Lo que hubiera pasado si Vidal hubiese sido un profe

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Nada o casi nada. El tiempo dedicado durante la jornada de este miércoles a una nueva movilización de los profesores y estudiantes, no alcanza a ser ni siquiera un décimo de la cobertura del accidente de Arturo Vidal, emblema de la Selección de fútbol que chocó en estado de ebriedad en plena Copa América. El Rey, que fue tratado con un claro privilegio por Jorge Sampaoli, recibió un perdonazo histórico: sigue en la Roja, quedó sin licencia por dos años y sólo deberá firmar mensualmente EN ITALIA.

Parece ser que salvar a Vidal, relativizar su accidente y el uso de su condición de ídolo para zafar de la policía, es el problema más importante del país en estos días, un país que permanece con más de diez universidades en toma, una empresa del Transantiago con trabajadores querellados por la Ley de Seguridad Interior del Estado, la pesquera del grupo Luksic de Iquique con 18 días en paro, un fallido proceso de negociación colectiva de los sindicatos SINTRANSAR y SINTEC CHILE con la empresa Consorcio Construcción Línea 3 (CCL3) y el gremio de los profesores con casi tres semanas en las calles sin recibir respuestas satisfactorias a su petición de carrera docente digna, que no se mida por parámetros del mercado.

Ante esta paradoja de invisibilización del profesorado para sostener la permanencia de un jugador clave en el negocio de la Copa América, en una especie de espiritualidad ficticia de Chile, cabe preguntarse ¿qué hubiera pasado si el choque de Arturo Vidal lo hubiese protagonizado un profesor, trabajador de los más sacrificados del país?

Primero: tendría que haber sido un milagro que un docente de Artes y Música, con un sueldo promedio de $583.741 al quinto año, o de Pedagogía en Educación Básica, que llega a $564.178 (si egresó de una universidad) y a $519.255 (de un instituto), haya asistido al casino Monticcelo, donde el gasto promedio por visita es de $67 mil, según la Superintendencia de Casinos y Juegos (SCJ). Una de estas salidas a apostar un sueldo que a duras penas da para llegar a fin de mes, equivale a un octavo del presupuesto familiar de un profesional que un martes en la noche no estaría haciendo otra cosa que planificando, planificando y planificando.

Segundo: si el milagro hubiese ocurrido, un pedagogo en Educación de Párvulos, con un sueldo promedio de $461.927, o un profe de Historia y Geografía o Teatro y Traducción –las carreras peor pagadas de todo el sistema universitario- no podría ni en sus sueños pensar en un auto más allá de un city car a 72 cuotas, porque para poder subirse a un Ferrari propio, como el de Vidal, uno de estos profes debería trabajar 406 años continuos sin comer ni vestirse, dedicando todo su sueldo en virtud de un ahorro.

Tercero: Si estuviera vigente el actual proyecto de carrera docente que está congelado en el Congreso, un profesor con menos de dos años de antigüedad estaría trabajando boleteando o a contrata. Resultado: Apenas se hubiese enterado el director, sostenedor o jefe de la corporación municipal, el profe se va cortao; aunque de su trabajo no sólo dependa una familia, sino también el futuro de aulas llenas de niños que también quieren ser campeones, como Vidal.

Cuarto: ¿Cómo afectaría a ese profesor o profesora la ausencia a una clase que pudo haber sido tan clave como el partido ante Bolivia en una futura evaluación docente? Sin dudas drásticamente, imposibilitando al recién egresado ingresar a la carrera docente y obligándolo a extender los años de miseria sin contrato, sin salud ni previsión social. Todo, para que después Fernando Villegas y Matías del Río griten que “los profes están en paro porque no se quieren evaluar”, ignorando que desde hace diez años el 80% del gremio se ha evaluado, con el 82% saliendo airoso.

Quinto: Si al profesor involucrado lo llegasen a echar de la “convocatoria” se quedaría en la calle, pidiendo plata en las esquinas como la abuelita de Antofagasta que nos partió el corazón, sin redes de contactos, fondos mutuos, santos en la corte ni propiedades en arriendo. La única salvación: un bono al incentivo al retiro que ni siquiera es permanente, obligando a los docentes a “botarse a paro” cada vez que miles no pueden más revisando pruebas sábados y domingos por la noche.

Es una realidad que debería dar pena, pero los profesores ya no están dispuestos a darla. O si no que Chile mire las fotos de cómo llenaron hoy con alegría la Alameda y todas las plazas del país. Están jugados con todo, unidos, y entregados a sólo ganar dignidad. Por la baja de 45 a 30 alumnos por sala, por el 50% de horas no lectivas, que están lejos de ser recreacionales como los días libres de los astros de la Selección. Vivan los profes, campeones hoy y siempre. Ejemplos de virtud, siempre.




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