Repudio al Mechoneo

por Javier Gallegos Gambino



Sobre Javier Gallegos Gambino

Por Javier Gallegos Gambino

El mechoneo es fascismo. Es la naturalización de la violencia, del machismo y la humillación. Lejos de ser una orgullosa tradición, es una institución que año a año nos demuestra que existen personas que con una pequeña cuota de poder, de dudosa procedencia, abusan irracionalmente de compañeros y compañeras de primer año que en vez de repudiar la actividad no hacen más que legitmarla, como si fuera el único pasaporte de entrada a la Universidad, como si por ser una cuestión que se repite todos los años no pudieran haber críticas a su existencia. Así mismo nos quedamos indolentes, de brazos cruzados frente a lo que pasa, viendo como cada uno de aquellos pequeños abusadores se van transformando en los Délanos, Dávalos y Von Baer del futuro.

Esto no es una exageración. No es un manifiesto amargado ni sobreideologizado. Basta de justificar y celebrar cuestiones que no tienen razón de ser. No es normal que a una persona la llenen de basura, le corten la ropa y el pelo, le quiten sus cosas y más encima la manden a juntar plata para recuperarlas. Pobres muchachos, que descalzos y llenos de harina, huevo y pescado, se pasean por el centro de la ciudad ante la crítica mirada de un pueblo que está cansado de soportar sus hedores en las calles. No es normal que, incluso peor que el mechoneo mismo, se obligue a los jóvenes a participar de juegos violentos o altamente machistas. Que el koala, que la gomita, que el perreo, que la polera, que la piscola al seco: abuso disfrazado de entretención.

Las Universidades, los Institutos Profesionales y los Centro de Formación Técnica naturalmente son espacios en donde vamos a aprender, donde vamos a buscar un mejor futuro para nosotros y para nuestras familias. Pero por sobre todo son lugares donde, consolidado lazos de amistad y compañerismo, formamos comunidad. Es así como deja de tener cualquier sentido el hecho de que recibamos a nuestros nuevos compañeros en un ambiente hostil al que están “obligados” a enfrentar.  ¿Obligados por qué? ¿Para qué?

¿Por qué no ocupar esas mismas energías en armar un buen asado o carrete para recibir a los compañeros en un ambiente de fraternidad? Cambiemos la humillación por el abrazo, la violencia por el baile, el abuso por un buen guitarreo. Construyamos comunidad desde el principio, que desde la Universidad, desde el Instituto Profesional, desde el Centro de Formación Técnica, podemos, en estos pequeños actos, contribuir a que exista un país cada vez más justo y feliz.




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