Repudio al trabajo externalizado

por NELSON SEPULVEDA



Sobre NELSON SEPULVEDA

Por Nelson Sepúlveda

Extracto de un alegato específico

Un sábado cualquiera, fui a comprar unos palos y esas cosas de construcción a una empresa importante del rubro. Llegué a la caja y paré la oreja. Escuché a la empaque hablando con la cajera. Además de no tener contrato ni seguro, como pasa en general en con los externos, deben pagar de su bolsillo una chaqueta cara, porque no pueden andar con sus abrigos. Entonces, con este frío, varios andan a puros tiritones, con los piececitos azulados de frío (como diría la Gabi), y claro, si se enferman cooperaron, porque hay muchos en la fila esperando poder entrar (es casi un favor).

Me indigné, porque también estuve en su lugar, y fui a servicio al cliente. Las mismas trabajadoras (¿por qué? oh Carlitos Marx!) me dijeron que la empresa no tenía mucho que ver, porque es “externo”, como todo es externo hoy en día. La empresa no tiene nada que ver, claro, nada que ver: trabajan donde está la empresa, deben vestirse como quiere la empresa, deben trabajar con las cajeras de la empresa, pero ¿no son de la empresa?. La banalidad del mal no más, cada cual hace “su pega”.

Comentarios para una generalización sentida

Lo anterior, fue el extracto de una denuncia particular sobre la “externalización”. Hoy en día, el trabajo se externaliza, para que hayan menos sindicatos y mayor flexibilidad para vincular o desvincular personas (ya no se usa el despedir). Esta externalización, es claramente un signo de precarización del trabajo, ya que es fácil ser despedido, hay que negociar individualmente y ojalá tener la suerte de ser parte de una empresa externa que sea seria.

No quiero indicar académicamente o sindicalistamente lo que ello conlleva todo esto, sólo quiero visibilizar un mundo de trabajo precario, un nicho de mercado que se machaca contra la pobreza, que busca un sueldo mínimo y se maquilla para parecer moderno. Desde mi vivencia, este mundo es el de los/as trabajadores/as de mall, supermercados, call centers y otros.

Como he tenido en cada uno de estos trabajos (reponedor, promotor, contestador telefónico), quisiera decir que en este mundo hay pocas expectativas para desarrollarse. No me refiero a que todos sean universitarios y ganen mucha plata, pero sí denuncio la condena de nacer circunscrito a un trabajo específico por el hecho de haber nacido pobre. Estamos en una sociedad del pituto y del cartón, donde el linaje es más importante que las propias habilidades o necesidades, pareciendo más una sociedad de castas que de clases.

Este mundo, muchas veces tiene culturas muy enriquecedoras, cuando se asume, pasando de las ideas a la acción sindical. Si bien no lo nombré anteriormente, el trabajo doméstico remunerado considero que es parte de este mundo, pero con un lugar especial, porque a veces parece más que externalizado un trabajo esclavizado. En este sentido, es hermoso el logro del Sindicato Interempresas de Trabajadoras de Casas Particulares, a quienes rindo homenaje por sus logros, ya que aquí la pelea fue más que por un respeto de los derechos de los/as trabajadores/as, aquí fue un paso histórico de establecer este tipo de trabajo como un asunto del siglo XXI y no del siglo XIX.

Hay muchos temas que se pueden abordar, pero quiero terminar diciendo que es necesario dejar de pensar siempre en el mercado. Por favor, veamos las cosas con sentido común, lo digo –por ejemplo- porque hay muchas críticas al proyecto de que los domingos los/as trabajadores/as de este mundo no trabajen. Por favor, usen la empatía, piensen en lo que significa estar un domingo en la tarde con la familia o haciendo cualquier cosa. Por favor, humanicémonos un poco más y hablemos desde nuestras experiencias (o por lo menos empáticamente), el mercado es una ficción, las personas no.




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