Homenaje póstumo al ron: el trago que derogó el DFL 2

por Farruko



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Si hay algo que nunca falta en Chile es el trago. Desde el vino tradicional hasta los más siúticos “coktails” de las discos del barrio alto, el copete acompaña la vida nacional en todos sus ámbitos. Y en este devenir histórico de la patria, están los brebajes que quedan registrados como símbolos de sus respectivas épocas, tal como la chupilca del diablo en la guerra del pacífico.

Pero la bebida alcohólica que hoy nos convoca marcó a una generación entera y la hizo vomitar, y si nos servimos un vaso y miramos detenidamente en su interior, encontraremos las claves sociológicas del Chile actual. Estamos hablando del ron, ese dulce destilado que enamoró a la juventud chilena durante la pasada década y que hoy provoca arcadas a cada candidato a adulto joven que recuerda sus tempranas cañas con Mitjans.

Pero el ron no es una moda pasajera más. No pasó sin pena ni gloria por Chile. Aunque siempre estuvo en los anaqueles de las botillerías nacionales, en un momento empezó a ser consumido tan masivamente que incluso su majestad el pisco quedó en segundo plano (al menos en el Chile tradicional; exclúyase Magallanes y la Antártica). Tanta fue la locura que todo este periodo tendría hasta consecuencias geopolíticas, pues la inversión masiva en ron sería la explicación de la salida de Cuba de su estancamiento económico luego de la caída de la URSS.

Y ese momento de explosión coincide con el que llamamos “cambio generacional”. El ron fue la bebida oficial y el sustento alcohólico de esa generación de jóvenes que derribó toda mojigatería sexual perreando al ritmo del reggaetón, y a la vez irrumpió en la escena política con la Revolución Pingüina. En efecto, la masificación y popularidad del reggaetón coincide plenamente con el auge de consumo del ron. Quizás este destilado nos hacía sentir inconscientemente más cerca del Caribe de Don Omar o Héctor El Father. O quizás más simple, ese sabor dulce pegó mucho más que los tragos tradicionales en los débiles paladares de secundarios que empezaron a destrozar sus hígados antes que nadie a punta de Fressco Cooler. ¿Pisco? ¿Vino? Bebidas de viejo.

En fin, gracias al ron en todas su variedades y pésimas calidades, una generación entera bailó sin miedo al ridículo, dio su primer beso, perdió la virginidad y también la vergüenza. Sierra Morena, Mitjans, Pirata, Perla, Don Ron, Rum, Jamaica y así suma sigue. En calendario Daddy Yankee, toda la vida social juvenil transcurrida entre el Barrio Fino (2004) y el Talento de Barrio (2008) se basaba en el ron. Hardcoritos, pokemones, pokeflaites y derechamente flaites. Posteando en Fotolog y comunicándose por MSN. Tomándose el colegio y corriendo de los pacos durante el día, bailando reggaetón en el Rapa en la tarde, y destruyéndose con los peores ejemplares del destilado cuando oscurecía. Un par de años después las universidades, sus carretes mechones y paseos a la playa también sufrieron la invasión de esta generación que llegó con un Dorado bajo el brazo, dispuesta a seguir con la distorsión sin límites.

"en qué estábamos pensando"
“en qué estábamos pensando”

Pero no todo duraría para siempre. Al mismo tiempo que Tito el Bambino se ponía a hacer baladas tecno y Wisin y Yandel dejaban el reggaetón para hacer música electrónica, el ron perdía su razón de ser. Los hígados de toda esta masa de otrora vigorosos jóvenes empezaban a desgastarse, y tantas resacas excesivamente dulces le pasaron la cuenta al ron. Para el momento en que los pingüinos 2006 se convirtieron en voceros CONFECH el 2011, no podían ver un vaso del licor caribeño sin mostrar desagrado. El pisco, viejo sabio ninguneado por los en su momento ignorantes púberes, se volvía a abrir paso en gloria y majestad como diciendo “se los dije”, para ponerse otra vez en la cima de los destilados.

Los estudios dicen que el ron ha bajado sus ventas a menos de la mitad en dos años. Las botellas de Havana y Flor de Caña están más baratas que nunca, pero se venden poco. Se acabó la moda, dirán algunos, pero la historia juzgará al destilado centroamericano como la bebida oficial de la generación que cambió Chile. La que dejó los dos metros de distancia del Axé para sobajearse al ritmo del reggaetón y explorar plenamente su sexualidad, esa que se paró contra la educación de mercado y despertó al país, la de esos que hoy son diputados de izquierda, jóvenes profesionales o simples trabajadores que intentan armar sindicatos, no aceptan que el jefe se porte como patrón de fundo, piden salud pública, asamblea constituyente y fin a las AFP. Esos que no se escandalizan con la homosexualidad y piden respeto por las mujeres, derechos para los pueblos originarios y fin al maltrato animal. Sea cual sea el futuro de esa masa juvenil actualmente, todos comparten una misma característica: esa sensación de náuseas al oler una roncola o escuchar la palabra “Mitjans”.

Mientras se termina de escribir esta columna, la generación del ron ve los primeros frutos de su lucha cuando el gobierno se decide a derogar el DFL 2 para que trabajadores y estudiantes puedan ser parte de las decisiones en las universidades. Por esto y porque Chile cambió perreando, marchando y tomando ron. Homenaje al destilado dulce y su generación.

Estamos cambiando Chile
Estamos cambiando Chile

Foto de https://www.flickr.com/photos/cosmopolita1/




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