Homenaje a ‘Supernova’, un disco clave de la transición

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Cómo olvidarte, 1999, si fuiste un año tan la raja en tantos sentidos: el miedo al fin del mundo que traería el siglo XXI, el virus Y2K y la ‘Locura Espacial’ de Chancho en Piedra como banda sonora de la época (¿bacán o una mierda?). Los locos años ‘90 respiraban sus últimos estertores y muchas cosas entretenidas pasaban: Pinochet seguía detenido en The London Clinic, la selección de Nelson Acosta remataba 4° en la Copa América de Paraguay y Ricardo Lagos (PS) disputaba una de las presidenciales más electrizantes de la historia de Chile junto a Joaquín Lavín (UDI).

Mientras el país completo se mantenía expectante frente a la 2° vuelta que protagonizarían los candidatos protegidos por el binominal (homenaje total a la franja presidencial y a los jingles de esa elección), un trío de sensuales y comunes adolescentes daban vida al mayor golpe a la cátedra en la corta vida del pop nacional.

Porque aquel 18 de diciembre de 1999, a escasos días de la Navidad y del cambio de folio que acabaría con la humanidad, la multinacional BMG lanza al mercado ‘Supernova’, uno de los álbumes más vendedores en la historia de la industria nacional y uno de los íconos culturales más representativos de una generación completa. Ideado como un experimento por el dúo Packman (dupla de productores compuesta por Koko Stambuk -Denise Rosenthal, Tronic, Kel Calderón- y Cristián Heyne -Javiera Mena, Gepe, Dënver-), el proyecto resultaría ser un éxito bajo todos los puntos de vista posibles.

Koko (♥), la mitad de Packman

Para el Chile que recién estaba aprendiendo a jugar al “Snake” en los celulares ladrillos de Nokia, Supernova fue una revolución, un cambio, un elegante pase hacia los ‘00 con lo mejor del espíritu de fines de la década anterior. Inspirados por el pop imperialista de los Backstreet Boys y las Spice Girls, el tridente conformado por Constanza Lewin (Coni), Elisa Montes (Elisa) y Consuelo Edwards (Chi-K) se transformó en la girl band que el país pedía a gritos.

Y, en efecto, el impacto fue inmediato. ‘Toda la Noche’, el hiper hit-single que sirvió para promocionar el lanzamiento, se transformó en una de las canciones más populares del verano del 2000 gracias a la inmensa rotación que tuvo en FM Hit, Wurlitzer (Canal 99), Radio Carolina o en la programación de videoclips que pasaban en el Canal 2 de la TV abierta. El sonido pop con toques dance y la memorable letra en spanglish fue sensación tanto en las discotecas como en los hogares. Esto llevó a muchas niñas y adolescentes a adquirir con celeridad el casette (o el CD, los más cuicas) para, ya en marzo de ese año, llevarlo al colegio para escucharlo en clases en un walkman (o en discman, las más cuicas).

Si bien el trabajo de Stambuk y Heyne permitió crear una colección de canciones llenas de elegantes arreglos y pegajosas melodías, el factor más decisivo del éxito es el buen casting que realizaron los Packman para el proyecto. Si por algo destacaban las chiquillas, además de su inocente sensualidad y simpatía, es porque irradiaban espontaneidad y cercanía. Su aura siempre se acercó más a la de una adolescente común (que incluso podría ser tu compañera de curso) que a divas inalcanzables del pop. Así fue como Coni Lewin (prima de Blanca), Elisa Montes (huachita rica, si lees esto, te amo) y Chi-K Edwards (¿pariente de Agustín?) se convirtieron en la explosión estelar que el pop chileno nunca antes había tenido.

La mayoría de las 10 tracks que incluye este casette son potenciales mega singles radiales. De hecho, el 2° corte promocional, ‘Tú y Yo’, también se convirtió en un clásico instantáneo. ¿La fórmula? Simples tres acordes (C-D-Em) que muchos aprendieron en guitarra para echar la talla, un video que retrataba la moda de la época (petos que dejan el ombligo a la vista, estilo que hoy sería considerado de muy mal gusto) y unas Supernova pasándolo la raja en una aventura en descapotable por la Ruta 68.

Moda Y2K

A medida que el 2000 avanzaba y algunas gentes de bien lograban conectarse a Internet (aunque sea sólo para reenviar cadenas como ‘El Rotometro’ -homenaje- o conocer gente en Latinchat), otros aún continuaban usando el computador apenas para hacer tareas en el Encarta ‘98 o jugar Pokemon en un emulador que les pasaba algún amigo en un diskette. De la mano de una nación que por primera vez daba signos de apertura moral a muchos tópicos que en la década anterior fueron tabú (como el proyecto “La Casa de Vidrio”, la programación erótica de CHV o el debate sobre el fin de la censura cinematográfica), las Supernova acompañaban estos cambios culturales con las canciones de su ópera prima.

Promediando aquel año, la popularidad de la banda ya alcanzaba niveles desbordantes. ‘Maldito Amor’, el 3° impacto radial, logró escalar a las posiciones de avanzada de “Los 10 + Pedidos” del MTV Latino. En esta ocasión, el atinado trabajo lírico de los Packman logra canalizar un sentimiento tan adolescente como el que te guste el pololo de tu amiga. Por otro lado, el video muestra una sala de clases ambulante en una especie de bus escolar gringo (¿cuándo mierda en Chile se han ocupado estos buses?) y a las chiquillas en un sensual uniforme de colegio privado. Mención aparte a la línea de bajo llena de groove y funk. Otro hit total.

Gracias por existir

El 4° y último single, ‘Sin ti soy un Fantasma’ es de una belleza desgarradora. Cuánta potencia y cuánto sentimiento en versos como “si tú no estás aquí / mi amor / no me vale la pena vivir” o “yo soy tuya / tú eres mío / ¿te cuesta tanto entender?” Esta canción, lanzada como single en el 1° semestre del 2001, fue el canto del cisne de un disco imperecedero que logró conquistar las audiencias de todo el Pacífico Sur, parte de Centroamérica e incluso México.

Aunque son las canciones conocidas las que hacen de esta placa una pieza clave de la transición, son sus otros tracks los que ayudan a encumbrar aún más esta obra. ‘Deja que el mundo dé vueltas’ es una popera y eficiente canción que logra en su primera oída que te den ganas de escucharla de nuevo. ‘Discogroovy’, por otro lado, es un tributo a la música disco de los ‘70 (incluye en su intro un claro guiño a ‘Le Freak’ de Chic) pero que se cae en una vacía letra que dice “yo soy una chica / que siempre viste con clase / no necesito a nadie / yo sé bien cómo arreglarme”.

Totalmente contrario a la banalidad de la letra anterior, el casette se comienza a politizar en el lado B con cortes como ‘Mi Amor no se Compra’ (compuesta originalmente por Stambuk para su banda Glup!), la canción más dialéctica de la placa. Pese al infantil sonido de sus arreglos, la canción retrata la temática de una muchacha del centro social que es joteada por un pije del barrio alto. La estrofa “Yo no hablo inglés / vivo en un barrio que no es burgués / yo me siento bien / no viajo mucho pero sé leer” plantea la dicotomía de la lucha de clases en el amor y denuncia las falencias de un sistema educativo mucho antes que el movimiento estudiantil del 2006 o del 2011. A su vez, reivindica el orgullo a la pertenencia de clase. Marx mueve la patita en su tumba al ritmo de esta melodía.

El acento social continúa con ‘Giselle’, otro ganchero tema que hace eco de la problemática del bullying (que ya comenzaba a ser tema en los primeros meses de la administración Lagos Escobar) y que cuenta la historia de una niña de la cual sus compañeros se burlaban sólo por ser “de color” (imaginamos que era morena y todos sus amigos eran más rubios, ya que en Chile no hay muchos negros). ‘Navidad Mentira’ también es un emotivo retrato de ese nuevo Chile que pedía cuanto antes una Ley de Divorcio (promulgada finalmente el 2004). Acá los Packman crean el relato de una niña en un hogar destruido que debe compartir al padre con los hijos de su otra esposa, planteando de paso la hipocresía del concepto de familia que promueve la Iglesia Católica.

Hey, Ricky! (Hey, Ricky!), what’s up? (what’s up?)

En la misma línea, la última canción del disco comienza con el sample de una noticia de manifestantes enfrentándose a carabineros para luego dar paso a una de las melodías más hermosas del casette. ‘Pide un Deseo’ es una estremecedora tonada que habla del miedo a la destrucción de la humanidad y el amor como único refugio al descontento global. Una mirada siempre infantil y adolescente que, pese lo posmoderna que resulta, no deja de tocar las fibras.

Para una época repleta de incertidumbres y aún adormecida con la indolencia juvenil de los ‘90 (cuánto daño hizo el Chino Ríos), el primer disco de Supernova marcaría el paso a una nueva era. No por ello mejor que la anterior, pero sí con mucha más conciencia de su pertenencia histórica. A la larga, esos niñas y niños son los que el 2006 dieron vida a la Revolución Pingüina y luego al Movimiento Estudiantil del 2011.

Supernovaliebers

La efervescencia juvenil de aquellos años ‘99-’00-’01 sigue presente en la memoria de quienes construyen el Chile de esta década. Y eso, sin duda, se debe en parte al aporte cultural que otorgaron las Supernova para una generación completa. Porque aunque luego hubo una segunda formación (‘Retráctate’, 2002, Sony Music) tras la disolución del elenco original, ellas nunca lograron alcanzar la mística y épica de las primeras. Incluso la separación fue un acto de solidaridad: “si alguna vez falta una de nosotras, ninguna sigue”,  fue lo que dijeron cuando una de las integrantes decidió dar un paso al costado. Grandeza.

Por esto y por mucho más: gracias Heyne, gracias Koko. Gracias por crear este proyecto que vive en lxs que luchan hasta el día de hoy. Y gracias sobre todo a ustedes, chiquillas: gracias Coni, gracias Elisa, gracias Chi-K (aunque nunca cantaste mucho y ya no estás en la alineación actual, igual vale por el apañe). Es momento que hablemos de cara al país y pidamos perdón por una verdad histórica oculta por años: a los niños también nos gustaba Supernova, pero nunca fuimos lo suficientemente hombres para reconocerlo porque o si no nos tildaban de fletos (los metaleros siempre fueron los más fans, comprobado).

Verdad y reconciliación



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