Homenaje a las navidades de ayer

por Hans Carrasco



Sobre Hans Carrasco

Por Hans Carrasco

 

Todo tiempo pasado fue mejor, pero cuando perteneces a una generación como la mía tienes más pretextos para usar esta frase. En un principio pensé en homenajear un objeto que, en estos días y gracias a las tecnologías, está obsoleto. Pero luego de ir pensando qué escribir sobre ese objeto, me di cuenta que era toda una generación de tradiciones que se está perdiendo.

¿A qué me refiero? hoy quiero homenajear las navidades de los años 90, en especial a esas navidades en la periferia, esas que los que nacimos hasta 1994, podemos dar fe que las vivimos a concho, y claro, estábamos entrando a una era en donde la alegría venía y nuestros pies estaban ligados a los colores que, fuera del contexto político, representaban toda la fuerza de los años 80.

La gente estaba unida y las familias, a pesar de ser numerosas como la mía   -con trece tíos por parte paterna y cuatro por parte materna y otros varios no reconocidos por mis abuelos en esos tiempos- siempre tenían una excusa para verse, y es aquí donde me detengo, porque es necesario decir: Homenaje a esas cartas navideñas que se dejaban en los árboles de navidad, y que junto a los miles de adornos copaban el emblema navideño hasta casi botarlo. No eran las grandes cartas, pero sí simbolizaban esos kilómetros recorridos por las familias que visitaban a las otras para entregar esta tarjeta impresa que, además de tener un texto común, era rellenada con dedicatorias de líneas curvas  más largas que los comentarios que escribías en tu fotolog cuando le subías una foto a alguien. Esas cartas que desaparecían después del 6 o el 8 de enero junto con toda la navidad, pero que al fin y al cabo representaban los mejores deseos entre hermanos, amigos y primos.

Es también el arbolito de navidad un emblema de esta generación  que ha mutado con el transcurso del tiempo. Entre más periférico cordillerano eras, más natural era tu navidad. Recuerdo que mi padre, hasta hace ya cuatro años, alegaba contra los árboles artificiales, ya que para él y su familia del cajón del Maipo, siempre fue un ritual ir a cortar ramas de pinos para que después con un alambre se “ahormara” y diera forma al más estilo Disney a este árbol con forma triangular. Y no era sólo eso, al famoso árbol oloroso le acompañaba el algodón que representaba la nieve y los adornos que hacías con papel lustre metálico rojo, plateado y dorado en el colegio y que tantos 7.0 de fin de año representaron en tu hogar. Estoy seguro que mi madre ni debe recordar que existieron esos trabajos… pero en un mundo en donde las notas sí importaban (porque eran tu camino al progreso familiar) la mejor forma de premiar ese 7.0 era colgándolo en el árbol navideño.

Emblema patrio.
Emblema patrio.

Me detengo también a no seguir la tradición gringa de dormirse antes de las 12 de la noche porque el “viejo” no pasaba si los niños estaban despiertos. En mi pueblo se hacían obras de teatro que reunían a toda la población, a esa señora Iris, que era la sapa del barrio, a la famosa Yerma que es la que le daba alegría a todos junto a su hermana la Juana, a la soa Alicia que era considerada la bruja del pueblo, y por supuesto, a don Titín, que era el abuelo más educado entre muchos analfabetos hombres de campo y esfuerzo y que tenía una fascinación con hablar por el micrófono y andar metido en cuanto evento organizado por la junta de vecinos. Porque claro, él era el mandamás y tenía lista la cinta para inaugurar las celebraciones.

Es, aquí en las obras, donde la magia empezaba. Primero, los niños participaban haciendo pequeños sketch parecidos a los que se hacen pa’ la Teletón y luego, repentinamente, se veía al viejo pascuero, que nunca llegó en trineo pero sí montado en un burro con una bolsa llena de los regalos que los papás dejaban antes de todo el show, y que uno con el espíritu de estos lugares, te tragabas y eras más feliz que puta con cliente negro.

Creo que esa era la navidad de verdad, y que luego del año 2000 y el ataque informático, fue desapareciendo convirtiendo árboles naturales en árboles de colores extra-inflamables; a las cartas (aveces caseras) en spam sobre el muro del facebook de cualquier contacto; y aquellos sketch navideños, en el famoso especial de películas repetidas en los canales de tv. Quizás por eso soy una persona fome durante estas celebraciones, porque tal vez me acostumbré a una forma de festejar distinta a la que impone la sociedad de hoy.

Repudio
Repudio

Y bueno… ¿Cómo terminaba? Finalmente todo llegaba a su fin, con la canción dedicada al pequeño hijo del pulento nacido en el pesebre que, aunque no lo crean, tenía animales reales. Una canción que, a la usanza de los lentos en las discos, significaba el: “Señores, la noche buena ha pasado, llegó la hora de ir a cenar con sus familias y aprontarse al año nuevo”.




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