Homenaje a los estudiantes de la educación superior técnica

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Entre los cientos de miles que batallan en los mares de la educación superior, hay algunos olvidados que cuando llegan a puerto no reciben coronas ni homenajes. Son muchachos que extrañamente dan el nombre a una calle, pese a que las mareas se hayan puesto de acuerdo para complicar sus travesías más que las del resto. Son los estudiantes de carreras técnicas, impartidas principalmente en Centros de Formación Técnica y algunos institutos profesionales; los primos pobres del Confech.

Porque así como para entrar a odontología en la UDP se necesitan más seis millones al año, y para medicina en la Católica 5 millones 400 mil; para técnico en odontología en el CFT Barros Arana se requieren sólo 700 mil, y para técnico en enfermería en el Icel basta con 759 mil, según datos el Mineduc. Así, muchas veces, no es el talento o las capacidades intelectuales lo que define quien se hará doctor y quién su subordinado; sino la capacidad de pago de las familias. La clase. El CFT, entonces, se convierte en el espacio que recibirá a los que no tuvieron para entrar a la U, y que paradójicamente, tendrán que esforzarse el doble, tras recorrer un camino en el que recibieron menos herramientas para desenvolverse en las aulas superiores, y también porque en su mayoría no es sólo al estudio a lo que deben prestar atención.

Pero, ¿cómo se da esta lucha en la silenciosa cotidianeidad? El cerebro del estudiante de CFT está programado para que cada día sea una batalla por ganar. El alumno, que es de clase trabajadora y, por ende, pertenece a la periferia, se levanta a las seis de la mañana con una pura cosa clara: más allá de los estudios, hay que saber producir la plata del día a día.

Así, buena parte de estos estudiantes trabaja, por lo que tienen que multiplicar por mil sus energías para hacer calzar tiempos de viaje, de lectura, de visita o control sano al hijo, y de pololeo. Además, sobre sus hombros cargan la presión de ser la esperanza de la familia, por lo que flaquear no es una posibilidad, por más carros que queden por llenar en el supermercado donde empacan, o por más llamados en cola en el call center.

Y si no son el hijo pródigo, que estudiando hace la diferencia con los cabros de su barrio que esperan en la esquina, son el que no alcanzó puntaje para optar a beca o CAE universitario, y en la educación técnica debe sacar garras para demostrar a sus padres que también se la puede, que no es menos que su hermano, y no es su problema haber recibido una educación escolar de mierda. Eso resulta aún más sacrificado, porque no ser el favorito no sólo duele el orgullo, sino que resta aportes económicos y atenciones en la casa.

Ceremonia de investidura: PATRIA
Ceremonia de investidura: PATRIA

Y la discriminación no sólo se puede encontrar en el hogar, sino en una sociedad entera que mira en menos al que no estudia en la universidad. Como “ahora cualquiera puede entrar” a la facultad, el técnico es –por una consecuencia del mercado- el más marginal de los luchadores. Estudien en jornada diurna o vespertina da lo mismo, el día de todas formas va a terminar a las 12 de la noche tras hora y media parado en una transantiago, desafiando prejuicios de rostros amargados.

En cuanto a lo académico, la mayoría del alumnado del CFT viene con una escuálida base del colegio, por lo que los primeros años son destinados a nivelar. Así, en lenguaje te encuentras hasta con dictados de kinder garden, donde los cabros deben aprender la diferencia entre una nv y una mb. Todo, con los ojos cerrándose de sueño, pensando en la próxima letra del dividendo, en que a la guagua le quedan tres pañales y en que por más duro que se le dé a la lectura, álgebra no quiere entrar. La opción del retiro es tomada por muchos que no pueden con las condiciones antihumanas preparadas por el Estado hacia quienes quieren sacar un cartón técnico. Los que no bajan los brazos, demostrando un heroísmo silencioso, se botan al trago con locura los jueves o viernes, cuando se abre el único espacio libre de la semana. La cerveza entra desintoxicando cada célula recargada de trabajo, cansadas de salir adelante sin la ayuda de nadie.

En un semestre te enseñan lo que no aprendiste en cuatro años, pero sólo una pincelada. Un ramo es para aprender a escribir bien y otro para aplicarse resolviendo funciones. Con ese fin, el estudiante deja la vida en las guías que no llegaron a sus manos en el colegio subvencionado que lo educó años antes. O que sí llegaron, pero ni siquiera se hojearon, ya que la mente estaba en otra o derechamente no se sabía para dónde iba la micro.

Al CFT llega de todo, desde un cuarentón enviado por la empresa para subirlo de cargo, hasta hueones fracasados múltiplemente en carreras de toda índole, que buscan aprovechar la última oportunidad de sus padres dueños de pymes. Ese, el fracasado, es el primero en invitarte a carretear. Y el cabro sano cae, feliz.

Por lo mismo, hay mucha diversidad de compañeros. Mucho sur, desertores de toda clase. Pero sobre todo hay esperanza, empeños de quienes se dan cuenta que no haber sido destacado en el colegio no es una culpa, sino una consecuencia de escuelas diseñadas para cualquier cosa menos educar.

En la casa, aguardará la mamá dándolo todo en la población, no dejando de caminar hasta haber vendido el último berlín preparado a las cuatro de la mañana. Pero la mamá no es tonta, y no hay noche en que no rece pidiendo a San Expedito por que el niño no se salga de la senda del esfuerzo y no aparezca el día del juicio final respondiendo: “Me ha ido bien, pasé todo”, cuando la verdad indica que el compadre al cabo del primer semestre se ha echado todo, menos su noción viva de la meritocracia, que lo levantará para intentarlo por duodécima vez en alguna vieja casona del barrio República. Porque puta que se sacan la chucha.

En cada bolsa cambiando Chile
En cada bolsa cambiando Chile



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