Repudio al anticomunismo, cáncer de Chile

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

En las últimas semanas, la comunión de poderes fácticos como el de la prensa, el de grupos económicos, el de “gremialistas” organizaciones “espontáneas” de la ciudadanía, como la Confepa, ha dado un golpe de fuerza que no deja de sorprender. Un golpe respaldado por el sustento ideológico, económico y de redes de influencia de la derecha tradicional, a pesar de la ingenuidad de Alberto Mayol, quien en el clímax de su reflexión los deja fuera de la disputa de poder que Chile experimenta en la actualidad.

Tomando distintas formas y colores, la reacción a los cambios puestos en marcha por un gobierno mandatado por el sufragio popular ha salido a advertir que está viva, que tal como en tantas ocasiones de la vida republicana del país, hará todo lo que esté al alcance de su mano para abortar la democratización.

Parece lógico y natural, pero a veces hay que recordar las consecuencias del sino de la historia de la burguesía nacional, que tantas veces ha despertado con fiereza cuando ve amenazado el predominio de sus privilegios; como en 1891, a través de la rebelión de la aristocracia al intento del Presidente Balmaceda por nacionalizar los recursos mineros; como en 1927, a través de la dictadura de Ibañez del Campo que puso freno a la fuerza tomada por el movimiento obrero tras décadas de lucha; como en 1948, a través de la Ley Maldita que puso en la ilegalidad al Partido Comunista que se constituía como la colectividad con mayor proyección del tercer gobierno del Frente Popular; como en 1964, cuando la derecha decidió bajar a su candidato presidencial y respaldar a la Democracia Cristiana ante el seguro triunfo de Salvador Allende si la pelea hubiera sido a tres bandas; o como durante todo el gobierno de la Unidad Popular, que terminó con miles de muertos y desaparecidos que pagaron el rechazo de los reaccionarios a la voluntad popular de democratizar la riqueza de una patria pobre.

En las últimas semanas, también, se ha evidenciado como un triste y lamentable recuerdo de los avatares de nuestra historia, que aunque pasen décadas el poder reaccionario no se olvida de usar la misma arma de siempre, la que tantos resultados le ha dado, la que enciende el odio de fascistas, liberales, democratacristianos y ultraizquierdistas, quienes aunque no estén de acuerdo en sus fundamentos, al final de cuentas terminan remando para el mismo lado a la hora del balance de la gran disputa del poder. Es el arma del anticomunismo; maquillado, argumentado en bellísimas y moralistas formas, injurioso y vengativo, pero anticomunismo al fin y al cabo.

Es el mismo anticomunismo cuya única función objetiva, caiga quien caiga, es si no eliminar, coartar la capacidad transformadora de un proceso político en curso: en este caso, un programa de gobierno que a sólo ocho meses de haber iniciado, ha encendido todas las alarmas de sus opositores, quienes llegan al extremo de apoyar a Andrés Velasco como carta presidencial, como lo dijo Hermógenes Pérez de Arce; o de salir a marchar con los opositores de Jaime Gajardo en el Colegio de Profesores, como lo hizo el presidente de la Juventud UDI y otros que supuestamente están en las antípodas de la UDI. En la misma línea, hoy se verifica que alcaldes de la Alianza y la DC están respaldando las movilizaciones que, más allá del legítimo derecho de los profesores a luchar por lo justo, están operando para terminar con la conducción comunista del Magisterio.

Así, el poder de la derecha política, que -para enfado de los ingenuos- aunque sea minoría sigue cortando en el Congreso, ya sea por la vía de votos, de ejercicio de influencias o la exposición de marchas tipo Confepa como demostración de fuerza; se ha arrojado a la disputa hegemónica con sólo un blanco al frente, el que, a juzgar por la historia, le valdrá el éxito o fracaso de su cruzada: destruir al Partido Comunista, humillarlo, agraviarlo, para de esa forma sacarlo del gobierno, despojarlo de capacidad de influencia en el ejercicio del poder Ejecutivo y, aunque la mona se vista de seda, criminalizarlo para terminar persiguiéndolo. Y no lo digo yo, lo dicen los miles de detenidos en campos de concentración, como el de Pisagua, el primero de Latinoamérica, que son la muestra histórica de que todo anticomunismo manifestado con la virulencia que se ha percibido estas semanas, con golpiza a su secretario general incluida, termina en crimen. Con ese fuego están jugando los que hacen el amén a esta estrategia de desprestigio, sea el que sea el interés que tengan detrás y el que después le cuenten a los receptores de sus mensajes.

Con ese fuego están jugando los que siempre han tenido el aniquilamiento del partido como bandera de lucha, y por otro lado, los que vez que pueden tiran flores a los tiempos de la exclusión parlamentaria, con frases como “la Gladys sí era consecuente”, y vez que pueden dicen que mandarían al infierno a Guillermo Teillier. Que esos no pierdan de foco: el rol general que están jugando los que aplauden con nostalgia al comunismo marginal, pero que lo ametrallan cuando se da a la tarea de hacer efectiva la frase de que todo es ilusión menos el poder -ya sea en el gobierno, parlamento o lo que sea-, es la criminalización.

Que no pierdan el foco los que no se cansan de levantar calumnias, respaldar acusaciones de delitos, y tuitear las 24 horas del día la maldad del comunismo, que sus dardos además de ayudarles a no quedar mal con nadie y a quedar de amigo con el ego purista de sus conciencias izquierdistas -que exigen mostrarte siempre como blanca paloma sin las manchas inherentes que deja toda disputa que se plantee como digna-, los ubican en La Segunda en la misma página junto a la UDI y Sergio Melnick. La Segunda, medio con probablemente la mayor noción de que el anticomunismo unido jamás será vencido.

Por otro lado, está la comodidad de la crítica política no militante que no mueve un dedo para generar cambios a largo plazo en pos de justicia social, pero que los mueve todos para acusar la “inconsecuencia” de la hoz y el martillo. Es una comodidad atractiva y a la vez asquerosa, porque claro, compartiendo con ahínco y virulencia las puritanas reflexiones de Gabriel Salazar sobre la Nueva Mayoría, tomadas como bandera identitaria, se duplican las negociaciones colectivas y el sueldo mínimo (?)

Esa es una comodidad que tampoco queda mal con nadie, pero que se hace la hueona cuando los poderes fácticos, avalados por el respaldo del anticomunismo moralista, se cuadran para impedir el avance de alguna propuesta, o piden la renuncia del ministro Eyzaguirre, identificado por los derechistas de la DC como el principal factor del “izquierdismo” del gobierno, para que sea reemplazado por alguien de un perfil de Mariana Aylwin a la derecha. Porque si quienes piden la cabeza de Eyzaguirre creen que el reemplazante será un Pedro Aguirre Cerda, o están derechamente mintiendo o están insultando su capacidad de lectura del cuadro político.

En esa trinchera de lucha anti-Eyzaguirre, en la que se posicionaron la semana pasada figuras como Edmundo Pérez Yoma, Gutenberg Martínez y Gabriel Boric, coincide también -aunque diga lo contrario- el presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, y sus familiares políticos Patricio Walker y Matías Walker, jefe de la bancada de diputados del partido, quien puso el grito en el cielo cuando la comunista Karol Cariola ejerció el derecho democrático de mostrar su voto en contra de la indicación de cárcel para quienes lucren con fondos públicos en educación.

Y la pataleta mediática de los Walker en aquella ocasión, que amenazó matonamente con el fin de la Nueva Mayoría en la que nunca han querido estar, es válida, porque sabemos que el avance del pueblo en la relación con los medios de producción no es lo suyo. Lo que no es válido, es que en la perpetración de su anticomunismo, que ejecutan como el chivo expiatorio a su desorientación ideológica en este momento de su historia, los lleve a la descarada deslealtad con el programa de gobierno transformador que suscribieron, sonrientes, en carteles junto a la Presidenta para lograr la reelección parlamentaria.

Lo que no es válido, y es desleal, es que los Walker y sus camaradas –que constituyen la mayoría del partido- busquen aportillar el éxito de ese programa, no sólo mostrándose felices con la baja en las encuestas al respaldo a las reformas, no sólo buscando tergiversar el proyecto educacional en el Senado con probables artimañas como el arriendo de inmuebles entre sostenedor y “socio” –lo que sería un maquillaje del lucro-; sino también con la convocatoria a un cónclave de emergencia presentado como una especie de ruido de sables contra su propio gobierno. Gobierno al que al juicio del tiempo apoyaron más que por sintonía ideológica por la ratificación del popular dicho de estar dónde calienta el sol.

La invitación del pueblo a los Walker, con la más honesta diplomacia, no es a que dejen de ser lo que son –cosa sabida y asumida a priori-, es a que se comporten a la altura de la palabra empeñada. Porque aunque no lo crean, Chile está atento y la historia no siempre absuelve.

Y la invitación a Chile, que aún no termina de encontrar a los muertos, y que aún no sana las heridas sufridas por la tortura justificada por la irracionalidad del anticomunismo, es a no jugar al juego de un poder organizado, un siglo atrás por Ibañez del Campo y González Videlas, hoy por José Antonios, Felipes Kast y Rojos Edwards. El intento, aunque deje heridas eternas, será en vano, porque como lo dijera el desaparecido ex secretario general del partido, Víctor Díaz, “tratar de exterminar al Partido Comunista es como vaciar el agua del mar con un balde”.

Verdad y Justicia
Verdad y Justicia



25 comentarios sobre “Repudio al anticomunismo, cáncer de Chile”