Repudio a Cecilia Pérez, la más ordinaria de todos los tiempos

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Porque guatsaca no es lo mismo que atorrante; y porque guachuchero no es lo mismo que picante, ser ministro de Estado no necesariamente indica decencia, decoro, sobriedad y pulcritud. Más allá de los proyectos gremial-alucinógenos de Joaquín Lavín, más allá de la pobre estética facial de Andrés Chadwick, e incluso mucho más allá de la pasión por los pobres de Pablo Longueira; un personaje femenino es la cumbre de lo último en cuanto a dignidad en el Palacio de La Moneda. Es Cecilia Pérez Jara, la ordinaria. 

En la vocera de gobierno, es decir, la voz de la casi absoluta autoridad nacional, reside de todo menos Aseo, compostura y adorno, adjetivos necesarios para la decencia, según la primera acepción de la RAE. Para qué hablar de su carencia de recato, honestidad y modestia, atributos requeridos por la segunda definición.

 

Es Cecilia Pérez, RN pobre, concejala por La Florida entre 2000 y 2011, subdirectora del Sernam entre febrero y julio del 2011 e Intendenta Metropolitana hasta el 5 de noviembre de 2012, cuando definitivamente se terminó de pudrir todo con su instalación en Palacio.

Ya como jefa regional mostró que en ella todo es vulgaridad e insolencia; y que el diálogo no es su forma de lucha.

En la Intendencia su rol comunicacional primordial fue atacar la violencia en los estadios de fútbol, con el objetivo ingenuo de ayudar al gobierno a subir en las encuestas en medio de un país movilizado. Su arribismo alcanzó el esplendor un 17 de octubre de 2011, jornada conocida como el apartheid de Las Condes, debido a que la Universidad Católica no permitió el ingreso de hinchas de Colo Colo a San Carlos de Apoquindo. Ese día terminó con 300 hinchas albos detenidos al más puro estilo Sudáfrica. Entonces, el país patriota pensó por horas a Martin Luther King y a Nelson Mandela mientras el diputado Hugo Gutiérrez acusaba a Pérez Jara de salirse “de la Constitución al permitir que Carabineros actuara de esta forma”.

I have a dream. #naquever
I have a dream. #naquever

Luego de su poco republicana declaración de guerra a Pancho Malo, su ambición de sheriff de escasos recursos la llevó a mostrar toda su ficha técnica a través de Twitter, donde a la mención “los colocolinos estamos esperando con ansias su campaña como diputada”, atacó con la blasfemia “Así? (sic), sea más explícita, se atreve?? o sólo es chorita x twitter”. Motivo de crucifixión para la cuenta de @Ortografía.

La indignidad en los actos y en las palabras continuó en el patio de los naranjos, desde donde nuevamente encabezó una polémica por Twitter (pobreza moral). Tras afirmar a la prensa estar más preocupada por el partido entre Chile y Uruguay que por el regreso de Michelle Bachelet al país, el no recatado honorable Fidel Espinoza (PS) la trató en justa medida de imbécil. Fiel a su estilo, la secretaria (de Estado) respondióPucha, a @fideldiputado no le gusta el fútbol….no importa, mañana todos con La Roja….menos el!!! #VamosChile“. ¿República?, ¿se imaginan a Radomiro Tomic retuiteando a Enrique Silva Cimma? no somos nada.

¡Que vuelva el honor!
¡Que vuelva el honor!

Y a menos de un mes de esa exposición de desmesura, se graduó como la ministra más ordinaria de todos los tiempos en la acusación constitucional contra Harald Beyer. Mientras el senador Alejandro Navarro exponía -no con mayor altura retórica-, la Cecilia Pérez, vestida de salida al Plaza Vespucio, vociferó “hueón” para luego desmentir al dignísimo caballero Jorge Pizarro. El show continuó al aclarar en Twitter (otra vez) que no le había gritado “vuélvete a Venezuela, mono conchetumare”. A la mañana siguiente, aún con lágrimas en los ojos (atentando a la máxima nacional “la política es sin llorar”), cerró el circo con un “si se me salió un chilenismo no tengo problemas en pedir disculpas”.

Qué chucha pasó con el respeto a Aristóteles, a la virtud de la prudencia y la práctica de la razón. ¿Hasta cuándo las afrentas a Hobbes, Locke y Rosseau? ¿se imaginan a a Gustavo Hasbún en la Cámara de los Lores, o a Cecilia Pérez en el Parlamento de la Unidad Popular? ¿hasta cuándo vamos a seguir repitiendo la sentencia política de nuestros tiempos, esa que reza que no somos nada?

Alma de Cristo, Santifícame; Cuerpo de Cristo, Sálvame; Sangre de Cristo, Embriágame; Agua del Costado de Cristo, Lávame; Pasión de Cristo, Confórtame.

Conmigo no perrita.
Conmigo no perrita.

 




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