Homenaje al profesor de Educación Física

por Farruko



Sobre Farruko

Nos vestimos con pantalones térmicos anchos y nos sentamos de brazos cruzados a gritar para rendir homenaje a uno de los pilares de nuestra Patria. Forjador de personalidad, luz de tallas y galantería hasta en el último, perdido y destruido liceo municipal abandonado por el Estado y la educación de Pinochet. Hombres que luchan día a día para evitar que los obesos niños chilenos no lleguen al nivel Estados Unidos. Personajes de la tierna infancia y adolescencia, vaya un homenaje a los profesores de educación física.

Partamos de una base general: ser profesor en Chile en una real mierda. Tratar de enseñar cualquier cosa toma ribetes de hazaña cuando se tienen más de 40 cabros encerrados, con pésimas condiciones de infraestructura, sueldos miserables, pocas horas para preparar las clases y todo ese sinfín de problemas que cuanta Federación, Confederación, Colegio, Sindicato y masa organizada ha venido denunciando desde hace años. Pero en toda esta sarta de aberraciones que llamamos educación chilena, el profesor de educación física destaca como una de esas tantas cosas simpáticas que pueden sobrevivir entre tanta maldad.

Hablemos del profesor de educación física hombre, que es el personaje por excelencia. Mezcla perfecta entre milico y feriante, es un extraño espécimen entre el cuerpo docente de cada colegio. Lo primero que lo diferencia del resto es claramente su vestimenta: ropa deportiva. Si es joven, andará con lo último de Adidas o marcas de ropa “outdoor” (repudio a ese término). Pero el más pintorezco, el profesor ya pasado los 35, seguramente usará pantalones de nylon marca Fila o Diadora, de esos que ya solo se encuentran en la ropa usada, polar (!!!) deportivo o chaquetas, todo de tonos oscuros.

Y es que la diferencia generacional es algo importantísimo en los profesores de educación física. El recién salido de la universidad llega tímido, correcto y medido a hacer clases, y se preocupa poco menos que de idear rutinas personalizadas para cada pendejo flojo. Además acapara las miradas y comentarios pícaros de las púberes por su cuerpo entrenado y fresco que contrasta con el desaseado practicante de filosofía o historia, con la sopaipa claramente pasá luego de cinco o más años de alcohol barato, completos y sopaipillas.

"NI UN ABDOMINAL PODÍS HACER POR TANTO COMBO EN LA GUATA"
“NI UN ABDOMINAL PODÍS HACER POR TANTO COMBO EN LA GUATA”

Pero hay una edad, que aun no ha podido ser determinada con precisión por nuestros equipos científicos, en la que todo cambia. Al profesor le sale guata, empieza a caminar como sapo de micro, su tono de voz aumenta descomunalmente y se desarrolla en él la característica más bacán del profe de educación física: la charlatanería. En la gran mayoría de los colegios como los subvencionados con nombre gringo o los municipales, donde un gimnasio techado es una bendición, el profe, quizás ya desencantado por no poder ganarle a la mala infraestructura, la flojera juvenil ni a las papas fritas del kiosko que aseguran un hipertenso futuro a las nuevas generaciones, se limita a dar órdenes y echar la talla. ¡DIEZ MINUTOS DE TROTE Y DESPUÉS FÚTBOL! En este calentamiento en el cual todo es puro hueveo, el profe complementa la escena: ¡YA PUE MARTÍNEZ! ¡SE PONE A CORRER O LE PONGO UN UNO ALTIRO!. Terminado el tiempo comienza el partido y el profe a veces se va a hacer inventario de los equipos, otras se sienta o se pasea mirando el juego y echando la talla aun más, y en otras derechamente desaparece para volver tres minutos antes del recreo a dar el pitazo final.

Y lo mejor de todo esto es que a nadie le importa. Sí, es totalmente normal, porque el profe de educación física goza de un status especial y extraño en la comunidad educativa. En ambientes más relajados –generalmente los cursos de hombres que ya entraron en la pubertad- el profe se suelta y su lado feriante se toma el personaje, hueveando a los cabros que no trotan porque se han corrido demasiado la paja o derechamente gritando a chuchá limpia durante toda la clase. A la edad en que se están descubriendo los placeres carnales y lo único que se anhela es ser adulto y culiar, la clase de educación física se convierte en un paraíso que más parece una rutina de Los Locos del Humor, y el profe toma un rol casi de consejero de vida sexual y afectiva. Si un profesor de matemáticas hiciera esto, le valdrían diez años de cárcel.

Para qué hablar de las preferencias futbolísticas del hombre. Si toca que el profe es colocolino y la U pierde un clásico, todos sus alumnos chunchos estarán arriba del columpio en promedio un mes.

Pero el hueveo púber y las chuchás son solo una parte del repertorio. Como lo decíamos, su rasgo principal es la charlatanería: el hombrón es entrador, simpaticón, de chiste preciso y coquetón. Tiene del año que le pidan. Es el único al que se le permite tácitamente jotearse al personal del colegio sin riesgo de ser denunciado por acoso laboral. Las profesoras de Lenguaje o Ciencias gozan y se ponen cocorocas con la palabrería sonriente del profe en los pasillos, mientras el hombre las entretiene con cuanta historia o talla pueda existir.

Otras aristas más extremas de la charlatanería son esos profes que derechamente inventan actividades mulas para rellenar el tiempo. Estirarse y elongar de muchas maneras fácilmente puede ser bautizado como “yoga”, y las horas docentes se pueden rellenar con cuanto juego o deporte de dudosa procedencia exista. Un par de evaluaciones en la trepa, o con una rutina de abdominales, flexiones y sapitos en quince minutos, y el semestre estará en orden.

Y esa capacidad de hueveo, de sacar la vuelta, de hacerle trampa al sistema que tiene al resto de los docentes tomando antidepresivos, es lo mejor del profesor de educación física. Porque el charlatán –a diferencia del chanta- no usa su palabrería, su descarte, su humor y su coqueteo para hacer mal o sacar provecho personal, sino para hacer más agradable y alegre la vida de la comunidad escolar. Es un personaje. Por eso homenaje eterno al profesor de educación física. Con su ejemplo mediante, pedimos a las autoridades dejar la política de los consensos y hacer una verdadera reforma educacional para que los profesores de todas las asignaturas a lo largo del país puedan experimentar esa misma felicidad haciendo su trabajo. Buenas noches y viva Chile.

Fin al lucro, que siga la trepa.
Fin al lucro, que siga la trepa.



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