Dënver, una historia de amor posmoderna

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Aunque la mayoría del centro social aún no sabe ni siquiera que existen (por favor, parémosla con la talla fome de “yo al único Denver que conozco es a El Último Dinosaurio”), la noticia fue un remezón tanto para el indie nacional como para las redes sociales. Las declaraciones en la prensa de los afectados han hecho aún más dolorosa la separación y, por ende, han alcanzado más impacto que cualquiera de sus trabajos. Pero, ¿de dónde salieron? ¿quiénes son?

Para quienes no los alcanzaron a conocer, Dënver es un dúo pop compuesto por dos tímidos chiquillos: Milton Mahan y Mariana Montenegro. Ambos oriundos de  San Felipe, se conocieron en una fiesta adolescente donde Milton quedó prendado de la sencilla belleza de Mariana. Esa noche, Milton se armó de valor y la sacó a bailar, le metió conversa, descubrió que escuchaban música parecida y que ella tocaba teclado. Un par de días después, él ya la estaba invitando a formar una banda.

Se hicieron amigos, pero con eso a Milton no le bastaba. Tras mucho insistir, finalmente la supo hacer. Pololearon y, en los ratos de ocio, se dedicaron a componer algunas canciones. Tocaron un par de veces en fiestas de sus amigos, armados apenas con una guitarra y un teclado Casio. Salieron del colegio: Mariana se vino a estudiar a Santiago y Milton, enamorado, la siguió. Mariana, que venía de una familia de profesores, logró entrar a estudiar Musicología en la PUC (pese a venir de un colegio que cobraba una mensualidad de 15 lucas). Milton estudió Sonido en una institución privada y, para pagarse los estudios, trabajaba por menos del sueldo mínimo en el Dunkin’ Donuts o en el Telepizza. Dormía poco y llevaba una vida sacrificada (en un momento llegó a ganar la mísera suma de $550 la hora). No obstante, la banda y el amor por Mariana todo lo podían.

“Por ese sueldo tan bajo mejor salí a robar”, le dijo alguna vez Mariana, a quien le daba mucha pena la situación. Ahí decidieron salir a tocar al Transantiago juntos. Sacaban en promedio dos lucas por micro tocando sus propios temas. Mariana se subía con un acordeón y Milton con una guitarra de palo (una vez Mariana se cayó de espalda cuando el chófer abrió la puerta y se pegó con el acordeón en la pera). Conocieron casi toda la capital tocando en las micros.

Paralelo a esto, graban y lanzan artesanalmente su primer CD: ‘Totoral’ (2008), un trabajo lleno de ingenua madurez, con bases electro-pop y arreglos orquestales hechos en sintetizador. Letras semi-adolescentes, con un trabajo lírico inspirado en su relación y en su natal Valle del Aconcagua (tónica que se repetería en toda su obra). Milton componía prácticamente todo y no ocultaba que la misma Mariana era su musa. Probablemente ella es, fue y será el amor de su vida.

En ese disco hay melodías hermosas y estremecedoras que nacieron del amor de Milton y la increíble interpretación de Mariana: ‘Miedo a Toparme Contigo’ es una de las letras más reales jamás hechas en Chile y puede sacar lágrimas a cualquiera que haya terminado una relación. ‘Los Turistas’ es tan pero tan bonita que te dan ganas de estar enamorado. ‘Insistes en Volver’ también logra calar en el fondo de los corazones destrozados. ‘Los Últimos Veranos’, en tanto, es una fábula glacial que retrata también un romance sincero e ingenuo.

Con este álbum logran hacerse un nombre en la escena independiente (lo que para el Chile de las inmensas mayorías significa que nadie los conoce). Mariana sigue estudiando y egresa (todavía no se licencia, le falta aprobar el examen de inglés). Milton, más radical, decide salirse de Ingeniería en Sonido (“¿pa qué voy a estudiar esto si ya sé hacerlo?, este oficio se puede aprender por videos de Youtube”). Ambos aún tienen una gran deuda universitaria que deberán pagar a lo largo de varios años más.

Justo al mismo tiempo en que Milton toma tamaña decisión, llegaría el gran golpe de sus vidas. Él se enfocó en componer algunas de las mejores canciones que nunca había escrito, ella colaboró y estuvo presente en todo momento. Milton contactó a Cristian Heyne (connotado productor nacional, responsable de darle vida a las Supernova) y los Dënver grabaron con instrumentos de viento reales y con una orquesta. La producción era de nivel internacional y sonaba más actual que cualquier otra banda en Hispanoamérica. ‘Música, Gramática, Gimnasia’ (2010), su 2° trabajo de estudio, les cambiaría la vida para siempre.

Reseñados por el diario El País de España en un artículo titulado “Chile, el paraíso del pop”,  todo lo que vino después fue un ascenso vertiginoso. Aquel texto, publicado en el verano del 2011, encontró a Dënver como un dúo cada vez más consolidado en lo musical, pero cada vez más erosionado en el amor. En algún momento, la relación de pareja se acabó. Sin embargo, decidieron continuar y llevarse bien. El sueño de sus vidas, de hacer música y que les paguen por eso, estaba cumpliéndose.

Otra vez con el alma en San Felipe y en la ahora extinta relación de pareja, el CD está lleno de historias de alto contenido literario. Siguen con el electro-pop, pero ahora suenan a ratos a Olivia Newton-John o a las cantantes italianas y españolas de los ‘80. ‘Diane Keaton’ es la recomendación de Milton a Mariana para que no le crea al jote de turno. ‘Los Bikers’ es la historia de un grupo de ciclistas que violan a un muchacho y pasa el mejor momento de su vida. ‘Olas Gigantes’ cuenta cómo una joven se ahoga por seguir en la marea alta a su enamorado. Finalmente, ’En Medio de una Fiesta’ es la historia de cuando Milton y Mariana se conocieron.

Dënver viajó por varias ciudades de Chile e incluso salió de gira al extranjero. Conocieron Argentina, España y México, entre otros países. La relación laboral se mantuvo estable y una sana amistad entre Milton y Mariana mantuvo al dúo acrecentando su fama. En Chile aún no lograban salir del underground, pero cada vez su séquito de fans aumentaba y llovían los elogios desde todas partes del mundo. La banda, además, dejó de ser sólo Mariana y Milton: se integró un bajista, un guitarrista y un baterista (además de invitados ocasionales, como vientos o cuerdas).

Justamente uno de los miembros de apoyo de Dënver logró conquistar el corazón de la ahora soltera Mariana Montenegro. ¿Qué pensaba Milton Mahan de aquello? Pocos lo saben, pero el grupo estaba mejor que nunca: grabaron sendos videoclips, recibieron buenas críticas de los medios musicales más influyentes del mundo y tocaron en Lollapalooza y en varios festivales importantes de América Latina y España.

Así, al tormentoso final estaba cada vez más cerca. Después de promocionar su segundo disco por casi tres años, Milton y Mariana se aprestan a grabar su 3° y última placa. Se llamó ‘Fuera de Campo’ (2013) y fue lanzado hace apenas unas semanas. Todo parecía ir bien al respecto: lanzaron un exitoso 1° video promocional, recibieron la venia de la prensa especializada y luego dieron un gran concierto de lanzamiento en el mítico Teatro Cariola de San Diego.

El CD, pese a tener críticas dispares y no alcanzar el vuelo que tuvo su trabajo anterior, supo consolidar el profesionalismo del dúo y ratificó a Milton como un gran compositor y letrista. Mariana, en tanto, cada vez se afirmaba más como una de las mejores intérpretes femeninas salidas de Chile en los últimos años. Ambos crecían también en el escenario, adquiriendo cada vez mayor desplante y personalidad (ya casi no parecían timidos). Sin embargo, otra cosa también se acrecentaba: la notoria e incómoda tensión que aumentaba en cada uno de sus shows.

De la placa, algunas luces: suena mucho más orquestal, mucho menos electro-pop y con algunos toques de rock alternativo. ‘Revista de Gimnasia’ es una tragedia que ocurre en una presentación artística en un colegio. ‘Concentración de Campos’ es el bello monólogo final de una pareja que muere en un campo de concentración de la dictadura. ‘Medio Mal’ narra la timidez de una chica tratando de confesar su amor. Por último, ‘Torneo Local’ cuenta los días de joteo de Milton a Mariana en San Felipe, cuando se juntaban a crear bases o iban a pasear a la piscina del Estadio Fiscal de aquella pequeña ciudad ubicada en la V Cordillera.

El final es quizás lo que más conocen de Dënver quiénes nunca conocieron a Dënver. Apenas un día después de lanzar el 2° videoclip promocional (‘Las Fuerzas’) del disco, el Facebook de la banda anuncia escuetamente que la banda “ha decidido tomarse un receso. Mari y Milk seguirán por separado sus caminos. Milk como líder del proyecto seguirá en la industria musical, pero con nuevos proyectos”.

La noticia se amplió al día siguiente, cuando La Tercera recogió las impresiones de ambos. Ahí se puede leer a una Mariana dolida y un ‘Milk’ (¿qué mierda de apodo es ése?) arrogante y altanero. “Prefiero buscar a otro compañero o compañera, alguien que sea un aporte musical, ya que hasta el momento todas las canciones las hacía sólo (…) No siento pena ni nostalgia, soy una persona fría”. Mariana, más escueta y claramente sentida, apenas señala “me da mucha pena, habíamos construido algo bacán (…) Ojalá le vaya bien”.

Así parece concluir una historia de amor de casi 10 años. Una pareja que construyó todo un mundo de fantasía en conjunto termina de la manera más dolorosa posible. Quizás es doloroso porque así tiene que ser. Quizás si duele tanto es porque importó y está bien. Como sea, Milton y Mariana crearon una de las historias de amor más bonitas que recuerde la música nacional. Algunos plantean que Milton es el malo y Mariana la buena. Pese a que todo parece indicar que así es, no tenemos toda la información para ser tan categóricos. Quizás Milton continúo sufriendo todo este tiempo en secreto por haber perdido el amor de Mariana. Lo mejor es que la historia los juzgue. Nosotros somos simples espectadores en un cuento de amor posmoderno. Un cuento que se remonta a cuando unos ingenuos y tímidos adolescentes se conocieron en medio de una fiesta en San Felipe.




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