Repudio al TPP

por Rodrigo Vargas



Sobre Rodrigo Vargas

Por Rodrigo Vargas

Seguramente han escuchado hablar en las noticias sobre el TPP (Trans-Pacific Partnership, o en español, Acuerdo Transpacífico), un acuerdo de libre comercio en el que participa Chile, firmado el 4 de febrero, en medio de protestas, y que ha sido promocionado con frases rimbombantes, como que reúne al 40% de la economía mundial o que es la consolidación de la apertura de Chile al mundo.

Cuando me encargaron escribir esta columna, me compliqué un poco en verdad. ¿Cómo podría explicar en unas pocas líneas los aspectos negativos de un tratado que se negoció durante casi seis años entre 12 países, y que tiene unas 6.000 páginas escritas en el latero idioma de los abogados, lleno de excepciones a las excepciones?

En corto, podría repetir las mismas críticas que se han dicho en distintos medios y por distintos actores, a saber:

1)      Que el tratado se negoció con un nivel de secreto digno de películas de espías, pues hasta la liberación de su texto en noviembre del año pasado, sólo se podía leer en un cuarto oculto en un subterráneo del edificio del Congreso en Washington D.C., o bien confiando en las filtraciones hechas por Wikileaks, mientras que no era secreto para los verdaderos escritores del tratado, los lobbistas de las grandes empresas.

2)      Que si se aprueba este tratado, veríamos afectados nuestros derechos en una gran variedad de temas, como por ejemplo:

     El encarecimiento del acceso a medicamentos, lo que podría amenazar medidas tales como las farmacias populares o la Ley Ricarte Soto.

   La criminalización de conductas que hacemos todos los días en internet si es que afectan a derechos de autor. Así, quien suba un meme o un remix sin tener los permisos correspondientes, podría llegar a ser castigado con multas o penas de cárcel.

    La censura en internet de estos mismos contenidos por privados (¿Han visto cuándo bajan un vídeo de YouTube por derechos de autor? El TPP impone un sistema similar, pero aún más estricto).

  La pérdida de control sobre nuestros aparatos tecnológicos, así, podrían limitarse actividades tan cotidianas como la reparación de un auto o el desbloqueo de un celular o consola de juegos si es que estos están protegidos por medidas tecnológicas de protección de derechos de autor.

   La pérdida de soberanía de los países, que si pasan leyes en materias tales como la protección del medio ambiente, la regulación de empresas estatales, o el etiquetado de alimentos, pueden ser llevados a juicio si es que afectan las ganancias de inversores extranjeros.

Hasta los Homeros falopa están contra el TPP
Hasta los Homeros falopa están contra el TPP

¿Lo peor de todo? Es que Chile ya tiene que hacer cambios similares en sus leyes por culpa del tratado con Estados Unidos de 2004, firmado en los tiempos de Ricardo Lagos y Soledad Alvear (repudio a ambos), el TPP sólo impone medidas peores a las que ya se han implementado, y en una mayor variedad de materias.

Así, tenemos a un país que por un lado se llena la boca hablando de soberanía para negar la posibilidad de discutir el acceso al mar para Bolivia, por otro lado la regala a manos llenas a las multinacionales a través de un tratado negociado al estilo de las peores conspiraciones de Salfate, sin ningún estudio serio que muestre beneficios para el país, pese a que el canciller Heraldo Muñoz viene prometiendo mostrar esos estudios al menos desde la sesión especial de la Cámara de Diputados de mayo del año pasado, y aún no aparecen. Sólo queda confiar en las cuñas del ministro en la prensa, o en el Representante de Comercio de los Estados Unidos en su página web, que señala que este es un acuerdo Made in America.

Además, Chile no gana mucho al firmar, porque ya tenemos tratados de libre comercio con casi todos los países que acordaron el tratado, como dijo Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, “Chile no está ganando nada con el TPP que no tenga con el TLC de EE.UU., y su aprobación sólo empeorará las cosas, o porque según el Banco Mundial, Chile crecería sólo un 1% de acá al 2030 gracias al acuerdo; o como señalan expertos de las Naciones Unidas, “Si una consulta pública se llevara a cabo en los doce países en cuestión, este acuerdo sería rechazado categóricamente”. O sea, en corto, el tratado no es la gran cosa, incluso en opinión de actores que no son precisamente antisistema.

Por otro lado, el tratado ha sido rechazado por una gran variedad de sectores políticos, tales como la plataforma de organizaciones sociales Chile Mejor sin TPP, o por organizaciones de la sociedad civil agrupadas en TPP abierto, o por congresistas de diversos colores, desde liberales a comunistas.

¿Lo bueno? Todavía queda algo de tiempo para oponerse al tratado. Hay dos años para que los países aprueben el tratado, lo que acá en Chile le corresponde al Congreso. Así que no queda otra que presionar a los parlamentarios para que se opongan, e ir a las marchas que probablemente se convocarán durante este año. Es inaceptable que en pleno siglo XXI se trate de imponer un acuerdo negociado en la cocina de los grandes lobbistas, que las personas comunes vinimos a conocer recién hace unos meses, negándose el derecho a un debate democrático.

 



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