Devuélvannos el Matinal de Chile

por Javier Gallegos Gambino



Sobre Javier Gallegos Gambino

Por Javier Gallegos Gambino

El matinal de Chile está agonizando. Lo están dejando morir. Los mismos que probablemente están llevando a Televisión Nacional de Chile directo al precipicio quieren que así sea. Los mismos que quieren que el último (y único) reducto de la televisión pública chilena sea definitivamente controlado por las lógicas del mercado. Como si lo público fuera un enemigo al que hay que descuartizar, tal como lo han hecho con todas las demás porciones de nuestras vidas que ahora se transan en la bolsa.

Y es porque no les importa. Les da lo mismo tirar a la basura la historia de un programa que lleva 23 años (este 9 de marzo cumple 24) ininterrumpidos al aire, en la titánica labor de entretener a millones de chilenos y chilenas que han crecido en compañía del franjeado matutino. Años de gloria, años de prestigio, años en que el Buenos Días a Todos junto a TVN tuvieron la hegemonía indisputable del people meter. Años que van quedando paulatinamente en el olvido, como si un cuadro fuera perdiendo su nitidez y color, dando cabida a nuevos (y lamentables) “referentes” televisivos como Luis Jara y su matinal facho.

Es una pena, porque pese a los intentos desesperados de un equipo de producción cada vez más diezmado, a cargo de un errático Mauricio Correa, no se ha logrado ni siquiera estabilizar la crisis que se viene arrastrando hace ya un par de años (ya todos sabemos desde cuándo). No hay equipo, no hay química, no hay feeling, no hay espíritu, no hay nada. Y si algo de eso existe no se ve, no se nota; y si no se nota ni se ve, es porque no existe. Es triste ver a nuestra querida Karen, fiel emblema del programa, haciendo sus mayores esfuerzos por rescatar algo de la esencia del matinal; ahora ni esa chispa que la caracterizaba es algo que esté presente. Se le nota cansada, angustiada, poco conforme.

Es una lástima que la familia matinal haya desaparecido, en desmedro de ese forzado panel que instalaron recientemente, compuesto por María Luisa Godoy, Javiera Contador y Renata Bravo, que a no sé quién carajo se le ocurre que podría llegar a funcionar. Si ahora hasta “Bienvenidos” genera una mayor empatía con el público. Comentan noticias, hablan de farándula, se ríen, cocinan, hablan de tarot, tienen una consolidada sección de historias de la vida. Generan esa sensación hogareña y de compañía que por tantos años caracterizó al Matinal de Chile. Bueno, mal que mal el tridente Cárcamo-Tomicic-Davagnino fue parte fundamental de TVN durante muchos años; es como si se hubiesen llevado una porción del Buenos Días a Todos a Canal 13.

En fin. A aquellos que quieren y disfrutan ver morir a todo lo que es público; a aquellos que están esperando como leones enjaulados que de una vez por todas puedan salir a maximizar sus ganancias; a todos aquellos que desean que el Buenos Días a Todos muera, les decimos, o más bien exigimos: ¡Devuélvannos el Matinal querido!

¿Aló? ¿Buenos días a todos?
¿Aló? ¿Buenos días a todos?

Ese matinal con el que crecimos en los 90-2000. Con el que nos reíamos en las vacaciones de verano porque no teníamos mejor panorama que quedarnos en la casa viendo tele desde temprano, porque no había plata para salir, ni mucho menos para viajar. Ese matinal con el que crecimos, viendo a Felipe y Karen, que asumían la conducción del programa todos los veranos, en reemplazo de Margot Kahl y Jorge Hevia, momento histórico en el que uno sentía que el matinal pasaba a ser patrimonio exclusivo de los niños como nosotros. Ese matinal que nos hacía gozar las notas de Roberto Bruce en el Zoológico, o las de Germán Valenzuela en la piscina Tupahue, o las de Gonzalo Ramírez y Gustavo Huerta, cuando todavía eran jóvenes noteros matinales. Ese matinal que nos hacía bailar las coreografías en las que el Negro Said y Claudia Miranda nos enseñaban las canciones de moda, después lo mismo junto a la Porotito Verde, y después junto a Axé Bahía. Ese matinal con el que aprendíamos de bichos y animales raros junto a Alfredo Ugarte y con el que a veces hasta sentíamos un poco de miedo, después de escuchar las historias de terror del maestro Hugo Zepeda y sus paseos nocturnos por el Cementerio General.  Ese matinal que nos hacía llorar de la risa gracias a los chascarros de teleseries y las imitaciones del pelao Cariaga a Ricardo Cocciante, y la inconfundible voz en off del Pato Frez. Ese matinal al que llamábamos todo el día para poder ganar el concurso de turno, con la emoción latente de que ante un “¿Aló? ¿Buenos días a todos?” pudiéramos contestar un glorioso “¡El matinal de Chile!”.

Lo extrañamos. Como extrañamos a Felipe, al Tata Díaz, a Ricarte Soto y a Roberto Bruce. Su presencia nos hace falta. Pero en su recuerdo queremos que el Matinal siga vivo, no que lo sigan hundiendo. Queremos levantar al Buenos Días a Todos entre todos, igual que a TVN, así como toda institución pública debe ser protegida por la comunidad democrática. Porque ya basta de que nos quiten todo y después nos ofrezcan lo mismo a cambio de un precio competitivo que –al menos en este pequeño reducto de la vida- no estamos dispuestos a pagar.

Señoras y señores directivos, autoridades, gente importante que puede decidir cosas: devuélvanle a Chile su matinal, el Matinal de Chile.



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