Repudio a la Confepa y al chamullo de la libertad de elegir

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Este sábado se realizará una nueva marcha de la Confederación de Padres y Apoderados de Colegios Particulares Subvencionados (Confepa), entidad anti reforma educacional cuya función es resguardar los intereses de familias propietarias de colegios, de socios minoritarios y de beneficiarios si no económicos, sociales del modelo de educación subvencionada, cuyos controladores se acostumbraron a echarse al bolsillo millones de pesos anuales para agrandar la casa, veranear en Punta Cana, construirse piscinas o hacer lo que se les dé la gana.

Pero, más allá de los furiosos rostros que hacen de fachada del imperio del lucro, ¿Quién está detrás de la Confepa? A no engañarse, los padres y apoderados presentados por la UDI y los grandes medios de comunicación como representantes de las inquietudes de la clase media, de los que quieren surgir bajo la lógica del chorreo que a cada minuto convierte en más esclavos a los pobres; no son otra cosa que el frente de masas de la resistencia a los cambios, la orgánica reaccionaria orquestada por quienes llevan 33 años lucrando con la segregación de los que no han dejado de ser mano de obra barata, por lo que no han tenido los aumentos de sueldo necesarios para aspirar a “un colegio mejor”. Los segregados, los que no pueden pagar, son los padres que sólo pueden llevar a sus hijos a los colegios con número estigmatizados por la cultura Confepa, que se enorgullece de educarse en espacios exclusivos del barrio en el que se insertan.

A la cultura Confepa, la de los sostenedores y sus amigos, le duele que se haga una reforma que, dependiendo de las movilización y la fuerza que esta ejerza en el congreso, coarte en menor o mayor medida la fórmula que les ha permitido ir a dejar a sus niños al colegio en una 4×4, pagar el CDF HD sin darse cuenta de su precio, y descansar por las noches en una villa titulada condominio lomas de lo que sea. Les enfurece que pueda desaparecer esa ruta de privilegios, a la que pertenece mayoritariamente el ethos de las familias que dicen defender la libertad de elegir educación, y que les ha otorgado validez social como estrato emergente, aseado de precariedades del pasado.

Y la furia no aparece en los que están detrás de los Cofepas por el solo miedo a perder el negocito -porque el capital acumulado les alcanza para un nuevo “emprendimiento”, como podría ser una botillería o una tienda de zapatos-; lo que verdaderamente les duele es la criminalización moral que los atañe cuando el país se percata que para desarrollarse debe zafarse de los chupasangres que han sacado cuenta corriente y acumulan kilómetros Lanpass con fondos públicos provenientes de los impuestos pagados por el más humilde recolector de basura. Eso les duele, y por eso disparan.

Un país ganador
Un país ganador

A no confundirse chilenos, porque cuando estos “padres y apoderados” te invitan a marchar, no lo hacen para facilitar tus condiciones de vida y tus posibilidades de progreso, lo hacen para atrincherarse en la protección de una libertad que te excluye en el momento mismo en que tu mamá se queda sin pega; una libertad que se esfuma en el momento mismo en que tus viejos se separan, si tu colegio es conservador y tu matrícula pasa a ser hija del pecado; una libertad que dura lo que la línea de crédito de tu tata, si es que vives con tu awelito; lo que el avalúo de tu departamento; o lo que la cantidad de autos que se estacionen en tu casa. Así, escalonadamente, según la cifra del copago, según los criterios de selección y el hambre de lucro del sostenedor de turno. A no confundirse chilenos, porque lo que la Confepa hace, con su millonaria campaña que incluye afiches en papel couché y gigantografías en autopistas, es resguardar el acceso a que tu hijo no se mezcle, no sólo con su vecino pililo que no tiene un peso, sino tampoco con el vecino rico cuyo papá pudo estudiar en la universidad, lo que le da para inscribirlo en un particular pagado.

No seas iluso chileno, porque esas treinta luquitas que de acuerdo a la Confepa te diferencian de tu vecino que vive con el sueldo mínimo, en lugar de “liberarte” te ponen el sello “30 lucas” de por vida. Porque cuando ingreses a la universidad, el reino de las redes de contacto, no te considerarán emprendedor porque tu papá se sacó la chucha para pagarte el Michael Jackson School. No, te considerarán tan pobre y periférico como tu amigo del liceo que no pudo vestir faldita plisada y que ahora depende del CAE, igual que tú.

Y es que el pagar no te hizo más inteligente ni te metió necesariamente más conocimientos en la cabeza; es más, quizás ni siquiera 50 puntos te sumó en la PSU. En días en que la educación escolar pública, reducida al 34%, resiste en poblaciones y sectores rurales, los subvencionados son sólo el reemplazante nominal de los 1025 establecimientos municipales que desaparecieron desde 1996 a la fecha; y no reemplazantes en la “calidad” gritada a los cuatro vientos por la Confepa. O que lo desmientan nuestros índices de comprensión de lectura en la prueba de la Ocde: 448 puntos, lugar 36 de 44.

YA SE ENTERÓ
YA SE ENTERÓ

Lo único que ha provocado ese cambio de propiedad es que ahora tu insignia colegial te enclaustra en distintas categorías barriales dependiendo de cinco lucas de diferencia en el sueldo de tus padres. Esa es la libertad que la Confepa te invita a defender, no la de la “calidad”, no la de la elección de proyecto educativo (del que carecen casi todos los subvencionados pobres), no la de la chanta “excelencia académica”. Lo que te invitan a defender es la antítesis de la igualdad de condiciones que, por lo menos, tuvieron nuestros árboles genealógicos cuando en el liceo se codeaba el cabro que venía del hogar de menores del Sename con el hijo del dueño del supermercado de la comuna. Todo a dos sillas de distancia. Esas sí que eran redes de contactos.

Y por si no fuera poco son sucios. Porque la libertad de la Confepa también es la que golpeó al presidente de la Federación de centros de estudiantes de liceos municipales de Antofagasta; es la que a cada actividad asiste con parlamentarios de derecha; es la que siempre se ha negado a debatir con la Cones; es la libertad cuyas convocatorias son hechas por sostenedores a través de los alumnos; es la de los aportes reservados que llevan a la presidenta del gremio, Erika Muñoz, a no saber responder con claridad quién financia la campaña.

La libertad de la Confepa es la libertad del chanchullo porque incluso en su legítimo ejercicio de defensa de intereses, para lo que al filo del fascismo se presentan como “batallón en guerra”, mienten. Y lo hacen con descaro y alevosía, si el código penal permite la palabra.

La familia militar-subvencionada.
La familia militar-subvencionada.

Mienten, porque cuando exigen que “no se condicione la subvención de los estudiantes por la personalidad jurídica del establecimiento, sino que se vea su calidad; que no se limite la creación de colegios subvencionados, independiente de los cupos de otros colegios de la zona; que sean los establecimientos quienes mantengan el proceso de admisión, y no una plataforma única del Mineduc”; lo hacen metiendo miedo casi con la reconstrucción del muro de Berlín: cierre de colegios, cierre de elección de establecimiento, y mezcla de tus niños buenos con los delincuentes de liceo fiscal.

Para muestra un botón: Susana Labrín, apoderada y vicepresidenta del centro de padres del colegio San Pablo Misionero, el subvencionado más grande de San Bernardo, contó a El Mostrador que escuchó lo siguiente de la boca de Erika Muñoz en una asamblea. “Lo primero que dijo es que la reforma nos va a dañar el derecho ganado de elegir el colegio de nuestros hijos, que el Estado va a decidir por nosotros, y que al quitar el financiamiento compartido los colegios subvencionados íbamos a bajar al nivel de los municipales, que son pésimos, y nuestros hijos iban a relacionarse con cualquiera. Alguien preguntó qué quería decir con eso. Y ella dijo vamos a tener niños problema, como los que aparecen en la televisión, con prontuarios, a los que se les dan muchas oportunidades y siguen en el ambiente delictual”. O sea, para la Confepa pobreza es igual a delito. Mentira y fascismo.

A no confundirse chileno, la Confepa miente. La libertad de elegir en este país no existe; es la libertad de dejar sumidos en la mierda a los que no tienen para pagar. Lo más lamentable de todo es que la segregación que defienden los que van a marchar el sábado es la segregación entre sujetos de su propio pueblo, porque el 1% de seguro se quedará en la casa. Triste Confepa, triste, que no quiere confesar que lo que hace, lo hace porque la educación es un espléndido negocio.

Peras y manzanas
Peras y manzanas



13 comentarios sobre “Repudio a la Confepa y al chamullo de la libertad de elegir”