Homenaje y Repudio a escuchar un concierto como pobre

por Arolas Uribe



Sobre Arolas Uribe

El estado más lumpen de la historia de la música no es comprar galería, ni tomar vino en caja en recitales gratis como el aniversario de Los Jaivas, el estado más proleta es cuando te alcanza sólo para escuchar el recital parado desde la reja. O sea, desde afuera.

Pensé esto la semana pasada, cuando “fui” al recital de Blur y me alcanzó para estar parada frente a la reja del Nacional y nada más. Adentro, el idilio, la fantasía de los que pudieron comprar su entrada de (mínimo) 30 lucas. Yo los veía entrar, con la soltura y la libertad de los que compraron un pedacito de felicidad. Mientras afuera, los que no tuvimos ni uno, nos mezclábamos con los trabajadores que limpiaban los kilos de escoria que los príncipes dejaron antes de entrar al estadio. Loco, kilos de botellas, de bolsas y de mierda. Pero ahí estaban con sus escobas las jovencitas pobres, comadreando y limpiando la basura por un pago con el que tampoco les alcanzaría para la entrada más barata.

Y mientras adentro coreaban “so give me coffe and TV”, afuera teníamos olor a sanguche potito. De pie, agarrada de la reja, era como estar presa al revés. Es loco, pero lo único que me separaba del escenario era una señora con una chaqueta como la de Golborne, que afirmaba la reja. Eso y que se me hizo decirle a los otros excluidos que tiráramos la reja abajo.

Desde la entrada se escuchaba bien, pero se veía del terror. Apenas se notaba una pantalla, a esa distancia de 1×1 centímetros, a través de la que los parias tratábamos de descifrar qué hacía el guitarrista. Había un vendedor empeñoso, en una se me acercó y me ofreció un llavero de Blur. “Amigo, no tuve pa’ la entrada y voy a tener pa’ eso”, le dije. Me miró con tanta compasión que pensé que iba a ocurrir algo cuático, pero al final no pasó nada más que Damon Albarn empezó a hablar en Español.

Adentro, la gente era una sola, una comunidad, que sentía que todo estaba bien, que todo andaba perfecto al ritmo de “The Universal”. Pero no, había gente afuera, frustrada, un montón de melómanos parias. No todo está bien y no es tu culpa, Damon, cantai la raja, muy bonito, pero escuchando tu voz y estando afuera, me sentí como en la Naranja Mecánica cuando suena música clásica y se violan a una mina. Es como la banda sonora del orden: bien oreja, bien buena onda, bien cortina de humo para que el público te mire a ti y no mire para afuera, donde se desnuda que la libertad chilena es entera mula, una la libertad que dura hasta donde te alcanza la plata.

Qué apestoso que hasta en los recitales una se dé cuenta de que los más iguales son los que se pueden comprar una cochina entrada por punto ticket. No me quedé hasta el final, me fui frustrada cuando caché que hubo gente que con entrada y todo ni siquiera se quedó hasta el final del espectáculo. Rabia po’, es como comprarse un chocolate caro para comerse una mitad y la otra tirarla como abono. Una falta de respeto con los que no teníamos. Aunque tocaron todos mis temas favoritos y me hice amiga de otros excluidos que escuchaban el concierto en la calle, lo pasé mal. Es imposible disfrutar de la música cuando se está empelotada, tan empelotada como el mono pilucho que también está parado desde afuera, sin poder ser parte de lo que pasa adentro del Estadio Nacional.




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