Homenaje a “El Rincón del Sabor”: La unidad de la izquierda hecha restaurante

por Matilde Mendez



Sobre Matilde Mendez

“Vereda norte de la Avenida Libertador Bernardo O’higgins, al lado del Cine Arte Alameda”, rezan las coordenadas donde se convoca toda previa, cumpleaños, aniversario partidario, anuncio público, evento futbolístico o espontánea reunión de camaradería al calor del más barato pitcher del mercado contra toda ley de la economía. Basta con entrar batiendo la estrecha mampara cualquier tarde-noche del año -salvo festivos, pues todo indica que la empleadora cumple con los derechos de sus trabajadores- para que el acogedor entorno de este autodenominado Pub-restaurant envuelva a los comensales en una atmósfera de clásicos musicales, buenos precios, acalorados pero fraternos debates y un sentido de fidelidad inigualable. En definitiva, el éxtasis: El Rincón del Sabor.

Antro de unidad de la izquierda y el progresismo, donde comunistas y anarquistas reviven los mejores momentos de la lucha republicana, la Nueva Mayoría no pelea por cupos parlamentarios y la élite juvenil universitaria en busca de adrenalina más abajo de Plaza Italia se encuentra frente a frente y codo a codo bebiendo de los mismos jarros que el último lumpen alcohólico que se dispone a bailar a toda luz junto a la primera mujer que, ignorando su aliento crónico a vino y cerveza, ceda ante su insistencia. No hay distinción de clases, el comunismo hecho restaurante; el verdadero centro social de la década.

Como ya se hizo entrever, la más evidente bondad de este lugar radica en la conveniente relación precio/calidad que ofrece a su público, en donde destaca de por sí el pitcher, pero también la promoción de un pitcher más papas por $4.000 o con chorrillana por $6.000, no hay dónde perderse. Si bien los 1.8 litros de cerveza partieron en $1.990 el año 2010 (tiempos desde los que se tienen los primeros registros y avistamientos del lugar), hoy su precio fluctúa (tan sólo) entre los $2.200 y $2.500 dependiendo el día. En este sentido, algunos reconocen que hipotecan cantidad por sobre calidad del brebaje, generando hipócritas debates en torno a una institución que primero se defiende, y sólo luego se critica. Sin embargo, al paso de las horas cualquiera salvedad pasa a segundo plano y prima la convicción e identificación con el proyecto colectivo. En la carta se ofrecen italianos, empanaditas de queso, lomitos, almuerzos y parrilladas, entre otros, y además de la cerveza figuran tragos como el terremoto, borgoña (a $4.500 los 1.8 litros, maravilla) y una hueá verde rara.

Cabe decir que, de buenas a primeras, la estética del lugar devela un pasado de probable club nocturno, al fijarse en las paredes cubiertas de espejos que hoy por hoy generan la sensación de amplitud y una mayor iluminación en términos decorativos. Sin embargo, la calidad humana de sus anfitriones viene a convertir al “Rincón” en un local de corte familiar a eso de las tres de la tarde (en atención a la disposición de sus hileras de mesas aptas para comer y no tan sólo beber), o en un lugar de sano esparcimiento ya más entrada la noche. Incluso es necesario saludar el hecho de que los episodios relacionados con el uso de drogas duras en los baños son excepcionales, a diferencia de otros pub-restaurantes del sector, cuya moralidad es de dudosa existencia.

Es tal la familiaridad y sentido de pertenencia que se puede generar en este espacio que hay quienes, sobreponiéndose a todo razonable prejuicio y desconfianza, dejan cargando sus teléfonos celulares tras el alejado mostrador que oficia de centro de operaciones, lo cual en los tiempos que corren equivale a estar dispuesto a ser desnudado por un extraño a la vez que te realiza tocaciones, todo esto, mientras uno permanece con los ojos vendados. Así las cosas, no bastando con las muestras de cariño ya mencionadas, en todo momento hay confort a disposición de quienes lo soliciten antes de ir al baño, en ocasiones regalan maní cervecero y, finalmente, en el extremo del amor por los comensales, en caso de anunciarse una celebración relevante que esté siendo llevada a cabo en sus inmediaciones, la casa ha llegado a rajarse con pitchers o incluso terremotos para los festejados.

¿Trabajo de diseño?
¿Trabajo de diseño?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tema aparte es el potencial para dar el salto cualitativo del baile en este local. Francamente alejado del giro de discoteque, El Rincón del Sabor no obstante cuenta con un amplio living amoblado con sillones de cuerina negra y dispuestos en torno a una mesa de centro que no pocas veces ha sido desplazada en favor de generar la correlación que permita hacer carne y sudor las provocadoras melodías que emanan de una muy notable rockola ($100 las canciones sin video y $200 las con video). Es así como bajo la inquisidora y completa iluminación de la improvisada pista de baile se dan cita todo tipo de parejas que al rato se ven salir de la mano quizás con un rumbo mucho más extraordinario.

Pero la pasión en El Rincón del Sabor tiene muchas expresiones y no se agotan en el baile: cantar a todo pulmón es un derecho garantizado en la Patria que constituye nuestro antro. Camilo Sesto, Raphael, Luis Miguel y Juan Gabriel; Marc Anthony y Aventura; Soda Stereo y Los Prisioneros -y, los días de semana, tandas de inexplicables videoclips ochenteros- son los encargados de llegar al alma de todo romántico empedernido que frecuente la cantina.

Antes de concluir, quisiera hacer acaso los únicos tres reparos que alguien pudiese tener sobre Le Rincòn: en ocasiones han habido altercados basados en la falta de claridad sobre la cantidad de cerveza consumida, por lo que se recomienda llevar una detallada cuenta de ello e ir pagando de tanto en tanto para evitar malos entendidos; la constante presencia de una vagabunda súper pesada que te apunta con un arma de juguete que a veces asusta; y la misteriosa existencia de una vela de color rojo o negro -nunca blanca- a la entrada, lo que siembra las sospechas del uso de magia negra por la dueña del lugar.

Por lo tanto, cabe expresar un eterno homenaje a este lugar que día a día sabe reencantarnos con su hospitalidad e innovaciones -tales como el acceso a los baños, que nos hacen sentir como vaqueros del lejano oeste cada vez que batimos las puertas decoradas con unos kitsch calados en forma de corazón-. Sede de la alegre rebeldía, segundo hogar, alma máter, todo eso y más. TE AMAMOS RINCÓN.




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