¿Qué pasó con el respeto a Calle 13?

por Sebastián Flores



Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto.

Por Sebastián Flores

Un día antes de aterrizar en Santiago de Chile para presentarse como cabeza de cartel del Festival Frontera, la banda liderada por el constantemente repudiado/homenajeado René Pérez (alias Residente) tenía agendada una fecha en el Festival Colors Night Lights, evento donde los puertorriqueños tocarían junto a Molotov e Illya Kuryaki & the Valderramas en el Estadio Nacional de Lima, Perú. Un recital que tanto Calle 13 como sus fans peruanos esperaban desde aquel accidentado concierto de diciembre del 2011, ése donde el grupo llegó con casi cinco horas de retraso y el público -indignado- disparó proyectiles al escenario y uno le llegó a Residente y paró la música y mandó al carajo a los que abucheaban y explicó que el vuelo se atrasó y por eso llegaron tarde y al final todo fue muy polémico y los medios locales dijeron que René ofendió al Perú y mala onda.

Pero es 2014 y esta vez Calle 13 llegó a Lima con ocho horas de anticipación para no cometer el mismo error. Cuando la gente ya se encontraba haciendo la fila afuera del estadio, los organizadores del show anuncian de repente que el festival se cancela, aduciendo líos económicos de la productora con los proveedores. Frente a esta situación, tanto Molotov como IKV pidieron disculpas a sus seguidores y se devolvieron al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez para hacer abandono del país. Pero los de Calle 13, que tenían muchas ganas de reivindicarse con el pueblo peruano, tomarían otra decisión.

“Lima, si alguien se comunica por acá con nosotros y nos presta amplificadores de guitarra y bajo tocamos esta noche de gratis donde sea”, escribió Residente en su Twitter. En menos de 6 horas se comenzó a planificar un concierto gratuito que, para llevarse a cabo, necesitaba de  equipos, lugar y convocatoria. “Ya tenemos todos los instrumentos. Sólo nos faltan dos micrófonos, dos bocinas y una consola. Gracias a todos los que han llegado a cooperar”, twitteó la cuenta @Calle13Oficial desde un bus-tarima estacionado en la Plaza San Martín, en pleno centro histórico de la capital, el lugar desde donde René convocaba vía redes sociales a todo aquel que quisiera ver gratis a su banda en vivo.

Bajo la fresca brisa de la cálida noche del Rimac, miles de personas disfrutaron de un espectáculo que al día siguiente fue calificado de histórico por la prensa peruana e internacional. Aunque el sonido no fue el óptimo y el setlist no fue tan largo, la juventud limeña que repletó la San Martín cantó y danzó al ritmo de ‘El Baile de los Pobres’, ‘La Vuelta al Mundo’ o la estremecedora ‘Latinoamérica’. La osadía de Calle 13, eso sí, les valió una multa de 3.800 soles de la Municipalidad de Lima por organizar un evento masivo sin autorización.

Desde los inicios de su carrera, Calle 13 (homenaje a decirle “el Calle 13” a Residente, que es como decirle “el Jamiroquai” a Jay Kay) ha sido una banda que ha convivido constantemente con la admiración y la defenestración de toda la Patria Grande. Ya sea porque René Pérez es considerado un héroe reivindicador de un mensaje político que aboga por la justicia social y la unión de toda Latinoamérica, ya sea porque René Pérez es considerado un burgués abajista pasao a caca que vende un discurso pseudo-revolucionario a engrupidos progres que le compran todo lo que hace. Ambas posturas, habituales en las plazas públicas de nuestros tiempos que son las redes sociales, son las dos caras del debate que cada cierto tiempo se da sobre la relación del arte con el contexto histórico-político que lo rodea.

Toda esta discusión lleva a algunos sectores a considerar a Residente como una especie de Bono latino, donde todas las reivindicaciones políticas presentes en su obra no serían más que populistas maniobras de marketing para seguir penetrando en el nicho de mercado de la gente de izquierda con cierto poder adquisitivo. Por ende, la parada de justiciero social sería apenas un inofensivo insumo para que hueones “poseros” se den color posteando sus canciones en Facebook mientras ellos facturan a costa de una identidad revolucionaria que, claro, en realidad no es revolucionaria.

Esta crítica, planteada por ejemplo en artículos pretenciosos e iluminados como éste, apunta a desenmascarar la supuesta pose del artista y de su fanaticada, la cual goza con la rebeldía de catálogo que representa esta banda que saltó a la fama a mediados de los ‘00 en los últimos estertores del MTV Latino. Por lo mismo, cualquiera que disfrute de la música de Calle 13 no sería más que un ser ingenuo, incapaz de darse cuenta que esta agrupación está hecha a la medida de las industrias culturales con el objetivo de dar una noción de contracultura que no es tal.

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Mientras el fútil debate politizado gira en torno a la autenticidad o no del discurso del artista, Calle 13 lleva una década consolidándose como la banda más importante que ha parido América Latina en los últimos 15 años. Si nos metemos al plano estrictamente musical, hay muy poco que reprocharle a Eduardo Cabra -alias Visitante-, compositor, multi-instrumentista y productor de absolutamente todas las canciones del grupo, quien se ha encargado de dar con un sonido moderno y vanguardista al que pocos han logrado llegar en esta parte del mundo.

Hacer un repaso por la discografía de Calle 13 es un viaje por lo mejor de la música urbana y rural del orbe. En los 77 tracks que hay en sus cinco álbumes de estudio publicados hasta hoy podemos encontrar reggaetón, hip-hop, rock alternativo, reggae, folclore latinoamericano, música balcánica, afrobeat, cumbia, electropop, ska, salsa, funk, bossa nova y así podríamos seguir enumerando estilos en los que Eduardo Cabra se mueve como pez en el agua.

Desde que ‘Atrévete-te-te’ asaltó la escena musical en el verano del 2006 que Calle 13 ha estado en el ojo del huracán de toda la América. Acá en Chile el hit llegó justo en el momento en que el reggaetón expandía su influencia a todos los sectores de la población, pasando al imaginario de canciones obligadas tanto en la pista de baile de discos adolescentes diurnas (el Rapa, el Bocaccio) como en los mp3 de los incipientes hardcoritos -quienes en poco tiempo evolucionarían en la tribu urbana de los pokemones-. Pero al contrario de los éxitos de Wisin & Yandel o Don Omar, ‘Atrévete-te-té’ traía una frescura inusitada: la instrumentación era orgánica -sin baterías electrónicas ni sintetizadores- y la letra estaba llena de referencias a la cultura pop gringa y latinoamericana. Rápidamente se convirtió en una canción que tuvo aceptación incluso entre “rockeros” y “melómanos”, tan reacios siempre a aceptar este género porque eL rEgGaEtÓn nO Es MúSiCa.

Deja de taparte que nadie va a retratarte
Deja de taparte que nadie va a retratarte

‘Calle 13’ (2005), el álbum debut de la banda, es un compendio de hip-hop, rap gangsta y apenas cuatro reggaetones, pero éstos últimos se transformaron en singles y gracias a esto quedarían estigmatizados dentro del estilo por harto tiempo más. Las letras de René Pérez, en tanto, se dedican a la autorreferencia en torno a su propia figura, a mandarle recados a otros reggaetoneros/raperos, a referirse a la mujer como objeto y a parodias pop al estilo Eminem. Del lado político de la banda poco y nada, a excepción del tema ‘Querido FBI’ (el cual no está incluido en el CD, pero es de esa época). Un disco revelación que los hizo acreedores de tres Grammy Latino, un Premio MTV y del piso base para todo lo que vendría.

El rápido ascenso al olimpo de la música latina se consolidó con ‘Residente o Visitante’ (2007), un segundo larga duración que daba cuenta del dominio que Eduardo Cabra tiene de la música global y latinoamericana. Aparece el bossa en ‘Un Beso de Desayuno’ (“oye, pa que vean que yo también escribo cosas bonitas”), la cumbia colombiana en ‘La Cumbia de los Aburridos’ y el trote a lo Manu Chao en ‘Pal Norte’. Aparecen además las colaboraciones con músicos de renombre (Gustavo Santaolalla, Vicentico, La Mala Rodríguez, Orishas y Tego Calderón) y la inclusión estable de Ileana Cabra (alias PG-13), media hermana de René y Eduardo, que con su voz femenina aporta exquisitos matices melódicos frente al estilo agresivo de Residente.

El proceso de composición de este disco coincidió con un viaje que Residente y Visitante hicieron por Sudamérica a lo Ernesto Che Guevara 1953, donde se empaparon tanto de las sonoridades folclóricas como del sentimiento latinoamericanista que tomarían como bandera en los próximos discos (aunque en este trabajo dicho espíritu sólo se manifiesta en ‘Pal Norte’). El resto de las líricas mantienen la tónica del disco anterior: continúa la megalomanía de Residente  en ‘La Era de la Copiaera’ o ‘La Fokin’ Moda’, pero se sopesa con un ingenio y humor muy bien logrado en algunos cortes como ‘Mala Suerte con el 13’ o ‘El Avión se Cae’.

La tercera producción, ‘Los de Atrás Vienen Conmigo’ (2008), abre definitivamente el abanico de posibilidades del dúo creativo. Las colaboraciones se vuelven cada vez más grandilocuentes (Café Tacuba, Juanes, Rubén Blades, La Chilinga, Afrobeta y Pablo Lescano de Damas Gratis), dando cuenta de la diversidad de estilos en que se mueve la agrupación: desde el electropop ochentero de ‘Electro Movimiento’ (qué temazo) hasta la cumbia villera de ‘Tal Para Cual’. Las temáticas de la banda se van concretizando cada vez más en torno al sentir latinoamericano, el cual encontramos en ‘La Perla’ (una hermosísima oda a la cotidianeidad de las clases bajas del continente), en ‘Gringo Latin Funk’ o en ‘Los de Atrás Vienen Conmigo’. De este modo, Residente y Visitante pavimentan el camino que los elevaría a un nuevo nivel en su próximo disco.

Porque ‘Entren los que Quieran’ (2010), el cuarto trabajo de estudio, es la consolidación de todo lo que Calle 13 siempre quiso ser. Es también su obra cumbre y el mejor disco en cuanto a producción y composición, donde aparecen nuevos géneros como el rock a lo RATM (‘Calma Pueblo’), el folclore a lo Mercedes Sosa (‘Latinoamérica’), el musical a lo Broadway (‘Intro’) y el afrobeat a lo Fela Kuti (‘Todo se Mueve’). Con este disco se ganan la venia de muchos nuevos fans, sobre todo de aquellos que los escucharon con atención por primera vez y se dieron cuenta que éste no era un grupo de reggaetón (como si el hecho de ser reggaetón sea algo malo per se).

Pero así como llegan muchos nuevos seguidores, los detractores de la banda también se multiplican. ‘Calma Pueblo’, el primer corte promocional -que contó con el featuring de Omar Rodríguez-López de The Mars Volta-, muestra a un Residente emulando a Zack de la Rocha  y despachándose versos como “le tiro duro a los gringos y me auspicia Coca-Cola” o el ya clásico “Adidas no me usa, yo estoy usando a Adidas”. Este acto de autoadjudicación de la vocería de los oprimidos le generó a René Pérez aún más desprestigio/prestigio del que ya tenía. La banda, a estas alturas, no dejaba indiferente a nadie y obligaba a tomar posición en torno a ella.

Sobre el álbum, hay que decir que es espectacular de principio a fin. Está ‘La Vuelta al Mundo’, la canción de amor más bonita que han escrito (y en la que iba a colaborar Gustavo Cerati si es que no hubiera tenido el derrame cerebral); está esa alegoría al pueblo que es ‘El Baile de los Pobres’ y está sobre todo ‘Latinoamérica’, un himno estremecedor que retrata a la Patria Grande como ninguna otra canción lo había hecho antes. Es tan potente y emocionante la poesía de este tema que debería bastar para perdonarle por siempre toda la egolatría que René Pérez ha manifestado -y seguirá manifestando- a lo largo de su carrera.

Así llegamos a ‘Multi_Viral’ (2014), la placa más reciente del dúo boricua. Un álbum que, sin alcanzar la perfección del antecesor, continúa la búsqueda de madurez lírica e instrumental. Hay folclor celta en ‘El Aguante’, reggae roots en ‘Perseguidos’ (gran canción) y emoción en la cándida ‘Me Vieron Cruzar’. Hay colaboraciones de figuras de renombre de la cultura izquierdista, como la narración de Eduardo Galeano en ‘Intro – El Viaje’, el sorpresivo canto de Silvio Rodríguez en ‘Ojos Color Sol’ o los riffs de Tom Morello en ‘Multi_Viral’. Aunque el alumbramiento de Residente en el 2° single ‘Adentro’ es sobreexagerado como siempre, en el funk-rock de ‘Gato que Avanza, Perro que Ladra’ plantea por fin de una manera lúcida -aunque sin dejar de lado su autorreferencia- lo absurdo de algunas críticas que se le realizan gratuitamente a su persona.

A raíz de esas mismas injustificadas críticas es que nos preguntamos: ¿Qué pasó con el respeto a Calle 13? ¿por qué un grupo que ha presentado una propuesta creativa, divertida y a ratos emocionante es tan menospreciado por algunas gentes? Pareciera que aquellos que critican a la banda son guardianes de una especie de ética revolucionaria, dictando cátedra desde una autoatribuida superioridad moral en la que tildan de ególatra y de chanta a René Pérez sólo por creerse el cuento un rato. ¿O acaso no estamos todos inmersos en la cultura de la selfie y los ‘me gusta’ y el culto al ego? ¿Por qué no nos miramos el ombligo primero antes de tirarle mierda a un hueón que, por último, tiene una trayectoria que le da el derecho a creerse la raja un rato?

Por eso molesta tanto el moralismo de la izquierda sobreideologizada, que le exige a cualquier artista con inquietudes sociales en su obra una especie de purismo en su actuar, donde cualquier atisbo de cercanía con el mercado lo convierte en un “vendido” o en un “inconsecuente”. Sin embargo, son los mismos izquierdistas pop que no le reprochan nada a Daddy Yankee, Metallica o Luis Miguel, músicos que sin meterse casi nunca en política y ser incluso medio fachos, son disfrutados sin culpa. Y no se crea que por ubicar políticamente a estos artistas a la derecha de Los Tres deban ser repudiables; al contrario, todos son tremendos en su género, pero el doble estándar para juzgar a uno o a otro es lo que nos tiene en la miseria argumentativa.

Por otro lado, eso de siempre estar sopesando la cOnSeCuEnCiA es un debate más ahueonao que la chucha. Es la hipocresía eterna de exigirle purismo a los músicos cuando cobran un precio justo en relación a lo que valen. Es la misma moralina que tilda de vendido a Portavoz (quien se enojó con nosotros por una talla que, como ven, está en las antípodas de lo que pensamos al respecto) o a Jorge González por tocar en el Lollapalooza ‘15. Es que de verdad es una tontera, porque estas discusiones, tan propias del infantilismo revolucionario, ni siquiera salen del elitista ambiente de la izquierda universitaria.

Mientras algunos gastan tiempo y palabras en lanzar epítetos chaqueteros a Calle 13, la gente común seguirá ajena a estas pobres polémicas (porque, sorpréndase, en el mundo real esto ni siquiera es tema), disfrutando sin resentimiento ni culpa alguna cuando en algún carrete suena ‘Atrévete-te-te’ o emocionándose con lo hermoso que es tener una identidad común con el resto de países vecinos cuando escucha ‘Latinoamérica’. Porque a Calle 13 lo valoramos no porque sea más o menos genuinamente de izquierda que nosotros, sino porque es un grupo mas bueno que la chucha. Y si no están de acuerdo con esto último, debatamos, pero hablemos de música; porque si vamos a hablar de política -por favor hablemos de política-, debatamos con un mínimo de altura de miras. Por favor.




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