Homenaje a Roxana Miranda, un canto popular

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Es cierto que respeto, luego existo, es la máxima primordial del funcionamiento democrático en la historia de Chile. Las virtudes de la mesura, la sutileza, el temple y la mansedumbre son las que han posibilitado los gobiernos que desde los salones con mozos de traje han dirigido Chile.

Pero cuando Roxana Miranda Meneses habla, pareciera que –a primera vista- el ímpetu arrollara sin pudor las normas de la convivencia. Como una metralleta, su boca de dirigente social dispara sin asco a la Nueva Pillería y la derecha, sus rivales más enconados. Pero la aparente tirria que dejan como estela palabras como “gente macabra”, “lacayos” y “lame botas que se tienen que ir”; extrañamente en lugar de provocar rechazo en el oyente que ve tele con la guatita llena y los ojos somnolientos tras extensas jornadas de trabajo, despiertan otra sensación, una de asombrosa apertura a escuchar rimas que de pronto parecen dulces. En Roxana Miranda, quien no representa al pueblo, es pueblo, todas las consignas alguna vez escritas en insolente rojinegro cobran una inesperada candidez. Con una retórica suave, y una voz que más que voz es canto, canto de mujer que ha criado niños con dulzura popular, la sambernardina morena empuña sus manos y se alza entre los trajes de dos piezas del bienestar para decir. Qué gesto más auténtico y político, decir. Para decir lo que no dicen los explotados que entre las flores frescas del consumo no tienen tiempo para decir que son explotados. Todas las voces pobres que hacen aseo en casas de extraños. Todas las manos callosas de los que amarran arneses a kilómetros de sus barrios periféricos aparecen en esa cabellera caoba teñida con Koleston del 6-4. Y su grito no espanta. Y su grito cautiva, golpea, nockea hasta el más oscuro rincón de la humanidad de Don Francisco. Y las tarjetas rosadas de consultorio danzan. Y las tarjetas BIP que sólo saben evadir danzan. Y los patios pobres de los colegios públicos pobres ratifican su dignidad. Dignidad rica. Porque en la candidatura de Roxana Miranda, la candidata del Partido Igualdad, no caben los baratos juicios de la política coyuntural. En la candidatura presidencial de Roxana Miranda sólo es permisible la ratificación de la verdad perenne y constante del capitalismo perverso, que con más o menos maquillaje, que con más o menos amnesia, es al pobre al que nunca deja de recordarle que sus padres fueron pobres, que sus hijos son pobres y que cuando ellos dejen de serlo para pasar a la clase media son otros los que cumplirán con el rol de esclavos; que si no lo son de Los Luksic, lo serán del banquero más oscuro del mundo, banquero tan feo y chancho como los gatos gordos del primer video de Roxana. Viva la tapada de boca monumental en que ha devenido la proeza revolucionaria de Roxana Miranda, tan lejana a la imagen compasiva que algunos le apuestan construir. Larga vida a los anónimos sin, nunca, nadie y sin diente; hoy menos anónimos que ayer. No; Respeto, mesura, sutileza, temple y mansedumbre, las virtudes fundamentales de la política chilena, no necesitan salones ni mozos de traje para estar en el canto de Roxana, un canto popular.




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