Todo por 740 pesos

por Nicolás Cabargas



Sobre Nicolás Cabargas

Por Nicolás Cabargas

Cualquier persona puede imaginar el calor que en Santiago hace durante un día de febrero a las seis de la tarde. Más de 25 grados en la capital y sólo Dios sabe cuántos más en la subterránea estación de metro Baquedano. Mientras las faldas y sudaderas se repiten entre los usuarios, más de una docena de personas están cubiertas enteras, no dejando ni un centímetro de piel para que los humildes ventiladores que cuelgan del techo refresquen sus cuerpos sudados. Son más de una docena de miembros de las Fuerzas Especiales, las repudiadas tortugas ninja que con metro ochenta y lentes oscuros amenazan con su sola presencia a quienes respondieron al llamado de evasión durante esta tarde. Están ahí, listos para pegar el primer palo, esperando que los anarco-terroristas y enemigos del Estado cometan el delito capital de no pagar su pasaje. Puede sonar loco, porque lo es. Pero así es como funciona la lógica de las unidades de choque de Carabineros de Chile, encargadas de apalear, de mojar, de tirar lacrimógenas. No piensan, actúan.

Son las 18:15 y los gritos de un par de jóvenes los alertan. Se emocionan, murmuran, prenden las GoPro que tienen en el pecho. Es la hora del show, parecen pensar. Se amontonan las cámaras y de la nada aparecen más Carabineros, de nuevo vestidos como militares en zona de guerra. Millones de pesos gastados en un operativo. ¿Por qué? Todo por 740 pesos.

“Evadir, no pagar, una forma de luchar”. De verdad no son más de cinco personas las que lo dicen. Pero la dirección del Metro reacciona. Cuatro guardias de azul se mueven rápido. Corren de un lado para otro. Los veinte pesos que motivan la movilización de hoy son sólo la gota que rebalsó el vaso, el andén, la línea 1 y el Metro entero. La gente está molesta, y en el Metro lo saben mejor que nadie. Lo sabe el asistente de estación que pelea contra la prensa. Lo sabe la joven guardia que intenta ordenar un poco las cosas. Lo saben todos los trabajadores de la empresa, porque ven día a día la rabia en las caras de los usuarios.  Pero ahí están, corriendo ante una protesta de cinco personas, buscando que nadie se vaya a pasar por debajo del torniquete. Todo por 740 pesos.

Más de 6000 asistentes tenía el evento en Facebook que llamaba a la desobediencia civil, pero no pasa nada. Triste pero cierto. Los manifestantes, liderados por el creador del evento, Cristóbal Ducci, no tienen más que salir de la estación, e intentar utilizar la entrada principal para agitar a la gente. Son palabras, gritos, pero como si de una bomba se tratara, el Metro detiene el funcionamiento de la estación más importante de una ciudad de seis millones de habitantes. El punto que divide Santiago en oriente y poniente está cerrado y atestado de pacos. Todo por 740 pesos.

Afuera de la estación viene lo de siempre. El caballero que reclama contra los cabros, la señora que grita a favor, las cámaras que se aprovechan del debate. ¿Después? Nada. Así funcionamos, que reclamen unos pocos y el resto nos callamos. A seguir esperando la revuelta de la chaucha por Facebook, aunque el plan del celular nos cueste más de 740 pesos.




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