Repudio a la objetividad en el periodismo

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Prender la tele a las 9 de la noche y pasear por las frecuencias nacionales es una aventura que requiere de cierto grado de control emocional e intelectual. Las familias que a esa hora comen (o “cenan”, como dicen en algunos sectores de la Circunscripción Santiago Oriente, reticentes a “tomar once”) se enfrentan a líneas editoriales que arrasan con cualquier ápice de dignidad periodística y/o humana.

Se suele responsabilizar en buena medida a los grandes conglomerados de medios que imponen su visión ideológica. Pero es tiempo de que identifiquemos a los otros responsables: los periodistas (muchos de ellos en el último eslabón de la jerarquía de mandos) que defienden ese paupérrimo concepto llamado “objetividad periodística”.

Embriagados con principios positivistas, estos reporteros defienden a ultranza sus lugares de trabajo, aduciendo que en su medio “se muestra la visión tanto de izquierda como de derecha” o “hay que responder a lo que las audiencias quieren ver”. Responsabilizamos de esto no sólo a la sociedad neocapitalista y al duopolio, sino también a instituciones educacionales que, desde una vereda netamente liberal en lo valórico, promueven esta idea de que al hacer periodismo hay que anular la visión personal y mostrar “los hechos de manera objetiva”.

Acá apuntamos con nombre y apellido a la Universidad Diego Portales (más conocida por sus siglas de marketing: “la UDP”). En esta casa de estudios se encuentra uno de los principales escollos para que se deje de exigir objetividad y se comience a hablar de puntos de vista. Cuánto daño hacen muchos de sus egresados al catalogar de bueno o malo un trabajo de prensa en tanto es más neutral o menos sesgado. Cuánto daño hace Carlos Peña en su columna de El Mercurio al ser la insignia de un cierto “pluralismo” en el diario de Agustín Edwards. El texto semanal del rector de la UDP vendría siendo algo así como la prueba de que “hay también una visión de izquierda” y “todas las miradas tienen cabida” en el Decano. Nefasto.

Objetividad
Objetividad

En eso han hecho mucho daño también ciertos rostros televisivos de retail tipo Macarena Pizarro o Soledad Onetto. Periodistas con “credibilidad” que apenas pueden, y de manera un tanto indirecta, manifiestan su indignación frente al cierre de RCTV en Venezuela o frente a “lo sesgado” que es el Granma de Cuba. Más allá del cuestionamiento ético que recae sobre las conductoras; que mientras presentan una noticia sobre los abusos de La Polar, invitan a endeudarse con los Días R Ripley; más allá de la admiración que reviste haber animado Viña junto al Halcón, es necesario plantear el problema de ser rostro-periodista: cáncer de la prensa.

Ese discurso “objetivo” también se derrumba cuando los periodistas van a las marchas y hacen preguntas tipo “¿por qué protestas si no habías nacido para el ’73?”, o cuando Amaro Gómez-Pablos condena moralmente a los desamparados que saquean un supermercado en pleno cataclismo.

Es necesario volver al periodismo de trinchera. Que los obreros que leen La Cuarta durante la hora de colación (mientras toman Coca-Cola de 2 litros -comprada tras hacer una vaca entre cinco- y escuchan a Américo en la Radio Corazón -1° en sintonía en el dial-) sepan que es un diario con habla en coa popular, pero que a la hora de los “quiubo” no va a defender los intereses de la clase trabajadora. Porque aquellos tabloides que se definen como “libres” y “veraces” nunca van a dejar de rendir cuentas a sus auspiciadores: las grandes cadenas de farmacias y supermercados o las empresas de telefonía celular, quienes se adueñan de la contraportada y muchas de las páginas interiores de cada edición de “el diario pop”.

Asimismo, es sumamente criticable la actitud de ciertos sectores de izquierda que se molestan con el tratamiento de las noticias en los grandes medios y que se apuran en exigir, por ejemplo, que Canal 13 sea objetivo cuando su dueño es Andrónico Luksic. No es malo que la prensa hable desde una posición, lo malo es cuando no se tiene claridad que el fin último del periodismo es el tratamiento ideológico de los hechos. No hay por qué exigirle a El Mercurio que sea pluralista, y ni siquiera a TVN, porque al final los medios son espacios en constante disputa política e ideológica.

También corresponde reprender a esa izquierda que se hiperventila cuando programas como Chile se Moviliza es emitido en horario prime (y que más encima alega por la paliza en rating que les da Las Vega’s o Mundos Opuestos, culpando a la señora de polar de preferir la entretención de Joche y compañia frente a la densa propuesta audiovisual de “la TV de calidad”), pues lo que consiguen con eso es un lavado de imagen para aparentar cierta falsa diversidad de miradas en dichos canales.

Al final, el problema no es la falta de pluralismo dentro de las líneas editoriales existentes, el problema es la ausencia de medios que hablen desde una posición sincerada. Ya es hora de apostar a llegar a las grandes masas (proponemos expropiar CHV, Copesa e Iberoamericana Radio Chile) y no sólo dar la pelea desde los medios alternativos. Cuánta falta hace un medio masivo que se encargue de desenmascararlos uno por uno (como Sergio Markarián el 2011) en esa defensa a la llamada objetividad. Cuán necesario es una radio FM, un canal de TV abierta, un diario o un revista con circulación nacional (en papel couché, ya basta de papel roneo) que vele por los valores y las necesidades de Chile y su pueblo. Y para eso hay que unir fuerzas no sólo periodísticas, sino también políticas (Telesur, te pensamos).

Ah, y por favor, a todos los medios de izquierda: dejen de ser tan fomes, por la chucha. Así no hay objetividad ni subjetividad que los salve del fracaso.

¡Marcel Claude, hay que ser pragmático!
¡Marcel Claude, hay que ser pragmático!



9 comentarios sobre “Repudio a la objetividad en el periodismo”