Homenaje al jeans day

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Cuando las hormonas del sexo guían la vida de los púberes invadidos de espinillas, puntos negros y materia grasa, el uniforme pasa a ser materia de Estado para el colegio, ya que es la disciplina para el alboroto reinante en los jóvenes de 17 años, ávidos de vida.

Es en ese concierto, de jumper y chaleco azul marino, que surgió la idea de una jornada de respiro, una especie de salida dominical del presidiario. El cuerpo, la pasión, el deseo carnal amordazado, debía ser liberado de vez en mes (Homenaje a Arjona) para controlar a las masas: es el jeans day, festín de moda urbana, piernas bronceadas, tetas frescas y huesos masculinos.

Es una jornada tan mágica y llena de joteo, cambios de luces y enamoramientos masivos, que hasta el inspector, fürer del recinto, pasa a ser tu amigo. Buena onda total. Volver a los 60.

El jeans day generalmente se realiza los días viernes, incrementando aún más su expectación y calidad de fiesta. Bastaba que el centro de alumnos (Homenaje a los centros de alumnos de colegio en tiempos no politizados, cuando los problemas eran negociar el largo de la falda o los polerones de los cuartos) avisara el evento, presentado como benéfico (había que llevar dos gambas para aluna causa justa), para empezar a pensar en las prendas con que uno se presentaría frente al sexo opuesto vestido de civil.

Homenaje eterno a los niñitos tiernos y medios nerds que llegan con pantalones de cotelé, zapatitos café y camisas cerradas hasta el más ínfimo botón. Homenaje eterno a las niñas no sexualizadas; de pelo interminable, no maquilladas, con pantalones nada ajustados y larguísimos de tiro.

El epicentro del frenesí es el patio central. En la “formación general” ya cuarteaste a la mina/mino que te gusta, por lo tanto, el primer recreo será la ocasión para hacer contacto visual y expresarle corporalmente que te tiene loquitx. Y ahí está, radiante, luciendo su combinación de colores que calza más perfecto que nunca en su silueta desuniformada. Por su parte, los varones y damas “de piel” hacen estragos con escotes Marlén Olivarí y perniles dignos de PF.

Respecto a los chicos, y siempre dependientes del estilo preponderante (hxc, rapero, pokemón, wachiturro), pasan más bien desapercibidos. A la mayoría le dio paja una producción Palumbo, por lo que llegan vestidos como un sábado en la mañana y siguen siendo igual de lindos o feos que con cotona (Homenaje póstumo a la cotona, prenda rebasada de inocencia, juego y amor infantil).

El jeans day, preponderante en colegios particulares subvencionados de comunas populosas, (léase Maipú, Puente o San Beca), no termina cuando suena la campana. De hecho la salida es el momento peak del jolgorio y el filtreo. Mientras los hombres se achoclonan perdedoramente, las modelos pasan dejando pa la cagá a los tímidos, y estimulando al borde de la eyaculación a sus “amigos”, abrazándolos o jugando a no entregarles la mochila (Homenaje a quitar el colet como método de joteo). La erección se ha robado la película.

Es ese preciso momento la clave para pasar a mayores, invitando a ir a dejarla, a un helado o incluso la perdedora invitación a “estudiar”. La cima de la gloria es la organización de un carrete de casa, en que claro está, todo puede pasar. Y que se entere la OCDE CTM, porque Jeans Day es Chile, porque Jeans Day es Patria.

*Publicado alguna vez en Revista Bello Público.




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