Repudio a los futboleros ahueonaos

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Hay dos tipos de periodistas que son muy propensos a volverse unos verdaderos sacohueas: los periodistas musicales y los periodistas deportivos. En esta pasada, nos detendremos en los segundos para denunciar las peores prácticas que ha ocasionado el malentendido fanatismo por el fútbol. Porque la cosa no es sólo en algunos hombres y mujeres de prensa, sino también en cierto tipo de hinchas y simpatizantes de los diversos clubes del Chile continental (saludos a la selección de Rapa Nui).

Suele ocurrir que en los días del llamado “Súper Clásico” asoma lo más bajo del alma futbolera de todos nosotros. Ya sean del Colo o de la U, muchos incurren en dichos o comentarios que son repudiables desde las más diversas aristas. A saber:

Primero que todo, las tallas clasistas tipo “arbo campión”, una muestra de la peor cara humana de los hinchas ilustrados que se jactan de no pertenecer a la clase social que prevalece en los codos norte y sur de nuestros estadios nacionales.

Segundo, el irrespeto por la dignidad de los clubes rivales. Acá no se trata de eliminar los ingeniosos cánticos que dan vida y alegría a las tribunas, muchos de ellos burlándose de las penurias o malos momentos del adversario (homenaje a “es para el _______ que lo mira por TV”). Nada mal con eso. El problema empieza cuando esos cánticos devienen en racismo, fascismo y clasismo.

Por ejemplo: cuando juega “la Roja de todos” contra algún pueblo hermano de Sudamérica y asoma esa homofóbica y xenófoba melodía que dice “porompompom porompompom el que no salta es  _______ maricón”. O cuando se refieren a Cobreloa como “Pobreloa” por estar ubicada en Calama, aquella noble y desértica ciudad que sustenta económicamente al país pero que, sin embargo, vive la penuria de poseer las riquezas y no quedarse con nada. Eso por nombrar sólo un par de ejemplos de los miles que existen de parte de los bien llamados fanáticos.

Pobreza humorística

Tercero, la ausencia absoluta de visión crítica de lo que sucede en el equipo de sus amores. Estos futboleros supeditan toda crítica a las dirigencias deportivas solamente en función de los buenos o malos resultados que se están obteniendo. ¿Dónde están los hinchas de la U que -más allá de los títulos- critican la gestión de Azul Azul que arma y desarma planteles con la misma visión empresarial que un gerente hace recortes de personal en una fábrica?

De la misma forma, muchos hinchas de Colo-Colo sólo critican a la administración Blanco & Negro en tanto tiene al club sumido en la debacle en la que se encuentra actualmente. Y la verdad es que los que estamos contra B&N apuntamos a la forma de entender a los clubes como asociaciones que debieran aspirar a generar identidad con la comunidad y ser un punto de encuentro. A que los clubes sean de su gente: de sus socios, de sus hinchas, de sus funcionarios, de sus jugadores e incluso de sus vecinos.

Qué distinto serían los clubes si fortalecieran el desarrollo del deporte local, que tuvieran una cantera prominente con jugadores dispuestos a defender los colores con la vida sólo por hecho de que son parte del lugar donde se han criado. Qué distinto sería que hubiera dirigentes con visión a largo plazo, que apuntaran a conformar planteles competitivos para aspirar a cosas grandes y no llegar y desmantelar planteles vendiendo jugadores a diestra y siniestra a Europa (como quien vende materias primas) para llenar las arcas de las concesionarias sin ninguna planificación global (si no recuerden el caso de la venta de Edu Vargas a Italia que hizo banca todo el año en el Napoli cuando podría haberse quedado a ayudar a la U a ganar la Libertadores el 2012).

Qué desperdicio

Cuarto, la misoginia y el ahueonamiento máximo que hay al tratar a los hinchas de otros equipo como “zorras”, “madres” y “monjas”. No es por dar la lata con temas de género (aunque en realidad sí daré la lata), pero ¿no se dan cuenta de la violencia lingüística que hay en estos adjetivos? Incluso los jóvenes idealistas de izquierda, que tanto creen en la emancipación de las cadenas del capitalismo, no tienen problemas en hablar de “madre culiá” o “monjas cagonas”. Y qué decir de las mujeres que ocupan este patético vocabulario totalmente naturalizado y patriarcal. Enfático repudio (espero que si utilizan estos conceptos sientan vergüenza después de este párrafo).

Quinto, los que defienden a muerte a “Los de Abajo” o la “GB” cuando éstas muchas veces son mafias inmensas, dirigidas por capos con contactos con el narcotráfico y financiadas por los ladrones de cuello y corbata que tanto repudiamos.

Sexto -y ahora sí hablaremos de periodistas-, los reporteros que no dudan en defender medidas como Estadio Seguro o criticar a “los antisociales de siempre que causan la violencia y alejan a la familia de las canchas”. Cuánta deshonra a la profesión, cuánta ausencia de mínima capacidad de análisis social (si es que no lisa y llanamente un servilismo patronal asqueroso).

Infiel (homenaje a Mónica Pérez)

Séptimo, y aquí entra a la palestra gente que no le gusta el fútbol (pero que es igual de ahueoná): el típico hueón que mira en menos al fútbol por ser “una tontera” mientras “seguimos gobernados por la derecha y las grandes empresas siguen convirtiéndonos en sus esclavos”. Esa moda hipster de sentirte moralmente superior porque no te gusta el fútbol y criticar a los hinchas porque “parecen mononeuronales celebrando o sufriendo por hueones que corren detrás de un pelota” es tan detestable que merece repudio internacional.

Es que en serio, cómo tan ahueonaos. Acá les explico en fácil el asunto: si el fútbol es para ustedes “el opio del pueblo” y está convertido en una industria del entretenimiento como Hollywood es culpa del sistema económico, nunca del balompié. Es cierta esa frase cliché que Diego Armando pronunció el 2001 en La Bombonera: “la pelota no se mancha”. El fútbol no tiene la culpa de nada. Es más, el fútbol es uno de los pocos fenómenos sociales que no han sido impulsado por EEUU. Por favor, un mínimo de altura de miras.

Todo este vómito es porque ya me harté. En serio: basta de ahueonamiento. Hasta cuándo. Todos tenemos un cercano (amigo, hermana, primo, polola, tío, mamá, etc.) que es hincha del archirrival, por lo que seguir creyendo que el apoyar a un equipo de fútbol diferente al tuyo merece el denigramiento hacia el otro sólo nos llevará a la miseria moral.

El fútbol es pasión, alegría, vida. Uno de los mejores inventos de la humanidad. Como dice esa frase tan sabia y bonita de Sacheri: “Hay quiénes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol”.

Es momento que dejemos todas las actitudes de mierda que tenemos al momento de admirar este regalo divino que es el football soccer. No lo perdamos en el manto de la mediocridad, demos gracias por el arte del fútbol. Lo único que les pido es que por favor, pero en serio que por favor: dejemos de ser tan ahueonaos.

Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha



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