El individualismo nos vuelve fachos

por Alejandro Basulto



Sobre Alejandro Basulto

Por Alejandro Basulto

Tristemente en la actualidad el país se ha llenado de fariseos, personas que no tardan en apedrear al otro, sin conocer su historia o reconocer en uno sus propias irresponsabilidades. La sociedad criolla del ahora, es mayoritariamente discriminadora; es clasista, racista, misógina y no tarda en olvidarse de los derechos humanos si la ocasión lo amerita. No está demás decir, que si es necesario para salir adelante pisar al otro, varios individuos chilenos lo harán.

Basta dar varios ejemplos de aquello, para que uno se dé cuenta. ¿No se acuerdan del apoderado que no quería que sus hijos se mezclaran con los de otro estrato social? “Mi opinión personal no es discriminar pero llegan niños de todo estrato social” dijo el susodicho en alusión al gratuidad en los colegios subvencionados según la nueva Ley de Inclusión. ¿Se dan cuenta? No importa que el resto también quiera una buena educación o sentirse incluido en el sistema, a él lo que le importa es que su hijo solo se junte con los suyos, que viva en su mundo, en su burbuja. Clasismo.

Racista es también parte de esta sociedad, al referirse a la causa mapuche como la de “unos flojos borrachos que quieren todo gratis”, cuando en la realidad es una nación que se rebela contra las injusticias históricas que han afectado a su gente (condenándola a la pobreza y a la miseria). Debido a que fue el Estado chileno el que violó el Tratado de Tapihue de 1825, el que reconocía las fronteras entre ambas naciones, dando origen a la sangrienta e injusta “Pacificación de la Araucanía”.

Otro ejemplo es lo que sucedió actualmente con el paro del Registro Civil, ¿No se acuerdan la cantidad de descalificaciones hacia la presidenta del sindicato solo por su apariencia? Misoginia en todo su maldito esplendor. Ni hablar de quienes denostaban la manifestación tratándolos de “flojos, ineficientes y ladrones”, siendo que los funcionarios solo exigían que el gobierno cumpliera lo que prometió en primera instancia.

La delincuencia es otro espacio para la discriminación y la aparición por sobre todo del facho pobre junto con sus “experiencias irrefutables”. Solo basta pasearse un rato por EMOL y darse cuenta de que cuando se trata de un delincuente pobre, los comentaristas le desean la muerte o el peor de los escarmientos posibles, mientras que cuando quien delinque es un hombre de estrato social alto, los comentarios ni siquiera exigen un castigo ejemplificador y de hecho, si uno les echa en cara lo que han robado no tardarán mucho en tratarte de “resentido”. Ni que fuera un insulto.

Es también cuando se habla del robo, de los portonazos, cuando aparece el facho pobre siendo el protagonista en los “linchamientos ciudadanos” (mal llamados “detenciones” por los medios) o justificando esa barbarie dando su experiencia y su historia de superación. Esto último, se puede contradecir fácilmente: Que él viva en un barrio pobre, hasta en uno marginal, no significa que viva la misma realidad de su vecino. Tal vez él también carezca de ciertos recursos y además igualmente tenga pocas oportunidades, pero su vecino puede vivir una realidad mucho más violenta y ligada al crimen que él.

“Si educamos a los niños en la barbarie serán indolentes ante el sufrimiento”, un regalo del gran escritor Julio Cortázar para quienes niegan el origen social de la violencia en todas sus formas. A alguien que nunca se le garantizó sus derechos de niño, que creció solo o con referentes meramente negativos, y sin dejar de lado también el tema de la droga ( los narcotraficantes inician a niños pobres para así sustentar su negocio), no se le puede exigir que sea una “persona de bien” de un día para el otro. Es un proceso social largo, tal como fue su formación.

Pero regresando al tema inicial, ¿Dónde y por qué se origina el facho pobre? En el individualismo, sería la respuesta más certera. Cuando nos referimos al “facho pobre”, nos estamos refiriendo a una persona que creció creyendo que la competencia estaba por sobre la colaboración con el del al lado. Hablamos también de alguien a quien se le enseñó aparentar más, para que así la sociedad lo vea de otra manera. Es decir, hablamos de un consumista, de alguien que solo se le enseñó producir y consumir.

Su pobre educación en cuanto a historia y movimientos sociales, también terminó afectando su concepción sobre la realidad. Niega la existencia de empresarios que en cierto momento ningunearon al pobre, al ciudadano promedio, y hasta los defiende. Es el mismo que cuando formalizaron a los de Penta, se tragó el discurso de que no se lo merecían ya que “ellos daban trabajo”.

Por sobre todo, el facho pobre es conformista. Se conforma con los bajos sueldos, los horarios extenuantes y la constante corrupción del país, ya que mientras él tenga lo suyo, el resto, lo que suceda a su alrededor, no le interesa. Solo ladrará cuando le suban el impuesto al empresario o exista otra “ola de violencia” protagonizada por “lacras”, como él llama a quien probablemente haya sido su vecino o su compañero de colegio con problemas de adaptación social.

Lo negativo de la cultura individualista (o más bien, capitalista), no solo está en la obtención de una población que no puede mirarse más allá de su ombligo, sino que lo más triste y lamentable, es que esta ciudadanía está tornando hacia el fascismo por culpa de esta vacía cultura del “yo” y las apariencias.

Y lo preocupante, es que a diferencia de la cultura individualista, en el fascismo no solo no importa la vida de quien vive miserablemente, sino que además, si es necesario para el bien propio y de “su gente”, no le importará a uno dañar o hasta eliminar a quien te moleste.

De algún modo, este “fachismo” (fascismo a la chilensis), no es más que producto del individualismo. Los fachos chilenos son el colectivo de élite, conformado por los competitivos individuos, los beneficiados de la segregación y de la desigualdad del país, que se unieron para combatir a los “resentidos” y a toda amenaza que ponga en peligro su conformista realidad.

¿Pero cómo se combate esto? Con educación, claro, ese siempre es un paso obvio que hay que dar. Pero siendo más específicos, esta educación debe alejarse del mercado, es decir, debe estar basada en la colaboración por sobre la competencia, y también tiene que cumplir una función social, por eso es importante que vuelva la educación cívica, debido a que hoy la ciudadanía no comprende la importancia de la política y de los derechos humanos.

Pero más allá de la educación, el cambio debe ser cultural. Que vuelvan los eventos comunitarios, que también existan más bibliotecas populares y más movimientos sociales que busquen lograr un cambio en su país. Chile tiene que volver a ser el de los 60s y 70s, uno comprometido con la causa social y los cambios. La droga, la violencia sistemática y la segregación nos dopó, nos mutiló y nos dividió, pero es hora de revertir ese efecto, con sus antítesis, o sea, el trabajo y la movilización comunitaria.

Uno podrá hasta encontrarle el lado positivo al capitalismo en algunas ocasiones, pero lo que sí no tiene ningún punto positivo es la “cultura capitalista”, ya que segrega y nos clasifica según lo que aparentamos. El “consumir” está muy por delante que el “compartir”. Es hora de que dejemos de ser meros consumidores y pasemos a ser ciudadanos, miembros sociales activos de nuestra comunidad.

“Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo”, Bertolt Brecht.




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