Análisis sociológico de Manos al Fuego

por Paloma Grunert



Sobre Paloma Grunert

Por Paloma Grunert

Más de alguna vez hemos visto u oído hablar de “Manos al fuego”, programa de Chilevisión, en el que hombres y mujeres ponen a prueba a sus respectivas parejas para comprobar qué tan fieles pueden ser. El formato entretiene, porque el morbo siempre ha sido -querámoslo o no- entretenido.

Lo que primero hay que preguntarse es si acaso la fidelidad, concepto que se relaciona mucho con la propiedad, es una virtud, y por qué en la sociedad chilena esa fidelidad es un valor que se pone por sobre la lealtad. Supongamos que esas parejas concuerdan en que deben ser fieles mutuamente: en ese caso se entiende la ofensa que pueda producir la falta a la palabra, pero ¿dónde queda la lealtad?. Este programa, lejos de representar parejas infieles, delata desde antes del inicio de la prueba la deslealtad y ausencia de confianza que existe en quien se somete a sí mismo y a su pareja a este experimento televisivo. No sólo hay desconfianza, sino falta de habilidad para dialogar, debiendo recurrir a un programa farandulero para enfrentar las dificultades de la intimidad.

En Noesnalaferia desglosamos los componentes de este programa, que mucho habla de nuestros valores y relaciones sociales.

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Las reacciones de los gorreados
A modo de experimento social, Manos al Fuego responde súper bien. Las reacciones de “gorreados” y “gorreadas” denotan la baja autoestima, falta de asertividad y enorme necesidad de atención de las personas hoy por hoy. Si la rusa (Anastasia Zimnikova) causó sensación en las redes sociales, fue -más allá de su belleza- por su tremendo amor propio. Luego de ser testigo de cómo su marido (guatón) se involucraba con una voluptuosa brasileña, volviéndose un ser totalmente desconocido, caminó hacia él, le entregó el anillo, le dijo “it’s over guaton” y se fue (ídola, dijimos las mujeres).

Pero, lamentablemente la mayoría de las reacciones de las jovencitas gorreadas oscilan en estas categorías:

Ironía: Quéééé boniiiiiiito, muy bonito (aplausos) bravo, corre, corre, cobarde, arránquese a ver, váyase.

Interpelación con toques de necesidad de explicación: Eres un mentiroso, pa que, a ver, da la cara po.

Victimización: por qué me hiciste esto, qué onda, ya po, pero ven po, oye, pero explícame, no te llevis las llaves de la casa, pásame el celular, ven po.

Antes que la ofensa, existe en estas reacciones la necesidad de perdonar. Se busca desesperadamente perdonar la infidelidad, desean que exista una razón para convencerse de que el amor sigue intacto. Sobre todo en las mujeres, que no pueden dejar de lado su rol maternal y en muchas oportunidades prácticamente ayudan al hombre a darles una explicación.

Por su parte, los hombres son mucho menos impulsivos, explosivos y dependientes en sus reacciones, apelando a la racionalidad. “Me cagaste, esto se acabo” sin manifestar extensivamente sus sentimientos.

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Las reacciones de los gorreadores
Acá la cosa es diametralmente distinta. Cuando un hombre es interpelado, pillado, expuesto por su mujer, recurre a la técnica (y estilo de vida) que mencionara Coco Legrand: “Hacerse el weón”. Lo más cuático es que realmente se convencen a ellos mismos de que no hicieron nada malo y no son capaces de afrontar ningún tipo de responsabilidad de acción. Al punto que la edición les pone música humorística de fondo, mientras se deshacen en explicaciones chantas. Cuando el rol de weón llega al punto limite y ya no hay cómo seguir explotándolo, el hombre huye.

En cambio, la mayoría de las niñas que son pilladas, reaccionan con más inteligencia emocional y coraje. “Sí, la embarré” o derechamente “esto no es nada con todas las que tú me has hecho…”. Aunque hay algunas que recurren a la manipulación usando el horrible recurso tierna-arrepentida “pucha, si sé que hice algo malo, pero nunca más…”.

Los actores
Llama la atención que la carnada sea extranjera. Ellas son seducidas por españoles o argentinos, y ellos por paraguayas, brasileñas y argentinas. ¿Por qué? No queda claro si esto es porque se entiende que los chilenos/as no tenemos la inocencia, alegría y relajo del extranjero al coquetear o para producir un estado de ego y dominio en el seducido/a.

Los estereotipos aquí utilizados también son cuestionables. Las mujeres responden al prototipo de mina-rica modelo televisiva, muy oxigenada, pintada y de ropa ligera. Alegre, media tontona, picarona, graciosa. Los hombres emulan al tipo mino-rico modelo, canchero, aquí te las traigo peter, carretero, galán, piropero, polerita cuello cortado, jote sobrao. Prototipos femeninos y masculinos que son comprendidos como atractivos en el discurso sociocultural del machismo.

 

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Los amigos/as
Uno de los roles mas bacanes es el de los amigos acompañantes. Pueden adoptar distintas estrategias de persuasión. Están los “carboneros/as” que dicen cosas como “amiga, te dije, amiga no lo pesques más, no puedo creer que sea el Felipe!”.

También están los amigos tímidos/as que se limitan a suspirar, taparse la cara, la boca, o sobar el hombro del cornudo. Otros adoptan el papel del sicólogo del amor con frases de contención emocional como “es mejor que lo sepas ahora a que más adelante”, “no vale la pena una mujer así”.

Hombres y Mujeres
El tratamiento que el programa le da a hombres y a mujeres es distinto entre si. Cuando Rocío, una joven de la primera temporada, besó al actor que la seducía, las redes sociales comenzaron a sindicarla como “maraca”, “puta”, “perra” en ofensas y memes con su cara, cuando durante todos los capítulos anteriores casi todos los hombres querían tocar y besar a la modelo-actriz. De alguna forma se autoriza, se naturaliza, se aprueba que los hombres sean infieles, porque “son las medias minas” o “hay que ser weón pa no agarrar”. En cambio, por muy washón que sea el modelo, la jovencita siempre será, sino “maraca”, al menos una “fresca”. Patriarcado.

 

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Joteos
Vergüenza ajena. Eso es lo que produce ver el desempeño del galán chileno, de una bajeza impresionante, recurriendo a mediocridades como auto-tirarse flores con frases patéticas tipo “hay otras cosas buenas que también sé hacer” o derechamente vulgares como “¿por qué no me dejas tocarte?” o “te pescaría y te haría el amor”. Digno de Rodolfo Valentino. Ordacas.

Uy necesito urgente unas clases de baile (?)

Reflexiones posteriores
Una de las cosas más interesantes son las reflexiones finales, a modo de epílogo, en las que se cuenta “en qué está la pareja hoy”. Allí, los gorreados casi siempre anuncian que ahora están solos y mas tranquilos, pero también hay quienes decidieron seguir juntos y declaman que el programa les sirvió para una segunda oportunidad y poder darse cuenta que ahora se aman más que antes (?), como si la exposición pública y el juicio moral que hacen Eva Gomez y César Campos (animadores) les enseñara a ambos sobre sus propios códigos amatorios. Puta Chile.

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Manos al Fuego es un programa que exhibe lo dañada que se encuentran hoy no sólo las relaciones de pareja, sino las relaciones sociales en sí mismas, en un juego mediático en que el amor se valida a través del juicio y la opinión del resto, mediante pruebas y condiciones, como también sucede en internet, en que los pololos se exigen mutuamente reconocimiento vía red social, a través de fotos de perfil, estados y etiquetas que den cuenta cuán felices son, qué panoramas comparten mutuamente o profundas declaraciones de amor de manera publica, haciendo que una relación de a dos sea mucho más interesante cuando pasa a ser patrimonio de todos y de todas. Lo que pasa en Manos al Fuego y lo que produce en la audiencia habla de un país enfermo. Mimimimimimimi, mimimi sexy mimi.




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