Homenaje al Pepe Rojas

por Nicolás Cabargas



Sobre Nicolás Cabargas

Por Nicolás Cabargas

Los títulos ganados por José Rojas deberían ser los encargados de escribir su biografía: 6 campeonatos de primera división, 2 Copa Chile, 1 Súper Copa, la Copa Sudamericana y la Copa América. Pero ni la vida ni el fútbol funcionan así, porque la historia del Pepe no está ni cerca de ser un cuento de hadas.

Sus inicios fueron tan llenos de críticas como su carrera. Pese a que en un principio llegó a las inferiores como un puntero izquierdo, lugar reservado para los más hábiles, sus capacidades (o la falta de ellas) lo hicieron retroceder hasta la defensa. Ahí, donde se pide más el sacrificio que el talento, Pepe encontró su lugar. Sin ser alto o rápido, sin ser de grandes amagues o de centros peligrosos, logró consolidarse en uno de los clubes más importantes del país, siempre como titular. Y no es que alguien le regalara algo. Todos los períodos de transferencia era lo mismo: buscar un lateral izquierdo para la U. Rodrigo Jara, “Laucha” Arias o Emanuel Centurión llegaron con la intención de quitarle el puesto. Y nada, desde 2003 el Pepe siempre terminaba dentro del 11 inicial.

Sumando buenas y malas, y con un campeonato local bajo el brazo, en 2006 le llegó la oportunidad de jugar en el extranjero. Un gigante sudamericano como Independiente de Avellaneda se fijaba en él, pero como se trata del Pepe, el sueño no podía tener un final feliz. Tras seis meses para el olvido, volvió a la U sólo para recibir los ataques de su propia hinchada. Era entendible, el clásico rival, Colo Colo, había comenzado una racha impresionante con cracks como Arturo Vidal, Alexis Sánchez y Humberto Suazo, y algún jugador azul debía pagar los platos rotos, se lo mereciera o no. Ahí fue cuando el sitio web Charla Técnica creó el “Premio Pepe Rojas”, entregado al peor jugador de cada partido. ¿Qué dijo Rojas? Nada.

Esa fue su situación por seis años, aguantando las burlas y críticas. Todo hasta que 2009 diera inicio a una nueva época de gloria para la U. Incluso el mismo Pepe vio su consolidación, resultado del cambio de posición de lateral a stopper por izquierda. El campeonato de ese mismo año y las nominaciones a la selección bien podrían haber significado un cambio en su suerte, pero no. En la final contra Unión Española, tras mostrarse sólido como nunca, se lesionó de gravedad. Cuando el doctor se sentó a conversar con Rojas, incluso le habló del retiro. Nadie se imaginó que seis meses después ya estaría nuevamente de titular en la U. Vino la semifinal de Libertadores de 2010, la llegada de Sampaoli, el tricampeonato y el título de la Sudamericana. Incluso en 2014 se dio el lujo de jugar unos minutos en el Mundial.

Pero no nos engañemos, porque pese a las medallas de campeón y la gloria, cuando todos ganaban el Pepe siempre perdía. Lesiones, traspasos fallidos, ninguneo de la prensa y chaqueteo masivo fue lo que recibió incluso en los mejores momentos de su carrera. La Copa América fue un reflejo de eso. La selección buscaba su primer título en 100 años, estábamos de local y por primera vez éramos favoritos. A nadie le interesaba que Bravo fuera del Colo, Gary de la Cato o Charles de la U. No parecía importar que Vidal llegara curao. Por primera vez lo único que queríamos era celebrar, tanto así que el partido empatado contra México fue capaz de reunir a miles de chilenos en Plaza Italia. Nadie era criticado, excepto el Pepe, que vio como su participación en la semifinal contra Perú fue la ocasión perfecta para los chaqueteros de siempre. Cuando todo el medio ansiaba la Copa, “Las Últimas Noticias” le dedicó la portada a un meme burlándose de Rojas.

Pero la burla final, probablemente la que más dolió, vino desde la institución que había sido su casa desde los 16 años. El mismo jugador que en junio celebró la Copa América mostrando un chuncho gigante en su camiseta, vio como la dirigencia se pasó por el culo todo su cariño y entrega. Nadie pensó en las veces que jugó lesionado, en los meses que pasó sin cobrar cuando se venía la quiebra o en las horas que recorría desde Talagante hasta el Caracol Azul cuando estaba en inferiores. O peor, pensaron en eso y no les importó. Porque para los empresarios que manejan la mayoría de los clubes en Chile, los referentes pueden ser una molestia, un sueldo caro y una voz potente que nos recuerda el futbol antiguo, ese donde el corazón y el cariño son el lenguaje habitual, y no la lógica del “Números y resultados” que tanto le gusta a las Sociedades Anónimas.



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