Descubre quién eres según el tipo de colación que llevabas al colegio

por Javier Gallegos Gambino



Sobre Javier Gallegos Gambino

Por Javier Gallegos Gambino

 

El recreo: qué momento más hermoso de la existencia humana. Cuando ya pocas esperanzas quedaban para construir una sociedad más justa y democrática, la campana o timbre del patio de nuestros colegios retumbaba con toda su fuerza para avisarnos que el contacto con la luz del día iba a ser nuestro destino por los próximos diez o quince minutos.

Atrás quedaban las insufribles horas de matemáticas, inglés o química, para que por un momento la libertad estuviera al alcance de nuestras manos, dando rienda suelta a nuestra hermosa e incansable energía adolescente. Pero entre todo el jolgorio de las masas enardecidas que intentaban romper sus cadenas, una de las cosas más significativas era la forma en cómo llenábamos el buche o remojábamos el güerguëro.

Grandes festines se daban aquellas personas que con mucha soberbia disfrutaban de un rico sándwich jamón-palta en marraqueta, mientras otras aves carroñeras esperaban pacientemente su turno para rescatar lo que sobrara, con tal de que algo fuera. Así era la cosa en el patio: la dinámica del ying y el yang de la colación.

¿Es nuestra forma de ser una manifestación del aprendizaje histórico que tuvimos en relación a la colación que llevábamos al colegio? A continuación, Noesnalaferia se aventura a responder esta pregunta, dependiendo del tipo de merienda o la forma en que ésta se llevaba para amenizar nuestra estadía en los fríos rincones del colegio.

 

 

 

Inocencia no interrumpida
Inocencia no interrumpida

1. Colación ABC1: La Lonchera.

Si llevaste colación en lonchera, marcaste una distancia respecto del resto de los integrantes de tu curso, de inmediato. La lonchera era sinónimo de bienestar, de familia bien, de contención emocional y buena educación. El contenido de la maletita o bolsito era expresión de lo anterior: el sándwich jamón-queso, mermelada-mantequilla, ave-mayo o churrasco-palta (en estos últimos dos casos perteneces indefectiblemente a la cota mil), envuelto en toalla nova y guardado en bolsa ziploc, para el primer recreo; las galletas-variedades según el día, para el segundo; jugo watts, para el tercero (si es que había, sino acompañaba alguno de los anteriores). Tu almuerzo era un verdadero festín, siempre en un termo “Thermos”, muy bien sellado y contundente, sorprendentemente llegaba a temperatura adecuada a la hora precisa.

Probablemente estuviste dentro de los cinco primeros lugares de tu curso, ganaste el premio al espíritu del colegio o, en algún caso excepcional, el premio a mejor compañero/a. Porque también pudiste también haber sido una mala persona (o un/a conchesumadre, con todas sus letras), de esas que cuando alguien te pedía comida se la negabas de forma rotunda o aceptabas parcialmente (si se trataba de pan, cortabas tú el pedazo y se lo dabas; si era un paquete de galletas le ofrecías a quien te pedía pero cerrabas lo más posible el paquete para evitar actos delictuales, en cuyo caso eres altamente fascista).

Sigues llevando colación a la Universidad, y cosechando los mismos éxitos académicos que pudiste conseguir en el colegio. Estudias Derecho, Medicina o Ingeniería. Vas a ser un profesional connotado y tener una casa en la playa.

 

 

Bless
Bless

2. Colación HippieLais

Más allá de cualquier consideración respecto a tu persona, es hora de que lo sepas: la colación sana nunca existió, ni existe, ni existirá jamás. Todo el resto es un invento. Tus padres siempre quisieron desarrollar la cultura fitness en tu vida, cuestión que a estas alturas es más que válida. El método específico de colación saludable consistía en llevar en una bolsa: una porción de avena, yogurt, leche, frutas y barritas de cereal. No tenías horario predeterminado, así que en verdad el recreo para ti era indiferente en términos alimenticios, porque tu dieta permitía comer todo el día un exceso de cuestiones sanas.

Además te salvabas de que te pidieran, porque tu colación era demasiado fome. Te salvaste de la obesidad, hiciste mucho deporte, pero siempre estuviste a patadas con los cuatro. En la actualidad te gusta mucho hacer yoga, eres vegetariano/a, votaste por Alfredo Sfeir, y participas en alguna organización que protege el medioambiente. Escuchas Beirut y te gusta ver películas de Wes Anderson.

 

 

Encontrar esto en la casa, era hallar el tesoro.
Encontrar esto en la casa, era hallar el tesoro.

3. Colación C3: El Kit o pack

Sin duda vives o viviste en Santiago Centro, Maipú o La Florida. Tus papás nunca tuvieron mucho tiempo para poder preocuparse de prepararte colación, pues, ambos trabajadores, pocas posibilidades tenían de levantarse más temprano de lo que lo hacían para dedicarse a ello.

Entonces el mercado y sus infinitas bondades ofrecían una alternativa válida para enfrentar esa situación: el pack, kit o promoción de productos susceptibles de ser colación para el colegio. Ahí, dependiendo del enfoque que tus viejos querían darle a tu vida, podías alimentarte toda una semana de un varieté de productos Marinela, o simplemente de una mezcla extraña entre productos chatarra y yogures 1+1.

Actualmente te encuentras estudiando, tocas guitarra y te gusta Silvio Rodríguez. Eres amigo/a de tus amigos/a, fumas marihuana y tomas pero nunca en exceso. Tu familia te quiere. Eres feliz.

 

 

La tía del kiosko <3
La tía del kiosko <3

4. Colación indeterminada: El/La Comprador/a

Sin considerar la posibilidad que tenía el pueblo de hacer justicia a sus chauchas para sacar uno que otro caramelo miserable del famoso Kiosko del colegio, si comprabas ahí tus colaciones todos los días: eres un futuro Horst Paulmann.

Porque la mercadería de los Kioskos siempre fue fiel reflejo de las lógicas con que la oferta y la demanda hacían de nuestra economía una cuestión compleja en el exterior, y tú lograbas interpretar el escenario a la perfección. Pero no comprabas cuestiones baratas, no te alimentabas a base de Chocman o Golazo. No, ibas por más. Si te ofrecían un queque casero por $1.000, esa entonces era tu colación. Tanto mejor si era comida chatarra: bienvenidas eran las empanadas, completos o pizzetas (sólo en caso de que el negocio fuera altamente cuico). Y para cerrar el círculo, la bebida de medio acompañaba tus alimentos gran parte del año, pero siempre cumplía esa función el helado de turno en verano.

Ahora crees que el dinero todo lo puede. Te encantaría ser como Leonardo Farkas. Eres una persona de números, de gran habilidad para los negocios y con muy pocos sentimientos. Votaste por Franco Parisi, y odias a Michelle Bachelet. Te gusta jugar tenis y tienes una moto. Lees habitualmente las columnas de Rodrigo Guendelman.

 

 

El milagro de que no llegue reventado
El milagro de que no llegue reventado

5. La colación del pueblo

Tu forma de resistir la violencia del hambre siempre estuvo marcada por la hallulla tostada con mantequilla, mermelada, manjar o la paté (que siempre se secaba) envuelta en una servilleta que por cuestiones de la física terminaba pegándose al pan, y se convertía en parte de la merienda. A veces también podían mandarte un plátano, y cuando los tiempos andaban bien, te beneficiaban con un yogurt, que siempre terminaba reventándose en la mochila: horas de desolación y limpieza de cuadernos y chalecos en el baño, ante tal nivel de desastre.

No te mandaban plata, salvo $100 si estabas en básica o $200 si estabas en media, pero sólo para ocuparla en caso de que hubiera que hacer una llamada urgente desde el único teléfono público del colegio. Si eras obediente, respetabas las órdenes y llegabas con las monedas de vuelta; si sacabas el Choclo Délano que llevas dentro, gozabas al comprar un Alfi, Filito, Gatolate, Traga-Traga, Cremolate, Leblón o una gran promoción de 3 Calugones Pelayo o 4 Kegol, en el kiosko o en el carrito que estaba afuera de tu colegio (siempre más barato). Con un poco de aguante, lograbas mantener la gamba para comprarte esa bendita sopaipilla en el paradero, antes de volver a casa. Y si en estas últimas situaciones te habías gastado las monedas y ocurría una tragedia de proporciones, bienvenido era el cobro revertido, tu casa recibía una llamada del tipo: “Usted tiene una llamada de cobro revertido de ¡MAMÁ, LLÁMAME!”.

Ahora eres un orgulloso/a estudiante mamón, todo lo que vas a lograr y ganar se lo vas a dedicar tu familia y a tu mami, porque es lo más importante en tu vida. Vives en Puente Alto, Estación Central o Cerrillos y nunca renegerás de ello. Prefieres comerte un completo que un Cuarto de libra con queso (a-ho-ra), tomas Baltica y no carreteas en discoteque, sino en alguna casa con amigos porque sabes disfrutar de las cosas simples de la vida.

 

 

Patria
Patria

6. La JUNAEB

Comprendiste que el Estado gasta la plata en puras hueás, cuando por primera vez tuviste que tomar una taza de leche llena de nata, en esos tazones de plástico de distintos colores con el borde masticado por algún otro infeliz del día anterior. Y aún no te preguntabas por qué por el sólo hecho de ser pobre no podías tomar una buena taza de leche con chocolate -de esas que servían en los cumpleaños de niños- porque entonces no había otra forma de ver el mundo más que desde la Junaeb.

Y resististe. Y gracias a la lección que aprendiste al probar manzanas harinosas, cereales sin sabor (Daffito) y esos almuerzos en los que todas las semanas el arroz o la papa eran los protagonistas del plato, cuando no había garbanzos ni espirales, hoy sientes la necesidad de luchar por una educación justa y digna. Eres el o la sujetx revolucionarix. Que nadie te venga a vender la pomada porque tú sí conoces la educación municipalizada con letra y número. Lograrás lo que quieras en la vida porque eres hijo/a del rigor y aprendiste cuán valioso era para tu mamita mandarte al colegio sabiendo que habría una boca menos que alimentar en casa. :’)

 

 

¿Date?
¿Date?

7. La no colación: el nacimiento de una rata.

Eres y siempre fuiste una pequeña rata, ante todo debes estar consciente de aquello. El “dame” (o “date”, cuidando que no te respondieran con un “toma”, mamón mediante, gracias a Dinamita Show) era tu consigna, atacabas a cuanto compañero/a se cruzara por tu camino portando algún alimento que pudiera ser útil para saciar tus deseos incontrolables de probar la comida ajena.

Pero a pesar del hostil contexto en el que te desarrollaste, de los múltiples rechazos y humillaciones experimentadas cuando te trataban de barsa, eres una persona hábil, y el mundo reconoce en ti una capacidad especial de sobrevivir a la adversidad pese a las circunstancias, a pesar de que muchas veces esa capacidad se relacione hoy por hoy con vivir a costa de los demás, ya sea en tu casa, con tus amigos (¿préstame plata y te la devuelvo mañana/a fin de mes?), en los carretes (¿dame copete? ¿te queda un puchito?) o proponiendo una vaca para ir a la botillería por más trago, a pesar de que no pongas ni uno ni tampoco seas el que vaya a comprar.  Entre tus amistades, tuviste una evolución de “pedigüeño” a “pechador”. Felicidades.

Los motivos por los cuales siempre estuviste desvalido pueden ser varios: No había plata para comprar/llevar colación, en cuyo caso está cien por ciento justificado tu acto pedigüeño de resistencia a la pobreza. O bien, eras un conchesumadre que se comía todo solo y después salía a pedir.

Ahora vives al tres y al cuatro, endeudándote por montos no superiores a 10 mil pesos, pero siempre te las arreglas para sobrevivir a costa de los demás. Si lograste entrar a la universidad, eres de los que en los trabajos en grupo dicen “Mándenme sus partes y yo junto todo”, “Yo hago la conclusión”, “¿Ponme en el grupo, por fa…?”. Vas a sacar tu carrera al mismo tiempo que ese amigo mateo que te protegió, porque pese a todo lo barsa que eres, hay que reconocerte que pucha que erís chistoso. Ahí radica tu fuerza, esa misma que te llevará a ser un gran y apreciado chanta, en un futuro no muy lejano. 

 

 

Público objetivo del trafica de colaciones
Público objetivo del trafica de colaciones

Bonus track: El/La traficante de especies.

El mercado negro era una cuestión popularmente legitimada en los más oscuros rincones de las salas de clases, pese al riesgo que se corría de enfrentar a la autoridad policial del Inspector o poner en riesgo de desabastecimiento al gran capital de los Kioskos del colegio.

Aparecía un muchacho/a con bastantes habilidades de persuasión, y te ofrecía la más amplia gama de productos que guardaba en un bolso escondido, siempre a un precio inferior al que te ofrecían en el negocio tradicional. El mercader lograba cubrir tus necesidades más inmediatas en el momento que lo estimaras necesario (si era tu compañero/a tanto mejor, podías comprar en cualquier momento del día). Sus motivos eran nobles: juntar plata para comprarse un Play Station o simplemente ser un bálsamo para la situación de sus padres y los infinitos gastos que esta vida los hace enfrentar. Homenaje al mercader, cuyo rubro también alcanzó las laminas de los álbumes, nicho que será desarrollado en una próxima columna.




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