Homenaje a Don Alfonso: el garzón del alma de Chile

por Nicolás Cabargas



Sobre Nicolás Cabargas

Por Nicolás Cabargas

Fue en el primer capítulo de Master Chef que Ennio Carota le preguntó a Alfonso Castro a quien le dedicaría el premio si llegaba a ganar. “A dos personas. A dos personas que realmente…. A mi mamá. Y a mi señora”  se alcanzó a escuchar antes de que las lágrimas saltaron de los ojos del garzón de 63 años. “Hace tres años que la perdí”, decía, mientras se apresuraba a disculparse por llorar frente a los jurados.

Así fue que conocimos a Alfonso, el favorito del pueblo para la final que hace unos minutos acaba de declararlo ganador. Con piel morena, pelo cano y respuestas cortas, Alfonso se nos mostraba tal cual era, pidiendo perdón por la pena, desmarcándose de todos los que utilizan cualquier recurso para ganar unos minutitos de pantalla. Pero él no, él estaba ahí, con una paella por delante y esperando la aprobación de los jueces que le permitiera hacer uno de los pocos lujos que nos podemos dar de rey a paje: cocinar y comer algo rico.

“CHETUMAREEEE” gritaba mientras corría a abrazar a los suyos. Alfonso llevaba el delantal blanco que lo acreditaba como participante oficial de la competencia. Y capítulo a capítulo lo empezamos a querer más. Siempre en segundo plano, claro, porque ese es el lugar que la industria televisiva tenía para él. No era la presa, no era el cantante de “Sudor de Ano”, no era la carabinera o el niñito bonito del que hablaban diputados por twittter. Las luces y las cámaras no iban a ir nunca para el trabajador promedio. Un garzón como tantos del país, uno que acarrea bandejas pesadísimas durante horas, uno que recibe con una sonrisa de oreja a oreja a los clientes buscando la mejor propina, uno que llega a la tele y se traga las lágrimas al recordar a su mujer.

Pero ahí estaba. Metiéndole mango a las comidas, con recetas cada vez más refinadas y siempre con su característico mariconeo, ese arte de montar la comida para que quede más bonita. Y cuatro meses después, la mente del mejor guionista de Chile, Sergio Nakasone, determinó que lo veamos en el capítulo más importante. Ahí donde Ignacio no pudo lograr la reivindicación de lo popular, Alfonso buscaba llevarse el título de MasterChef.  

“Quiero que gane Alfonso, porque somos iguales: A los dos nos ha costado salir adelante” dijo Maylin como palabras de despedida tras perder la semifinal. Y da en el clavo, porque esa es la principal causa del arrastre que genera este vecino de Independencia. Porque Alfonso podría ser cualquiera de nosotros, es un hijo de vecino que tiene como única salida a la adversidad el ponerle el hombro. Porque no importa si el arroz y el fideo acompañaron su crianza, no importa si le tocó almorzar marraqueta sola cuando la pega no estaba tan buena, no importan las preparaciones rimbombantes de un ingeniero de Reñaca o los platos complicados de una dealer de Arte Contemporáneo de Las Condes. Lo único que importa es que a punta de creatividad, humildad ante sus compañeros y competencia limpia, el llegar a esta final es un pequeño triunfo de la meritocracia de los menos acomodados ante el sistema.

Disfrute los 25 millones, Don Alfonso. Abrace a sus hijas y cumpla su sueño de conocer Barcelona. Llore, pero esta vez sin ocultar sus lagrimas. Piense en su esposa y sonría. Diga una chuchada y háganos reír a nosotros. Porque hoy, más que nunca, su felicidad es también la nuestra. Y como usted dijo: “Muchas gracias conchesumare”.

El garzón del alma de Chile.
El garzón del alma de Chile.



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