A Horst Paulmann: Métase su ayuda por la raja, viejo de mierda

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

A Horst Paulmann no sólo le basta cagarnos la semana con el estreno de la nueva canción para imbéciles de Santa Isabel, un jingle de escaso trabajo creativo que viene a suceder a “santas ofertas de santa Isabel” y a esa otra que le cambia la letra a una pieza de “Miranda”, donde básicamente empleados que ganan luca a la hora bailan felices invitando a endeudarse. Una tontera. A este caballero, nacionalizado por gracia por el congreso nacional en 2005, tampoco le basta con la insoportable presencia de cabros chicos en los arribistas spots de Jumbo. No.

Al rostro casi “oficial” de la crisis subprime y su posterior superación (lo que sería impensado en cualquier país que se respete a sí mismo y se jacte de que sus instituciones funcionan), tampoco le basta con haber incrementado sus ingresos en un 13% en el acumulado del año 2013, debido a la consolidación de la división de supermercados en Colombia, las nuevas aperturas de supermercados en Chile y las aperturas de Paris en Perú.

Al 114° hombre más rico del mundo -según el último ranking de la revista Forbes-, con una fortuna de 9.700 millones de dólares, tampoco le basta con haberse reído de todo un país, e incluso haber sido condenado por la Corte Suprema, por efectuar cobros excesivos resultantes del aumento unilateral de la comisión por mantención de las tarjetas Jumbo Más. Eso, con la ayuda de Laurence Golborne, quien por poco estaría de payaso en el Congreso cuidando los intereses de los grupos económicos.

Tampoco le basta al “empresario del año 2012”, con que la devolución de esos dineros, ordenada por la Justicia, se intentara hacer a la mala: obligando a la gente a gastar miserables 28 mil pesos de devolución en las mismas tiendas, en lugar de que retiraran billetes en un Servipag. Descarado.

A Paulmann, tampoco le basta con que ejecutivos de su empresa hayan sido formalizados en 2013 por comercializar mercadería internada como “ayuda humanitaria” tras el terremoto de 2010. Contrabando y fraude al Fisco fueron los delitos imputados, y cometidos “presuntamente” por la compañía durante los días siguientes al terremoto del 27 de febrero de 2010, cuando internó al país de forma irregular 183 camiones con mercancía caratulada como “ayuda humanitaria”, la que supuestamente iría en beneficio de los afectados. Al declararlos como donaciones, esos productos no pagaron impuestos, a pesar de que, finalmente, Cencosud los comercializó en territorio nacional. Sin palabras.

A Paulmann tampoco le basta con que los fondos de AFP, donde cotizan los mismos viejos que se mueren encalillados con su tarjeta; tengan el 20% de acciones de Cencosud. Dios mío.

A Paulmann tampoco le basta con que Paris y Santa Isabel fueran condenadas por prácticas antisindicales en los últimos años. La empresa de supermercados fue sancionada por la Dirección del Trabajo, debido a que los permisos sindicales eran considerados por la compañía como días no trabajados, mientras que Paris, por su parte, fue sancionada por “no otorgar trabajo convenido a dirigente sindical”. Y sigue.

Tampoco le basta con el contrato que sostenía el holding con el director del Servicio de Impuestos Internos (SII), Julio Pereira, por el arriendo de terrenos, donde la autoridad recibía $22 millones mensuales de la empresa. Este caso se conoció después de la condonación de intereses y multas tributaria que realizó el SII a la empresa Johnson’s, adquirida por Cencosud. Y no para.

Tampoco le basta con que a fines del 2011, personal de la Fiscalía Nacional Económica (FNE), incautó 3 computadores de la empresa para investigar posibles colusiones de precios en el rubro supermercadista, especialmente en la venta de carnes blancas y artículos de limpieza.

No, no le basta. Porque ahora este mercader del insufrible templo de Chile, encontró una nueva forma de burlarse de los más humildes de la patria. Y peor aún, es capaz de enrostrar en la cara de los indigentes su calidad de desgraciados. ¿Cómo? Publicitando como ayuda a los afectados del incendio en Valparaíso la posibilidad de endeudarse en ropa y alimento, las cuestiones fundamentales para vivir. ¡Ah pero a 15 cuotas precio contado! Infeliz.

Mientras sencillos Bomberos ayudan pese a haber perdido su casa; mientras Paul Vásquez apaga bosques a un día de perder a su madre; él les dice a las víctimas de la fatalidad que se levanten pidiendo un avance en efectivo de 100 lucas sin interés. Lo que es no tener escrúpulos. ¡Ah, pero también posterga en 60 días el cobro de la deuda a quienes se hayan quedado en la calle!. Como dijo un buen amigo, brillante idea, como si el cartero fuera encontrar algún buzón donde dejar el inmundo papel que caga a familias enteras.

Quizás esto no era en serio, quizás fue una ironía bien pensada por algún lamebotas del alemán, que de alguna forma quiso decirnos en la cara lo callampa que creen que valemos. La ínfima calidad humana que encuentran en los pobres, sostenedores de su espantosa riqueza, de su feroz capacidad de consumir. Quizás es una forma de develarnos lo insospechadamente ingenuos (o hueones) que fuimos para que un gallo de esta calaña haga lo que está haciendo, en el nombre de la caridad, en contra de los sin casa; hoy expuestos desde Valparaíso ante el mundo, como el alma de la inmoralidad que ahoga a Chile más que el fuego.

Métase su ayuda por la raja, viejo de mierda.

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