Las 7 razones más asquerosas del éxito de los colegios subvencionados

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Es fácil estar a favor del lucro en la educación particular subvencionada llamándose Andrés Allamand o Ena von Baer. Es fácil viéndolo todo desde las cómodas esferas del negocio, sufriendo el cómo la reforma educacional va a tocar el marco teórico de su modelo de sociedad esclavista. Es fácil viniendo de familias que generación tras generación se han mantenido incólumes a los avatares de los cambios políticos, con sus hijos resguardados en los guetos de la educación privada, en la que se deben pagar más de 200 lucas mensuales para impedir el roce con los picantes del bajo pueblo. Es fácil, porque la bancada parlamentaria completa de la UDI y Renovación Nacional no tienen idea de cómo la aparición de estos –en su mayoría- circos educacionales han influido en la cultura popular, en las ilusiones de madres trabajadoras, en las esperanzas de padres que no han descansado un solo día para dejar a sus hijos la educación como único legado.

A fines de la década de los 90 y a inicios de los 2000, cuando llegó a su clímax el ambiente proclive al mercado como motor del progreso, cuando las luces del dinero y la cultura del mall parecían serlo todo, fue el tiempo en que los colegios particulares subvencionados tuvieron su más violenta incursión en el alma de Chile, robando no sólo matrículas a las nobles escuelas y liceos erigidos por la República, sino la fe de la superación a millones de familias que hacia atrás sólo conocieron la pobreza. El verdadero robo de la desmantelación de la educación pública no fue a ministerios ni municipalidades, sino a millones de manos de obra que no piensan en otra cosa que en dejar a sus críos el arma de la educación para impedir el abuso del que ellos fueron víctimas.

A continuación, las siete razones más asquerosas –y hasta hoy ocultas- del éxito de los colegios particulares subvencionados con fines de lucro. Son esas razones que la centroderecha nunca ha pronunciado, porque jamás las vivieron en la putrefacción de su lujo. Así nos engañaron y así caímos ante el imperio charlatán del lucro, la selección y el copago.

1- El nombre

Los subvencionados con fines de lucro son en su gran mayoría colegios de mediocre nivel insertados en barrios pobres, cuyo rol central es generar la idea de distinción en medio del caos, con la clásica estrategia de voladores de luces basados en estratosféricos colores en uniformes, y diseños arquitectónicos dignos del nuevo milenio. La víctima: familias de bajos recursos –disfrazadas de clase media- que quieren salvar a sus hijos de las escuelas y liceos públicos devenidos en campos de resistencia de los impedidos de huir. Huir, porque ese fue el modelo que propició el Estado con la Ley 19.247 de 1993, promulgada por el hoy ultrón Jorge Arrate, quien promovió la instalación de colegios con copago y fines de lucro, desde un tercio a inicios de los 90 hasta el 60% de la matricula escolar actual.

En ese contexto es que con sólo leer el rimbombante nombre de los establecimientos ya cagabai, embobado ante tanto brillo nunca antes visto. Los nombres hacían una rara mezcla de cosas. Por ejemplo, en San Bernardo el colegio Corintio no halló nada mejor que justificar el léxico con dos columnas griegas en su frontis, que rememoran inmediatamente a Sócrates y Platón. Si de globalización se trata, no hay mejor idea que bautizar a tu red de colegios como “Nueva era Siglo XXI”. CSM QUE VUELVAN LOS CHANTAS. Pero como la nueva era trae consigo todo lo que es la computación, identificamos que también existió el colegio SOFTWARE 🙁 cuyo slogan de seguro fue “Internet, ¿mito o realidad?”. Homenaje aparte a Andrés Caniulef, el más famoso egresado del liceo HARDWARE, que aunque municipal no escapa del glorioso estilo futurista.

Mención honrosa al Liceo Agrícola y Forestal People Help People de Pullinque, el Shirayuri de La Florida y el PLUS ULTRA de Independencia.

GRECIA
GRECIA

2- El uniforme

A inicios de los 2000 estuvimos tan mal educados, que la nación creyó que el progreso iba de la mano con la cantidad de pliegues de las faldas de las niñitas. Ahora, si esta era cuadrillé, con tonos poco tradicionales tipo violeta o verde botella, las mejoras iban a venir solas. A esto se suma un inaudito fanatismo por los buzos, prenda que pasó a ser fundamental para las arcas fiscales del sostenedor de turno, y cuyo precio se elevaba irrisoriamente sobre lo común en el mercado. Así, un buzo 100% poliester, que en el persa cuesta 20 lucas, pasaba automáticamente a 40 por el sólo hecho de contar con tres rayas amarillas en el pecho más un fantástico bordado del logo del colegio en el corazón, que hacía sentir a los hijos de explotados como seleccionados nacionales de algún deporte extraño.

Fin del FUT < Fin del Jumper.
Fin del FUT < Fin del Jumper.[/caption] 3- Carreras charchas

Típico de la era subvencionada fue la proliferación de los liceos polivalentes, cuya gracia era mezclar carreras técnicas de baja calaña, pertenecientes a distintas disciplinas. Es el caso del Dënver Colorado School, único en Chile en dar la carrera de Aeronáutica. Así, hacen creer al alumnado que pasar del paradero 38 de Gran Avenida a los aeropuertos del mundo costaba sólo $14 mil pesos mensuales. Cuantas pobres mamitas pagaron la matrícula con el sudor de su frente, esperando que al término de cuatro años su hijo se convirtiera en piloto comercial, mientras el gordo dueño se llenaba los bolsillos de su digna y luminosa plata. Check in al progreso en Santiago Poniente.

No olvidar a Dibujo Técnico, Secretariado, Atención Recreativa y Productos del Cuero, vías directas al sueldo mínimo.

[caption id="attachment_4289" align="alignnone" width="500"]EXTRA: TAMBIÉN TIENE BANDA EXTRA: TAMBIÉN TIENE BANDA

4- Excelencia académica

¿qué mierda era la excelencia académica? ¿Tener su tonto ventanal a la entrada? ¿aplicar toda la paleta de colores en el cuello de las poleras piqué? ¿garantizar no ser asaltado en el patio con la presencia de guardias cual Jumbo? ¿permitir ir con expansiones? ¿QUÉ, QUÉ?

Hay fotocopiadora. Excelencia académica.
Hay fotocopiadora. Excelencia académica.

5- ENTRAR ANTES

Fuimos tan engañados por la publicidad de la clase media empresarial, que llegamos a creer que entrando a clases el 23 de febrero nos hacía mejores personas. Porque, claro, entrar el 3 de marzo era de pobre y sufrir el Súper Lunes, de indigente. Lo mismo con el horario: entrar a las 9 en vez de las 8 permite esa hora más de sueño que hará la diferencia en el mercado laboral. Ladrones.

OCDE (?)
OCDE (?)

6- Infraestructura.

A muchos niños provenientes de lúgubres escuelas públicas, con baños en los que no cabía un graffiti más, y con sequía de tapas en wáteres ad eternum cagados, lo primero que los fascinó a la hora de ver la posibilidad de cambiarse a un subvencionado fue su Infraestructura. ¿Cómo no iba a ser mejor la educación en un edificio que se parecía al de la Telefónica? ¿Cómo no ser alguien en la vida si tu colegio contaba con tres kioskos, uno para cada patio? ¿cómo no emprender si en lugar de un diario mural hay tres, sin contar los del ESCENARIO? Ni hablar del deslumbramiento si el sostenedor invirtió en un ascensor. Es el karma que deben pagar quienes tuvieron piso de tierra.

QUE VUELVA
QUE VUELVA

7- Bus de acercamiento.

Dios mío, podía ser la micro de Aquelarre, pero los viejos tenían su maquinita para promocionarse en el volante a ser repartido en antejardines de villa o población, como quiera llamarle. En algunas comunas incluso se vieron micros al estilo gringo, de esas con trompa y pintadas amarillo con negro, capaces de atemorizar al más bravo furgón Kia Besta. Las cabras se sentían las más sexys del condado cuando la Metalpar les tocaba la bocina en San Joaquín. Todo por una matrícula.

TRONCAL COPAGO
TRONCAL COPAGO



50 comentarios sobre “Las 7 razones más asquerosas del éxito de los colegios subvencionados”