Repudio a Erdogan, el nuevo Sultán

por Felipe Ramírez



Sobre Felipe Ramírez

Por Felipe Ramírez

Un guardia del dispositivo presidencial turco rompió carteles y agredió a un joven que portaba una bandera del Partido de los Trabajadores del Kurdistán esta mañana en la Plaza de la Constitución, a las afueras del Palacio de La Moneda. No es una postal muy democrática.

Es que el Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan está en el país, importando toda la violencia de la que ha hecho gala en su país, mientras acá toda la fanfarria diplomática se movilizó esta mañana para recibirlo.

Así, un gran despliegue policial acorraló al centenar de manifestantes que llegamos a La Moneda a demostrar nuestro repudio a la visita del Presidente Erdogan, aquel que ha traído a la vida el sueño neo-otomano a punta de represión y financiamiento al terrorismo.

Pero ¿quién es este sujeto que causa tanta polémica y al que el ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, sólo atinó a comentarle sobre el éxito que las teleseries turcas han tenido en el país?

Erdogan es el máximo dirigente del Partido por la Justicia y el Desarrollo (AKP) de su país, una organización islamista supuestamente moderada, y ha dirigido los destinos de su país por más de una década.

Durante el año 2015 protagonizó dos elecciones generales intentando conseguir una mayoría en el congreso que le permitiera cambiar la Constitución e instaurar un sistema presidencialista. A pesar de todos sus intentos, no logró obtener su ansiada mayoría.

Una de las razones fue el auge de un partido de izquierda, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), que reunió a varias formaciones izquierdistas y a los partidarios del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, organización guerrillera que lucha por la autonomía del pueblo kurdo en Turquía y que combate desde 1984 al ejército de ese país.

El HDP obtuvo más del 10% por lo que pudo entrar al parlamento en un triunfo inédito para la izquierda. Esto, a pesar de numerosos y sangrientos atentados en mítines contra sedes y equipos de campaña.

El gobierno islamista, profundamente conservador, jugó además la carta nacionalista en un intento por frenar el auge de una izquierda que crecía a la par de un proceso de paz entre el Estado y el PKK que llevaba dos años.

La violencia desatada en la campaña y la nula voluntad de Erdogan por la paz, causaron que tras varios atentados la guerrilla reiniciara las hostilidades, y el segundo ejército más grande de la OTAN se lanzó con tanques y artillería pesada contra las ciudades kurdas en el sureste del país. Cientos han muerto, decenas de periodistas críticos están encarcelados, y numerosos académicos que firmaron una carta llamando a retomar las conversaciones de paz son perseguidos por “ser parte de una organización terrorista”.

Este es el Presidente de Turquía que el gobierno chileno recibió con honores. El mismo que ejemplificó su eventual sistema presidencialista con la Alemania nazi, y que desde 2011 respalda a diversas milicias yihadistas en Siria para derrocar al gobierno de Bashar Al-Assad.

Sí, aquel hombre sonriente que hoy paseaba por La Moneda mientras su guardia de seguridad golpeaba manifestantes en las afueras, ha sido el principal sostén de grupos terroristas en su país vecino: Al Qaeda (los mismos de los atentados del 11 de septiembre de 2001), Ahrar al Sham, Jaish al Islam e incluso el Estado Islámico han recibido su apoyo.

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Sus milicianos entran a Siria a través de Turquía, reciben provisiones y material militar así como apoyo logístico de los servicios de inteligencia turcos, son atendidos en sus hospitales (también en los de Israel) e incluso hay investigaciones que denuncian que compran petróleo de manos del EI. Nada menos que un pariente de Erdogan estaría al mando de la operación.

Hace un año, cuando las milicias kurdas en Siria combatían heróicamente en Kobane contra los islamistas (ver esta columna del mismo autor, al respecto) los tanques turcos se ubicaban al otro lado de la frontera, no para combatir a los terroristas, sino para impedir que cientos de jóvenes kurdos cruzaran la frontera para sumarse a los combates.

Cuando un guardia de seguridad extranjero se arroga la potestad de conculcar en Chile el derecho de un chileno a manifestarse pacíficamente por una causa, es que algo que está pasando va muy mal.

Mientras nos sentamos en la casa a ver si algún día terminará la teleserie “El Sultán”, el Presidente Erdogan busca crear un nuevo sultanato fundamentalista en Turquía, sobre los restos calcinados de su democracia y los cadáveres de cientos de sus opositores.

Si hace pocos meses nos estremecimos con los atentados en París, o con la imagen del pequeño Aylan Kurdi ahogado en una playa turca intentando conseguir un futuro con sólo 3 años de edad, es nuestro deber repudiar a Erdogan, y todo lo que él representa.




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