Homenaje a la Inclusión en la Educación

por Alejandro Basulto



Sobre Alejandro Basulto

Por Alejandro Basulto

Desde el inicio de clases en marzo, Chile dará un cambio sustancial desde una educación desigual y segregadora (legado de la Dictadura) a un sistema bastante más inclusivo, donde también al menos, con dineros fiscales y con los estudiantes, no se podrá jugar al Monopoly. La Ley de Inclusión está en marcha.

Antes que todo, hay que partir contextualizando la realidad educacional de nuestro país, la que no es muy auspiciosa siendo bien sincero, ya que nuestro sistema de enseñanza es el tercero con más segregación escolar del mundo (según la prueba Pisa de la OCDE y la Unicef), en gran parte gracias a un modelo educativo que dividía a los estudiantes entre 3 o 4 estratos educacionales: estaban los que asistían a colegios privados (o sea, los que pueden pagarlos), los que asistían a los recintos educativos subvencionados, donde eran seleccionados por diversos motivos, algunos hasta arbitrarios (sin olvidar que también la matrícula tenía un costo no accesible para todos); y los estudiantes de liceos municipales, siendo ellos quienes no podían pagar la matrícula en un recinto educativo mejor o simplemente, se quedaron fuera de una “mejor educación” por la selección escolar; como “bonus track” estarían los liceos emblemáticos, donde no se paga pero sí se selecciona, buscando formar de esa manera a la “cream de la cream estudiantil” del país.

A la alta segregación escolar, hay que sumarle cifras como la de que somos el segundo país con más estudiantes por sala según el informe “Education at a Glance” de la OCDE; estando el mayor hacinamiento escolar en los colegios municipales y subvencionados.

Esto último me recuerda al Colegio Extremadura de Vitacura (recinto educacional subvencionado con fines de lucro), el cual cerró echándole la culpa a la Ley de Inclusión, pero su realidad es que hace años (muchos antes del gobierno de Bachelet), quienes les habían arrendado el terreno se lo estaban pidiendo para otro negocio (esto con la nueva ley ya no se podrá hacer, por cierto). ¿Qué hizo su directora? Les avisó a última hora a los apoderados, generando el caos. ¿Lo curioso? Siendo un colegio pequeño y de aulas diminutas, tenía por los menos en la enseñanza básica en varias salas de clases a más de 30 alumnos por sala (según testimonios de sus ex estudiantes y ex profesores), siendo el promedio de la OCDE de 21 estudiantes por aula, y lo “sano”, 25 niños por sala (como en la educación privada, por cierto).

Para finalizar esta contextualización, hay que agregar el dato de que somos el tercer país con menor matrícula en la educación pública en el mundo según el informe “Education at a Glance” (curiosamente coincidiendo con nuestra posición mundial en cuanto a segregación escolar), siendo el promedio a nivel OCDE de un 82% de matrícula pública y nuestra realidad un bajísimo 37,7%, además de que tristemente “lideramos” por lejos a nivel latinoamericano (Argentina tiene un 68%, Uruguay un 83% y Perú un 85%).

Y así, hay muchos casos y demostraciones más, de que un sistema educativo basado en el mercado y en la obtención de ganancias antes que de “educar y formar ciudadanos” (siendo esto último lo lógico), no es viable y llega hasta a ser dañino.

La Ley de Inclusión cambia este paradigma, eliminando el lucro en la educación escolar (en todas sus formas), eliminando la selección escolar junto con el copago, además de que progresivamente todos los colegios subvencionados pasarán a ser gratuitos. Es decir, la educación subvencionada pasará realmente a ser educación pública.

Gracias al nacimiento de esta educación más inclusiva, entre otras cosas, los estudiantes dejarán de ser sancionados y por lo tanto, discriminados por sus teñidas y apariencias. Y para quienes siguen pegados en lo que es la búsqueda del “Regimiento de Chile”, donde todos los niños y jóvenes andarán “uniformaditos, calladitos y disciplinaditos”, les contamos que en países tales como Alemania, Francia, Holanda, Suiza, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, etc, la apariencia del estudiante no es motivo de sanción. Y para quienes vengan a decir que ahora “se discriminará a los más pobres por su teñida”, eso habla de que justamente el problema no está en la ley, sino que en no se enseña a respetar y a no discriminar.

Pero la Ley de Inclusión no es solo algo de piercings más o piercings menos, eso es solo lo que los medios sensacionalistas han querido destacar, obviando cambios más o igual de importantes que se vendrán con esta iniciativa del gobierno actual.

La mayor inclusión escolar se dará a través del fin de la selección y la nueva gratuidad de los colegios subvencionados. Para los escépticos con respecto a la inclusión escolar, les cuento que la heterogenización de salas de clases puede tener efectos académicos equitativos, debido a que permite a los alumnos de menor capacidad (en ciertas áreas) relacionarse con estudiantes de mayores niveles (en esas áreas), generando sinergias positivas en el aprendizaje (Orfield, 2001). Esto último se ve reflejado en los mejores modelos educativos del mundo, como lo son Finlandia, Noruega y antes Suecia (que agregó recientemente la selección escolar y coincidentemente después terminó bajando su calidad educacional según la Prueba Pisa).

El lucro por su parte, no solo es innecesario y mercantiliza un derecho social, sino que además es injusto y dañino para la educación. Solo basta recordar el caso del Colegio Extremadura (anteriormente mencionado), donde nunca importó el destino académico de sus estudiantes, sino que solo el lucrar a costa de ellos. Y es injusto, ya que cuando se permite el lucro, el dinero fiscal (es decir, de todos nosotros), puede terminar en el bolsillo un sostenedor, en vez de invertirse y emplearse en mejorar la educación de nuestros niños (siendo en esa injusticia también dañino). Y por favor, recuerde siempre: Lucro no es igual a sueldo (en un marco jurídico económico, al menos).

Ahora, como en toda iniciativa social y que busque la garantización correcta de los derechos sociales, jamás faltarán quienes, posiblemente por razones no muy sanas, se opongan. De hecho, últimamente se ha compartido harto la noticia de que casi un centenar de colegios cerrarán este año (echándole la culpa a la Ley de Inclusión), obviando el hecho de que según cifras del Ministerio de Educación se han cerrado 3.000 colegios en los últimos 15 años (200 recintos educativos por cada año) o que según cifras de Acción Educar (quienes criticaron las dadas por el Mineduc), se han cerrado 111 colegios por cada año. O sea, según ambas fuentes, en este año se han cerrado menos colegios que en los años anteriores.

Pero frente a esto, los pro-mercantilistas de la educación, dirán “pero oye compadre, de ese casi centenar un 77% son particulares subvencionados, ¿No te parece grave?”. Y la verdad es que sí, ya que lamentablemente eso me habla de que en Chile habían casi 100 colegios en el que su fin no era educar, sino que solo ganar dinero (como si fuera un negocio más), sin importar la educación, la correcta formación y el destino de sus estudiantes. Parece que la falta de vocación educativa en nuestro país es más grave de lo que se pensaba.

Y para finalizar, hay que recordar que lo mejor de todo, es que está nueva Ley de Inclusión además va acompañada con la gratuidad en la educación superior, lo que permitirá hacer de nuestro sistema educacional uno más inclusivo en todos los niveles. Y un sistema educativo inclusivo, forma una sociedad inclusiva, que es lo que tanto hoy necesitamos.

Un sincero homenaje a todos esos colegios que ahora educarán a niños rubios y morenos, ricos y pobres, mateos o no, chilenos o extranjeros, heterosexuales u homosexuales, de padres casados o separados, por igual y sin pensar en agrandar su billetera a costa de sus estudiantes.



Deja un comentario