Homenaje a Cachureos ‘96, un disco clave de la transición

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Mientras las hordas de hipsters y arribistas aún están decidiendo qué ropa ponerse este fin de semana, en La Feria queremos homenajear a uno de los números más importantes, a nuestro juicio, del cartel de Lollapalooza 2013 (evento al cual no asistiremos, debido a insalvables diferencias socio-culturales con la organización).

Estamos hablando, por supuesto, de Cachureos, el programa infantil más influyente del Chile de los últimos 40 años (ahí quedaste, 31 Minutos), aquel que ha marcado a fuego la niñez de dos generaciones completas: una que lo miró por TV durante el último tramo de la dictadura y la más recordada, la época de oro, aquella que vio el show del Tío Marcelo tanto por la tele como en los múltiples eventos que recorrieron anfiteatros municipales, gimnasios Digeder y teatros ferroviarios de todo Chile en una infancia edulcorada bajo los gobiernos democratacristianos de los ‘90.

Como bien sabemos, la llegada del siglo XXI trajo la debacle en rating y Cachureos sucumbió en el segmento matinal de los fines de semana, perdiendo influencia en la juventud de los ‘00 frente a Juan Carlos Bodoque y Tulio Triviño (ambos actualmente trabajando para el departamento de marketing de Claro Chile S.A.), los cuales tomaron la posta en la empresa de colonizar el subconsciente infantil durante los gobiernos de Lagos y Bachelet.

Por eso, en la previa de su regreso triunfal al llamado “mainstream”, revisamos y reivindicamos uno de los mejores trabajos musicales de la década y, a la vez, paradigmático en la trayectoria artística de Epidemia, el Gato Juanito, Wenceslao y compañía: “Cachureos ‘96 (La Mosca!)”.

Producido por el mismo Tío Marcelo (Hernández) y con arreglos del maestro Horacio Saavedra (UDI), “La Mosca!” es la 9° placa de estudio que lanza el programa infantil que, por aquel entonces, tenía domicilio televisivo en TVN. Desde 1988, el Tío Marcelo (amo y jefe absoluto del proyecto) tomó la sana costumbre de lanzar un casette/CD al año con covers y canciones originales interpretadas por los personajes del show, entregándonos así grandes obras maestras del pop nacional como “Cachureos ‘91” (incluía el hit single ‘La Coneja del Bikini Amarillo’), “Cachureos ‘93: El Baile del Perrito” (que sonó en cuanta discotheque, matrimonio y cumpleaños hubo ese año en el país) o el tremendo “Cachureos ‘94: A Mover el Pollo” (éxitos como ‘A Mover el Pollo’, ‘Congelao’ o ‘Yo Soy Juanito’, la canción emblema del gato que emulaba el maquillaje de KISS y que en poco tiempo se volvió un personaje emblema de la cultura pop nacional).

Vendepatria

Así, llegamos a la mitad de la década y ese año el Tío Marcelo y sus personajes lanzan “Cachureos ‘95”, un casette/CD repleto de éxitos instantáneos que no presenta ningún punto bajo en su tracklist de 12 canciones. Aquí Cachureos se atrevió a explorar géneros como la cumbia, lanzando como 1° corte promocional un gran cover de ‘Tarjetita de Invitación’ de Adrián y los Dados Negros a cargo de la voz de Epidemia. O la versión renovada del rockabilly de los ‘50 en ‘Twist del Esqueleto’, el cual es interpretado magistralmente por el Gato Juanito, por nombrar sólo un par.

Pero si “Cachureos ‘95” es algo así como el “Dark Side of the Moon”, lo que viene al año siguiente vendría siendo el “The Wall” de la banda liderada por Marcelo Hernández. Son 10 canciones que en menos de media hora de duración alcanzan una cumbre creativa que no se volvería a repetir en las entregas posteriores del programa infantil. Es que en “La Mosca!” todo es perfecto, son dos canciones originales y ocho covers que logran llenar de alegría y diversión el corazón de cualquier niño. Todo acompañado de una elaborada y exquisita musicalización que, como mencionamos, estuvo a cargo de Horacio Saavedra, el mismo que dirigió la orquesta del Festival de Viña del Mar en innumerables ocasiones.

Transición a la democracia

Al hacer un análisis track por track, nos encontramos con verdaderos documentos que fueron la banda sonora de los niños que vivieron su infancia al alero de la democracia tutelada. Porque hay que recordar el cambio de paradigma que vivía Chile en esos locos años ‘90. Durante la transición, los lactantes de los ‘80 se vieron enfrentados a un valiente nuevo mundo que les ofrecía TV Cable, Super Nintendo y McDonald’s. Hijos de la globalización y de un país que crecía al 7%, estos infantes ya nada tenían que ver con los niños ochenteros tipo Brunito o Felix (los cuales en esta década se convirtieron en nefastos universitarios que no estaban ni ahí con nada, como el Chino Ríos el ‘95). Y “Cachureos ‘96” retrata bien el espíritu de estos niños que hoy son adultos jóvenes entre los 23 y los 30 años.

El casette/CD abre con el corte que da nombre al álbum. ‘La Mosca’, original del brasileño Raul Seixas, fue la canción más conocida de este trabajo. Con un videoclip de estética totalmente noventera (aunque con efectos especiales dignos de El Chavo del 8), alcanzó no sólo el éxito infantil, sino que tuvo incluso rotación radial y fue un imperdible en las discos de aquel lejano 1996. Llama la atención el efecto pitch en la voz para emular lo que se supone sería el timbre de una mosca, quitándole toda la seriedad que tenía la versión de Seixas (padre del rock en Brasil), la cual era una metáfora política en contra de la dictadura militar del país carioca. Aún así, los arreglos de teclado le dan una onda que calzaba con el espíritu de éxitos de la época como ‘El Baile de la Botella’, ‘Saltando sin Parar’ o ‘Una Brasilera’. Hit total.

‘Canta Cachureos’, el track 2, es una original del programa donde la voz del Tío Marcelo llama a alejarse de las drogas, de las malas juntas y a hacerle caso sólo a tus padres. Aleccionamiento moral en una entretenida melodía y buenos arreglos de vientos. Luego encontramos esa joya llamada ‘Otorrino Laringólogo’, que con un ingenioso juego de palabras en torno a la figura de las especialidades de la medicina, crean un deleite para las ávidas mentes infantiles dispuestas a aprender nuevas palabras y significados.

‘El Medico Brujo’ es una adaptación de ‘Witch Doctor’ un clásico del pop gringo. Con un coro que dice “uh ih uh ah ah / ay ay / me duele la guatita / uh ih uh ah ah / que llamen a un doctor” y con la voz a cargo del conejo Wenceslao, la letra trata la temática de enfermarse por comer mucho y la desgracia de tener que ir al doctor a raíz de aquello. Por otro lado, ‘El Rey y Yo’ es un buen cover de Los Ángeles Negros, con arreglos mucho más fiesteros que la original y mucho mejor que otras versiones de este tema (como la que hicieron Los Tres el 2000).

Repudio a los iPhones

La segunda mitad del álbum (el lado B en el casette) parte con ‘Haga Cacuca’, canción original de Cachureos que, sin tapujos, invita a los chiquillos de la época a ir al baño a cagar. Una batería en clave thrash metal, un acordeón juguetón, versos en japonés de parte de Marcelo y la magistral aparición en voces de Epidemia (con versos como “no te preocupes / si quedái sucio / aquí tení papel) la convierten en uno de los mejores tracks del disco.

‘Que se Mueran los Feos’ fue el segundo single y también contó con un videoclip urbano que logra retratar las calles del Santiago de 1996 con la entretenida propuesta de Marcelo y sus muchachos buscando ”feos” por la capital. Irreverencia noventera, lejana al olor a mierda de los fans de Plan Z. También es una versión muy superior a otras que se han hecho en Chile del mismo tema, como la que hizo Ángel Parra Trío en los ‘00.

‘¡Ring Ring Ring! Teléfono’ mantiene arriba el alto nivel de musicalización con un elegante ritmo jazzero y trata una problemática típica de la época: estar chato de contestar a cada rato el teléfono de un hogar. Problemática que no existe en el Chile de los iPhones, el Whatsapp y el Internet, donde se acabó eso de “Aló, hola tía. ¿Estará el Pablo?”. Una fotografía completa del periodo.

El tramo final contiene dos de los mejores temas de la placa. ‘El Ladrón’ (3° single) es una canción con una pegajosa melodía a cargo del Gato Juanito que trata el tópico de la delincuencia, una de las principales deficiencias del programa político de los gobiernos de la Concertación. Juanito cuenta la historia de un robo en su hogar donde incluso llama a tomar armas de fuego en defensa propia. Paranoia que perfectamente podría musicalizar un documental estilo Michael Moore.

Por último, y para cerrar el disco, el merengue de ‘Desde que la Vi’ (4° y último corte promocional) viene a ser la única canción de amor del tracklist. Entretención bailable que en la voz de Epidemia relata la historia de un amor correspondido, invitando a dejar a las personas que no te satisfacen del todo (versos como “al fin encontré una grasosa / que me quiere y no es celosa” o “en ella sí que encontré / la dueña de mis olores”). Mención aparte al video de la canción, grabado en Chiloé y con una muy buena propuesta audiovisual.

En resumen, un álbum de categoría internacional que no tiene nada que envidiarle al debut de “31 Minutos” (2003) o a cualquier disco de Nubeluz. “Cachureos ‘96” es un imperdible para cualquiera que quiera experimentar lo que es ser un niño noventero con un alto nível lírico y musical. Por si fuera poco, su cuidado arte trae en el interior del casette dibujos de los personajes del show para colorear (auspicio del chicle “Dos en Uno” mediante, otro ícono de la década).

Cachureos es lo único que lamentamos no poder ver en Lollapalooza, pero esperamos pronto una gira nacional donde interpreten parte de este trabajo (y por qué no, que lo toquen en su totalidad). Porque ya es hora de poner a “Cachureos ‘96” en el sitial que se merece: uno de los mejores discos en la historia de la música chilena. Y si es que no, para todos los que jamás pisaremos el Parque O’Higgins invadido de cuicos, queda el recuerdo de haberlos disfrutado en los asientos de ese tren que pasaba por el barrio los fines de semana, cobrando gamba por darte una vuelta a la manzana al ritmo de ‘La Mosca’.

A ver bandas con el hijo en bicicleta



26 comentarios sobre “Homenaje a Cachureos ‘96, un disco clave de la transición”