Descubre qué tipo de abajista eres

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Por Sebastián Flores (@mechtac en Twitter)

En algún momento de su vida, Leon Tolstoi -célebre escritor ruso de origen aristocrático- sufrió una crisis de conciencia que lo llevó casi al suicidio al comparar su cómoda situación social frente a la miseria que vivía su pueblo. En sus últimos días, a los 82 años, Tolstoi escapó de su hogar al campo, se convirtió en zapatero y adoptó un estilo de vida austero predicando la doctrina de la pobreza. Al final, quien había sido uno de los hombres más ricos de Rusia, murió en paupérrimas condiciones, en una estación de trenes mientras viajaba en una cama de hierro.

El abajismo es una palabra que en la década pasada tomó fuerza como concepto de ciertos grupos intelectuales e ideologizados y, de a poco, comenzó a salir de ahí para formar parte de la cultura pop. ¿Qué es el abajismo? ¿Una tribu urbana? ¿Una moda? ¿Un montón de hueones cuicos pasaos a caca que creen que ser pobre es bacán? ¿Una palabra que sale en el subtítulo del libro ‘Siútico’ de Óscar Contardo?

En primera instancia, el abajismo nace como un antónimo. El arribismo, como bien se sabe, son las ansias por renegar la clase de origen (sea ésta popular, mesocrática o media alta) con el fin de formar parte de una elite económica, aunque bien podría ser también cultural o intelectual.

Pero en el caso del abajismo, no es del todo claro cuál es la definición que explica de manera correcta el fenómeno social. Probablemente hay un consenso en torno a la idea de que también hay un principio de negación, y ése es el que se atribuye para hablar, por ejemplo, de los cuicos de izquierda que les da vergüenza su cuna y se visten con ropa usada de Bandera creyendo que así se ven más “del pueblo”.

Sin embargo, el abajismo es mucho más complejo y más que una oposición, es también una reivindicación y exaltación de la clase trabajadora y sus símbolos culturales, lo cual -en este caso- funciona como una tendencia en Twitter, como una moda juvenil, como un discurso político para ganar simpatía entre el electorado, como una chapa para ser aceptados en círculos de izquierda o para que la clase alta pueda limpiar sus pecados y ganarse el cielo.

Enrique Lihn, Vicente Huidobro, Joaquín Edwards Bello, Miguel Enríquez o el mismo Tolstoi -quien adscribió a los votos de pobreza por su anarquismo cristiano-, por ejemplo, entran sin problemas en la categoría de abajistas aristócratas u oligárquicos. Sin embargo, existen muchos tipos de abajistas y no todos son necesariamente pijes de la alta burguesía. Al igual que el arribismo, puede haber abajistas en la aspiracional capa media e incluso en el C2-C3. En un país eminentemente clasista, la cuestión al final se vuelve una competencia de quién es más pobre que el otro. Porque hoy, pa qué estamos con hueás, el abajismo está de moda.

Descubran acá de qué tipo son, chiquillas:

1- Cuico abajista

Es el abajista por excelencia, el que encarna la definición -hasta ahora- más aceptada en torno al abajismo. Suele proliferar sobre todo en las facultades humanistas tanto de universidades del Consejo de Rectores como también en privadas de medio pelo. Se les puede reconocer por el cosplay diario con que visten, el disfraz de pobre con el que intentan decirle al mundo “oye, yo no soy cuico”. Cultivan un look tipo indigente: pueden pasar semanas sin que se laven el pelo, usan la misma polera en ocasiones importantes -para generar identidad- y si tiene hoyos, cuánto mejor. Especialistas en buzo térmico, chocopanda y dreads tipo poodle de población.

Dado que su estética en vestuario es producto de su malentendido discurso ideológico, no demoran en afiliarse a un colectivo universitario donde, muchas veces, son los más vociferantes y los que tienen la postura más radical. Sus papás les prestan el auto, pero les da vergüenza ir a la U manejando así que no lo usan o -peor aún- lo usan y lo estacionan lejos para que los “compas” del “coleto” no los vean. Suelen ser cagaos, ya que nunca invitan mucho a sus compañeros más pobres a carretear al suntuoso barrio donde viven, vienen de colegios donde la mensualidad cuesta dos sueldos mínimos, viajan a Europa de vacaciones por un mes y suelen denostar de “amarillo” y “vendido” a todos aquel que no concuerda con su postura  (#QueVuelvanLosChantas).

Como provienen de la clase alta, suelen tener contacto directo con la elite, estando a un grado de separación de políticos del binominal o de respetados miembros de las bellas artes. En algunos casos, incluso son hijos directos de ellos, como Sofía Henríquez, la hija de Bachelet que tiene “diferencias políticas” con su madre. Influenciada por su relación sentimental con un militante libertario, Sofía incluso es capaz de poner “los pies en el barro” vendiendo piscolas a luca en un evento de recaudación de fondos para el FEL UDP en el Barrio Brasil (aunque ella no se viste como pobre, homenaje por aquello).

Sofía Henríquez Bachelet, a la izquierda de la foto y a la izquierda de su mamá

2- Abajista apolítico

Inofensivos. De tendencia hippie o ecologista, amantes de la “pachamama” (una mierda de concepto), de las hamburguesas de soya y de las bicicletas con estilo. Al igual que los anteriores, provienen de la clase alta, pero no tienen una ideología política muy desarrollada. Apoyaron a Alfredo Sfeir en la última elección presidencial porque lo encontraron “buena onda” (de ahí el 8% que obtuvo el candidato ecologista en Las Condes), encuentran “choro” ir a La Piojera, aunque les preocupa irse muy tarde porque de noche se pone peligroso por ahí. Por lo general, se visten con “pilchas” compradas en la feria artesanal del Santa Lucía o de plano en la sección Sybilla de Falabella, pero a su favor hay que decir que les quedan muy bien, sobre todo a las chiquillas. Los hombres, aunque no tienen pinta alguna de futbolistas, son el 9 del equipo.

No son malas personas, no conceptualizan mucho el por qué son abajistas y sólo cultivan ese estilo ignaciano tan buena onda que los caracteriza. Aunque probablemente los repudies por hippies apolitizados, ellos serán buena onda contigo. En los carretes son integradores: te presentarán a sus amigos, te invitarán un pito sólo porque sí, siempre habrá un bongó y una guitarra para cantar canciones de Los Jaivas o Manu Chao y luego habrá música envasada de Janis Joplin o Bob Marley para volarse mejor. Les gusta Silvio -pero su lado político no mucho- y encuentran bacán al Padre Hurtado y a Luis Lebert (ícono de este tipo de abajismo). En el futuro tienen dos opciones: o morirán de frío en el frontis de algún Hogar de Cristo o administrarán una comunidad ecológica sin dejar de tener acciones en una empresa que, de todos modos, te explotará.

udzsdv
“Providencia ya no es facha”

3- Socialité abajista

Todo la llamada whiskierda (¿bacán o una mierda ocupar este concepto?), aquella elite económica de centro-izquierda progresista que la sala de redacción de Noesnalaferia expuso de brillante manera en este artículo y donde no queda mucho más que agregar. Sólo, eso sí, que en el mundo también hay exponentes del género, como Manu Chao o René Pérez Joglar de Calle 13, y que en el Chile post 2011 esta tribu sigue y seguirá en pie gracias a Rafael Gumucio y toda la cultura Bar The Clinic que lo rodea, la cual tiene hoy su semillero en las onderas asambleas de la Nueva Acción Universitaria (NAU) en la Universidad Católica.

ex irreverente
Ex irreverente, hoy repudiado en Twitter

4- Arribista abajista

Pertenecen a la clase aspiracional, hijos de padres que son 1° generación en ser profesionales y que, al igual que ellos, se inculcaron con un espíritu emprendedor y trepador en la pirámide social. Por lo general fueron a buenos colegios privados -pero que no alcanzan a ser 100% cuicos- como el Pedro de Valdivia, el Notre Dame o el Altamira, por nombrar algunos. Todo muy Providencia, pero también todo muy Ñuñoa, La Reina, Peñalolén (los condominios tipo Casa Grande) e incluso algunos barrios de San Miguel, La Florida y Macul. Estos abajistas tenían todo para ser arribistas como la mayoría de su entorno, pero en un momento entraron a algún campus tipo Gómez Millas y se dieron cuenta que igual eran privilegiados, por lo que cortaron esa moral siútica la cual, no obstante, suele resurgir de vez en cuando.

Mientras algunos de sus ex compañeros de colegio hoy son gerentes y ya están cerca de ingresar al ABC1, los arribistas abajistas abrazaron las ideas de izquierda y suelen afirmar que ellos no son cuicos, que “los cuicos viven en Las Condes y si yo fuera cuico no estaría endeudado con el CAE” (no les dieron ninguna beca estatal), que “nunca he viajado a Europa como ellos” (pero sí a Buenos Aires) y que “mi papá era pobre cuando chico y tengo primos que aún viven en riesgo social” (pero ellos nunca han pasado hambre). Se sienten cómodos vistiendo ropa sencilla y no les importa no tener estilo (son fanáticos de andar con chalas por la vida, mejor si son Zico). Exaltan con orgullo que sus antepasados vivían en zonas periféricas y les encanta el centro de Santiago, lugar donde aseguran que se sienten como en casa.

Al independizarse, tras terminar la U, y pese a tener buenas pegas, eligen un estilo de vida austero, guiados por las enseñanzas de Pepe Mujica (tremendo abajista) y, por lo mismo, les da vergüenza reconocer su pasado casi burgués del cual, de todas formas, no terminarán nunca de desligarse. Viven en departamentos de la vieja escuela -junto a inmigrantes colombianos y al lado de puteríos- o bien en un un “home studio” de un edificio Paz Froimovich. Pese a ello, nunca faltan al sagrado almuerzo de los domingos en su ex casa familiar, a la cual llegarán tras dos combinaciones de Metro o en su bicicleta Bianchi, la cual compraron en San Diego apenas les pagaron su suculento primer sueldo.

chalas zico
Si viviera en Santiago, viviría en el Barrio Yungay

5- Abajista arribista

El opuesto al anterior, pero hermanados por el abajismo que en algún momento de su vida los unió. Los abajistas arribistas fueron compañeros de los arribistas abajistas en la universidad: personas de clase media o media baja que, si bien nunca les ha faltado nada, tampoco han vivido con grandes lujos.

Desde chicos siempre vivieron la disyuntiva entre el orgullo por su procedencia y su anhelo de ojalá cuando grandes vivir en un barrio mejor que el de sus viejos (quienes, por lo general, no fueron profesionales). Son el prototipo del estudiante de liceo municipal emblemático -o particular subvencionado con buen puntaje en el Simce- que, al darse cuenta que Chile cambió y hoy el arribismo es repudiado por todas partes, alteraron su discurso trepador y lucieron con orgullo sus orígenes de clase.

Los abajistas de este tipo fueron los mejores estudiantes de sus cursos, por lo que ingresaron a las mejores universidades estatales. Allí les encanta autodenominarse como C3 -para envidia de los arribistas abajistas- y contar que viven en Puente Alto, Maipú, la PAC, Recoleta, San Bernardo, Independencia o Quilicura; pues saben que es muy bien visto ser “pobre” en esos círculos sociales, alcanzando alta popularidad por aquello. Eso sí, si hubieran entrado a la Portales, por ejemplo, hoy serían trending topics tipo @stark; pero como ingresaron a la Chile, militan en un colectivo político dirigido por algún cuico abajista o son pseudo-intelectuales que reivindican la cultura pop de masas, pero secretamente se sienten bacanes por pertenecer a la alta cultura.

Son abajistas circunstanciales, pues probablemente al salir de la U encontrarán una buena pega y se darán la gran vida C1 que siempre soñaron: pololeando con alguien más cuico que ellos, comprando rolls de sushi a domicilio, pasando los jueves y viernes a los happy hours post-pega, carreteando en Onaciú o Bar Loreto y yendo de vacaciones a Uruguay, Colombia o incluso Cancún. Pero por mientras que no es así, serán los más asiduos lectores de Noesnalaferia y efusivos comentaristas de todos sus artículos, los cuales compartirán siempre con mucho orgullo por Facebook y Twitter.

"¿vai a dibujar una diuca en el voto?"
“¿Vai a dibujar una diuca en el voto?”

6- Abajista pobre

El único verdaderamente genuino y el más sincero de todos, directo heredero del espíritu que Clotario Blest impregnara en la izquierda durante el XX. Proviene directamente de la marginalidad, posee sentido de pertenencia y sabe que una de las mayores enfermedades del Chile actual son el arribismo y el consumismo. No le interesa escalar socialmente ni tampoco alumbrar que es pobre, ama su lugar de origen y piensa vivir toda su vida en su villa o población para ayudarla a surgir, erradicar a los narcos o ayudar a sus amigos de infancia. Mientras su entorno patea piedras y cae en el flagelo de la delincuencia o de miserables y alienantes trabajos con pésimas pagas, los que pudieron seguir estudiando lo hicieron en liceos municipales no emblemáticos, politécnicos y algunos -los con más suerte- lograron ingresar a la educación superior, donde suelen ser los más humildes y buenas personas de entre el alumnado.

En el entorno estudiantil, se vuelven objeto de admiración por llegar hasta donde llegaron y aún así seguir reivindicando la pobreza, pese a tener todo para trepar al competitivo mundo de Santiago Centro hacia el oriente. Por este motivo, todos los otros abajistas sobreideologizados buscan ser sus amigos y no dudan en ponerlos de ejemplos “de lucha” en politizadas asambleas estudiantiles, viéndolos casi como una particular pieza de museo de aquel mundo proletario con el que todos solidarizan pero que, en la práctica, y no en pocas ocasiones, no pasa de ser una decisión más estética que práctica.

El loco fundó la Anef
ALERTA FOSIS



86 comentarios sobre “Descubre qué tipo de abajista eres”