Homenaje a los Guns N’ Roses

por Fabian Alfaro



Sobre Fabian Alfaro

Por Fabian Alfaro

Más que homenajear a una banda de rock gringa cuya época de oro estuvo enmarcada a fines de los ‘80 y que no tiene casi nada que ver con Chile, esto podría interpretarse como un repudio al chaquetismo local hacia cualquier artista que se crea el cuento -siempre y cuando no esté muerto- o que en un principio haya sido odiado y luego idolatrado por la cercanía de su muerte.

Partiremos con una premisa: Chile es un país más pop que blues y más metal que rock, a diferencia de lo que ocurre en Argentina, que es un país con más cocaína que éxtasis. Esto quedó demostrado, por ejemplo, en la mítica segunda visita de The Rolling Stones a nuestro país. Un show en el que tuvieron que regalar entradas como locos y donde -estoy seguro- un alto porcentaje de quienes presenciaron el concierto no estaban ni cerca de ser fans, pero sabían que era importante porque Cencosud lo estaba promocionando.

Por otra parte, ese extraño fetiche que el público menos pop tiene por el playlist del Pera Cuadra -el cual hace que el Nacional se llene cada vez que Iron Maiden aterriza en Pudahuel- me hace un poco de ruido. No porque me moleste esa realidad -soy un ferviente convencido de que la música está para disfrutarse en todas sus variedades posibles-, sino porque me sorprende el intenso fanatismo de los metaleros nacionales, tan semejante al de los hinchas del fútbol local o al de los feligreses del credo evangélico.

Es gracioso oír a los chascones hablar sobre por qué tal y tal banda de metal es lo mejor que le ha pasado a la historia de la humanidad, y las razones detrás de sus ganas de crucificar a bandas más posers. Como se dice, por ejemplo, que son los Guns N’ Roses.

El conjunto liderado por el gordito más carismático que la industria de la música ha conocido posee una categórica mala reputación por el público chileno. Y como buen fan de “la banda más peligrosa del mundo” (sí sé que me estoy dando color), conozco casi todos los argumentos que hay detrás para criticarlos, los cuales muchas veces son tan poco profundos como las críticas populares contra la gestión de Bachelet (me refiero a lo de su apariencia física, no nos desvirtuemos).

El primer argumento más recurrente es este: son una banda poser y vendida. No puedo estar más en desacuerdo con esto. Si lo poser es por su estética, entonces usted, amigo mío, no entiende nada sobre la industria musical del siglo XX. Hasta los músicos más “true” necesitaban una estética: una vestimenta, maquillaje, peinados, tipos y marcas de guitarras específicas, puestas en escena, etc. En el caso de los Guns, particularmente, la pinta no era excesivamente parafernálica (en la escala de una banda de rock hollywoodense, dah): peinados alocados, pantalones apretados y sin polera, todo muy ochentero, pero también muy identitario. ¿Por qué? Estiremos el argumento de lo poser hacia la actitud. No es que los tipos se creyeran malos, ni que todo eso del sexo, drogas y rock n’ roll fuera únicamente para aumentar las ventas (aunque imagino que necesitaban mantener una imagen luego del primer disco). Estos cabros eran auténticamente cumas, eran de la calle, tipos sin mucho futuro que, con talento y mucha suerte, llegaron a la cima haciendo lo que mejor sabían hacer.

Si le pones atención a las letras de su álbum debut “Appetite for Destruction” (1987), estarás escuchando las confesiones de su indisciplinada adolescencia. ¿Y qué pasa cuando le das fama, fortuna y poder a alguien cuya máxima aspiración era no irse preso por tomar en la calle? Algo parecido a lo que le sucede a nuestros queridos futbolistas nacionales, que han tenido que aprender a adaptarse a los lujos y la vida de un deportista multimillonario y mundialmente conocido.

Los 5 integrantes originales de Guns N’ Roses no tenían donde caerse muertos. Todo lo que hicieron fue registrar su frustración en un disco que por cuea (en serio, por cuea) se hizo conocido.

Respecto al argumento de que sean vendidos: sí, lo son. Todos los fans sabemos que la esperada reunión de la formación clásica es únicamente por plata. ¿Y qué tiene? La música es su negocio, pero también su vía de escape. Algo que para mí y muchos otros se traduce en pasión.

Si los Guns hubiesen sido chilenos, no hubiesen llegado a ninguna parte, porque este país es experto en apagar fuegos internos, como diría el Coco Legrand. Pero suponiendo que hubiesen sido exitosos, diríamos que le ganaron a la vida y -como cualquier clase media aspiracional- no supieron qué hacer con tanta plata, se pasaron las medias películas, empezaron a gastarse todo, a tomar pésimas decisiones y finalmente terminaron peleándose con todo el dramatismo innecesario digno de farándula chilena (ejem, Narea).

Creo que es válido pensar, entonces, que su “venta” es más una consecuencia que un motivo. Si miras cualquier concierto antes del ‘90 de los californianos, es imposible negar la energía, la pasión, la rabia y el goce detrás de cada riff. Y si debajo del dinero está todo eso, pues yo compro la entrada VIP con meet and greet y toda esa mierda que inventan las productoras.

Respecto a la simpleza detrás de su música, definitivamente es un argumento muy tonto para criticar una banda radial. Guns N’ Roses es una banda de hard rock, que es un derivado del rock clásico, que es un derivado del blues. Pero también es una banda muy pop, como casi toda la música radiable (a veces sólo bastan 3 acordes para llenar el Nacional).

Respecto a su talento, por favor, por mucho que Geffen Records haya vuelto cliché y prostituida a Sweet Child O’ Mine, pensar que no hay talento detrás de los gritos finales de la canción o considerar que por su simpleza el solo principal no puede darte cosquilleos en la guata, entonces hay un odio muy personal contra Axl y compañía. Eso, sin contar canciones espectaculares en medio de su discografía en las que el ahora guatón alcanza tonos que, tanto en vivo como en estudio, siguen erizando la piel.

Por último, la razón principal del odio generalizado contra la banda tiene nombre: Axl Rose. Casi siempre las críticas van hacia su personalidad y su aspecto físico. Cuando joven era muy “afeminado”,  pasao a caca, irresponsable o todo eso junto.

Lo de que fuera “afeminado” por el hecho de que usara faldas o estuviese mino (no me vengan con weás, era mino) es un argumento tan idiota, que no gastaré caracteres demás. Respecto a su actitud, sí, el weón es un traumado de mierda, con serios problemas de personalidad y afecto (googlee mijo, para corroborar eso), lo que claramente no justifica su falta de profesionalismo. Pero a nosotros los fans no nos molesta, sabemos que es parte de la experiencia. Ir a un concierto de los Guns a esperar que empiece a la hora es como ir a un partido del Colo contra la U y esperar que todo termine pacíficamente.

Ahora de viejo, Axl sí está hecho mierda y su voz se fue un poco al carajo. Pero puta, por muy estrella de rock que sea, no todos pueden mantenerse intactos como Jagger. Nadie te ha criticado por jurar que cantas pulento cuando estái raja curao.

Bueno ya, eso último me lo tomé personal. No tengo muchos argumentos a favor del actual Axl Rose. Ah sí, si escuchas el “Chinese Democracy” (2008) como un disco solista y no como uno de Guns, podrías llevarte una interesante sorpresa.

Como sea, al final del día, todo esto es subjetivo. Nadie tiene la razón respecto a gustos musicales, pero sentí necesario bajarle los humos a los criticones que de todas formas igual estarán en el concierto de reunión si llegan a Chile, siempre y cuando invite Cencosud.

En fin, este homenaje va dedicado a todos a todos los fans de “Guns N’ fuckin Roses”. Y a los que se opongan, mmm bueno (el que cacha, cacha).




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