende juntos y se conoce el mundo de la mano a alguien tan torpe como uno. “Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos. Tú me hiciste ver el cielo más profundo” está a la altura de “Amiga” de Miguel Bosé. Belleza y lágrimas. La vida bonita, con soles y pasto mojado. “Y descubrí lo que significa una rosa y me enseñaste a decir mentiras piadosas, para poder verte a hora no adecuadas y reemplazar palabras con miradas” es la letra del segundo coro, y que en vez de guatear, estimula más el lagrimal. Esa es la Shakira morena, la que descubría su sexualidad como inherencia del amor. En su canto subyacía un repudio al ponceo y Arenita. Más encima se le enredaba la erre y tenía distintos tipos de ese (una como zeta <3).

En “Pies descalzos destacan: los guiños a Jaimaca en “Un poco de amor” y a Mercedez Sosa en “Quiero”. También son bacanes sus tenues arreglos de bachata en “Te necesito”. Mientras el rock latino, más cercano a GIT que a Maná, se expresa en “Te espero sentada”.

Otra hueá son sus alusiones a la historia universal y a elementos filosóficos, políticos y culturales. “Sola como terminó Colón” y “como Alejandro Magno sin su espada y sin su garbo, como un pobre cristiano en pleno imperio romano” deslumbran en la ya citada “Te espero sentada”. Geopolítica y amor. Dossier sexual.

Pero lo más impresionante del disco es el completísimo ensayo antropológico de “Pies descalzos, sueños blancos”. Parte ironizando con el génesis, sigue exponiendo el desarrollo del hombre a partir del uso de las herramientas para anunciar un severo juicio de la modernidad y su sistema de explotación, en el que vive la violencia de género hacia la mujer (combatida tan vehementemente por la señora Michelle Bachelet en ONU Mujer). La canción es tan maestra que merece la publicación de parte de su letra. Shakira, Nietzche de los 90.

“Saludar al vecino, acostarse a una hora
Trabajar cada día para vivir en la vida,
contestar solo aquello
y sentir solo esto,
y que Dios nos ampare de malos pensamientos.

Cumplir con las tareas.
Asistir al colegio
Que dirá la familia si eres un fracasado?
Ponte siempre zapatos,
no hagas ruido en la mesa,
usa medias veladas,
y corbatas en las fiestas.

Las mujeres se casan siempre antes de treinta,
si no vestirán santos,
y aunque así no lo quieran
y en la fiesta de quince es mejor no olvidar
una fina champaña y bailar bien el vals,
y bailar bien el vals”.

El disco lo cierran la bella “Pienso en ti” (que musicalizó la realistamágica película “Amor en los tiempos del cólera”); “Dónde estás corazón” (hit) y “Se quiere, se mata”.

El segundo disco en la etapa morena de la diva de Barranquilla es “¿Dónde están los ladrones”, un completo tratado político, filosófico y sociológico contemporáneo. Walter Benjamin, Michel Foucault y Shakira.

Parte con la casi ranchera “Ciega, sordomuda”, precursora de la mezcla del pop con ritmos populares de la región, que más tarde vivirían en “El último adiós” de Paulina Rubio o en las colaboraciones de los Charros de Lumaco con Croni-k. La canción parte con los versos “Se me acaba el argumento y la metodología
cada vez que se aparece frente a mí tu anatomía”, palabras que se presentan como un homenaje a las reflexiones de Primero medio o respuestas en una prueba de Tecnología. Disco lanzado en 1998, pleno reinado del hip-hop yankee, cuando cualquier frase rapeada era éxito y estilo. Por eso, entre trompetas y guitarras, “Ciega, sordomuda” tira al más puro estilo Eminem: “Ojerosa, flaca, fea desgreñada, torpe, tonta, lenta, necia, desquiciada, completamente descontrolada tú te das cuenta y no me dices nada”.

El rock latino vuelve en “Si te vas”, que refresca ese carácter rudo-tierno-femenino de la artista.

El tercer track es “Moscas en la casa”, la segunda canción más bella de la etapa de escasos recursos, tras “Antología”. Obra maestra del romanticismo noventero, expeliendo los últimos conchos de ingenuidad, pureza y autenticidad. “Mis días sin ti son como un cielo, sin lunas plateadas ni rastros de sol. Mis días sin ti son como un eco que siempre repite la misma canción”.  Gustavo Adolfo Becquer. En cuanto a la música, se mantiene esa extraña tensión entre estilos. La convivencia de bachata, balada y arreglos seudotecno expresan su carácter visionario hoy presente en Daddy Yankee.

El cuarto track es el eje central del pensamiento shakiriano en su etapa proletaria-latinoamericanista. Advirtiendo ya el riesgo del posmodernismo salvaje, que amenaza toda concepción de lo bello, escribió “No creo”, una declaración de principios políticos y humanistas. Con la excusa del amor, reafirma el criterio filosófico de la verdad: “No creo que el mar algún día pierda el sabor a sal, No creo en mi todavía, No creo en el azar (…) Sólo creo en tu sonrisa azul, En tu mirada de cristal, En los besos que me das, Y en todo lo que digas”.

Se percibe también una reivindicación de sincretismo religioso latinoamericano. No cree en la negación de la verdad del mar y su sal, pero sí en la divinidad de su amor. Realismo mágico. Carnaval de Oruro.

La segunda estrofa de la canción es tanto o más interesante. Aparece una noción de indigenismo, escepticismo e incluso relativismo sofista.No creo en Venus ni en Marte
No creo en Carlos Marx (homenaje a decirle Carlos)
No creo en Jean Paul Sartre
No creo en Brian Weiss (…) Sólo creo en tu sonrisa azul…”.

En síntesis, “No creo” es un llamado desesperado a vivir las relaciones interpersonales con sentido.

Le sigue “Inevitable”, oda a la sinceridad con guiños al feminismo: “Si es cuestión de confesar, no sé preparar café y no entiendo de fútbol creo que alguna vez fui infiel juego mal hasta el parqués
y jamás uso reloj”. Linda.

En la pista seis aparece “Octavo día”, una de las canciones más políticas de la show woman, en la que confirma que es de izquierda, contraria al modelo capitalista de explotación y generador de pobreza. Incluso hace un boceto de su inquietud más profunda: el deseo del comunismo. Aquí las palabras fundamentales: “¿Quién se iba a imaginar
que el mismo Dios al regresar
iba a encontrarlo todo
en un desorden infernal?
y que se iba a convertir
en un desempleado más
de la tasa que actualmente
está creciendo sin parar. (…) Si a falta de ocupación
o de excesiva soledad
Dios no resistiera más
y se marchara a otro lugar,
sería nuestra perdición,
no habría otro remedio más
que adorar a Michael Jackson,
a Bill Clinton o a Tarzán (…) Mientras tanto, este mundo
gira y gira sin poderlo detener
y aquí abajo unos cuantos
nos manejan como fichas de ajedrez”. Anarquía.

En el noveno lugar llega “Tú”, hermosa composición cargada al erotismo, la dulzura del amor primero y el desprendimiento de lo material:Te regalo mi cintura y mis labios para cuando quieras besar, te regalo mi locura y las pocas neuronas que quedan ya”. Es una obra tan maravillosa que tiene el honor de haber musicalizado la historia de amor entre Angela Contreras y Alvaro Morales en La Fiera.

Y por fin llega en el noveno lugar “Dónde están los ladrones”, un estudio exhaustivo de la triste realidad política y social que afectaba a varias naciones suramericanas en la década de los 90, cuando gobernaban petimetres de la talla de Carlos Menem, Alberto Fujimori, Abdala Bucaram y Pablo Escobar (poder póstumo y de facto). Se presenta con “Los han visto por ahí
los han visto en los tejados, dando vueltas en Paris
condenando en los juzgados. Con la nariz empolvada, de corbata o de blue jeans, los has visto en las portada todas, sin más nada que decir”. Finalmente, sentencia a la aristocracia con “Los han visto en los cócteles todos repartiendo ministerios”.

En la música destaca una volá media country, diez años antes de Taylor Swift.

El disco y la era política contestataria de Shakira los cierra con maestría “Ojos así”, con la que de paso saltó al mundo mundial, impactado por tal nivel de talento, novedad, movimiento de caderas y fuerza latinoamericana.

Era el fin de la ternura y el comienzo de su sexo y rubiedad. En cuatro minutos llegó a Medio Oriente a fomentar el amor y el respeto intercultural. Quizás, como los grandes, con su gloria planetaria no renunció a sus inicios materialistas y clasistas, sino que la tomó como una responsabilidad irrenunciable para fomentar la paz en tiempos violentos, insensibles, irrespetuosos y salvajes. Homenaje eterno, estrella regionalista. “Fui desde el norte hasta el Polo Sur. No encontré ojos así, como los que tienes tú”.

 

 

 




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